“Queremos un obispo de nuestra tribu”

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Lagos. El nuevo obispo de Warri, diócesis nigeriana con unos cien mil fieles, tomó posesión del cargo el mes pasado, en una ceremonia presidida por el Card. Jozef Tomko, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. El acto fue pacífico, lo que no se podía dar por descontado: algunos católicos habían acudido a los tribunales civiles para que lo impidieran. Fue el último episodio de una campaña contra el nombramiento de Mons. Richard Burke, emprendida por un grupo que reclamaba un obispo nativo. La presencia del cardenal contribuyó a apaciguar los ánimos.

Warri es una ciudad situada en el delta del Níger donde habitan gentes de diversas etnias. Las rivalidades tribales han ocasionado incidentes violentos en esta zona durante los dos últimos meses.

A una de las cuatro etnias principales de Warri, los urobos, pertenece la ruidosa minoría -algunos sacerdotes y laicos- que se ha opuesto a la designación de Mons. Burke. Los mismos iniciaron en 1977 otra campaña similar contra el obispo de entonces, nativo de la diócesis -pero no de la tribu urobo-, al que acusaban de “totalitarismo”. Para poner paz, la Santa Sede decidió en 1980 sustituir a ese obispo por un delegado apostólico, Mons. Fitzgibbon -irlandés-, trasladado desde otra diócesis. Más tarde, Mons. Fitzgibbon fue nombrado ordinario de Warri.

Los contestatarios pensaron que con sus protestas lograrían que la Santa Sede nombrara un obispo nativo para suceder a Mons. Fitzgibbon. Pero, al parecer, ninguno entre la veintena de sacerdotes nativos de la diócesis reunía las condiciones precisas, y otro misionero irlandés, Richard Burke, fue designado obispo coadjutor en 1994. La decisión fue mal recibida por el grupo disidente, que inició una campaña con el fin de impedir que Mons. Burke sucediera a Mons. Fitzgibbon cuando éste cumpliera la edad de retiro. En un país tan tribalista como Nigeria, a veces parece inconcebible que un nombramiento de cualquier tipo se decida por criterios distintos de los étnicos.

Los activistas urobos escribieron al Papa para que anulara la designación de Mons. Burke. Alegaban que la Santa Sede no había sido bien informada sobre la idoneidad de los sacerdotes nativos. Llevaron su campaña a la prensa, con expresiones contundentes: decían que el nombramiento era una muestra de “neocolonialismo” y que había sido hecho “contra la voluntad de la mayoría”. El principal cabecilla, un sacerdote, fue excomulgado.

En un intento de restaurar la paz, Mons. Fitzgibbon presentó la renuncia al Papa antes de tiempo, y la Santa Sede designó sucesor a su coadjutor, pero a la vez nombró obispo auxiliar a un sacerdote nativo, aunque no urobo. Además, el Papa erigió una nueva diócesis en el territorio vecino de Bomadi, donde puso de obispo a un sacerdote urobo.

El 14 de mayo, el Card. Tomko presidió la toma de posesión de Mons. Burke y consagró al nuevo obispo auxiliar, sin que los jueces dieran orden de suspender el acto. El cardenal habló en términos conciliadores, y los presentes acogieron sus palabras con vítores, aplausos y danzas. Todos los promotores de la campaña contra Mons. Burke pidieron públicamente disculpas y manifestaron su adhesión al nuevo obispo. Uno de los primeros en hacerlo fue el cabecilla de la revuelta, al que se había levantado la excomunión un mes antes.

Vista desde fuera, la contestación en Warri puede parecer extravagante. En realidad, no es muy distinta de otros casos de oposición a nombramientos episcopales que se han dado en Europa, particularmente en Suiza y en Austria. La única diferencia es que los disidentes europeos quieren obispos no de su etnia, sino de su cuerda. Es otra especie de tribalismo.

Eugene Agboifo Ohu

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