Pocos pañuelos islámicos en las escuelas públicas francesas

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Duración lectura: 3m. 16s.

Desde el presente curso está prohibido en las escuelas públicas francesas llevar “signos religiosos ostensibles”, en virtud de la ley aprobada el pasado 15 de marzo (cfr. servicio 1/04). La medida está dirigida principalmente contra el pañuelo con que suelen cubrirse la cabeza las adolescentes musulmanas, aunque también contempla los turbantes de los chicos sijs (mucho menos frecuentes) y otros signos como crucifijos de gran tamaño o la kipa judía (que en realidad nunca han sido un problema). Se temía una “rentrée” conflictiva por este motivo, pero el balance publicado por el Ministerio de Educación el 25 de noviembre revela que ha habido muy pocos casos de desobediencia a la ley.

Según el Ministerio, a esa fecha se había expulsado a 30 alumnos y abierto expediente a otros 11 por llevar signos prohibidos. Por tanto, se puede prever que los expulsados en este curso serán solo unos cuarenta: 36 muchachas musulmanas y 4 chicos sijs.

Desde el principio de curso se han contado 639 alumnos que se presentaron en la escuela con indumentaria ilegal. Son muchos menos que los casos registrados el curso pasado (1.200-1.500, según se estima), cuando no había ley específica y los directores de liceos interpretaban con distintos criterios la exigencia de neutralidad religiosa en el ámbito escolar.

Casi todos los casos han sido resueltos en la fase de diálogo que la ley prescribe antes de abrir expediente de expulsión. Que se hayan visto pocas alumnas con velo este curso y que tantas de ellas hayan accedido a quitárselo se atribuye en buena parte a la reacción contra el secuestro de dos periodistas franceses en Irak, realizado por un grupo islamista para coaccionar al gobierno francés a retirar la ley. El efecto ha sido el contrario, pues la comunidad musulmana no quiso alinearse con tales “defensores” y algunos imanes aconsejaron públicamente a las escolares que respetasen la prohibición del pañuelo.

No hay recuento exacto de los alumnos que han abandonado la escuela pública para eludir la ley. Según el Ministerio, los que no se han reincorporado este curso, que podrían acabar expulsados por absentismo, son solo cinco o seis en toda Francia. Los que se han pasado a colegios privados son dos o tres, y unas diez o quince chicas musulmanas han decidido continuar los estudios en Bélgica. Y las matrículas en el centro nacional de enseñanza a distancia no han registrado un aumento apreciable; solo consta que han solicitado la inscripción unas cuarenta jóvenes musulmanas amonestadas por llevar velo.

El SNPDEN, principal sindicato de directores de colegios y liceos, pone en duda las cuentas del Ministerio, aunque no ofrece números precisos. Los cambios a escuelas privadas, dice, han sido bastantes más de tres, a juzgar por los casos de los que el sindicato tiene constancia en tres ciudades. El SNPDEN añade que antes del comienzo de curso varios centros presionaron a alumnas con velo para que se matricularan en la enseñanza a distancia o en la privada, para reducir artificialmente la magnitud del problema.

Otro punto discutido es la larga duración de la fase de diálogo, durante la cual los alumnos desobedientes no pueden asistir a clase pero tampoco están expulsados de la escuela. A finales de septiembre había más de un centenar de chicas con velo recluidas en aulas de estudio u otras salas de sus liceos durante la jornada lectiva. El SNPDEN reprocha al Ministerio que se haya mantenido a los alumnos recalcitrantes entre un mes y medio y tres meses en esa situación, por el retraso en constituir los consejos de disciplina que deben resolver los casos. El Ministerio replica que la demora obedece a la decisión de tramitar los expedientes con el máximo rigor, a fin de evitar recursos ante los tribunales.