Otras encíclicas de la doctrina social

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Desde la Rerum novarum de León XIII, que en 1891 abordó “la situación de los obreros” en el capitalismo industrial naciente, las encíclicas sobre la doctrina social de la Iglesia han aplicado los principios fundamentales a los cambios sociales y económicos. Basta recordar la Quadragesimo anno (1931) de Pío XI, en plena Gran Depresión; la Populorum progressio (1967) de Pablo VI, cuando se planteó la ayuda al desarrollo; la Centesimus annus (1991), de Juan Pablo II, tras la caída del comunismo.

A partir del Vaticano II, los documentos de este tipo han sido los siguientes.

PABLO VI

  • Populorum progressio (1967)

Fue la primera encíclica dedicada al problema del desarrollo. Tras la descolonización y el acceso de muchas naciones a la independencia, era manifiesto el desequilibrio económico mundial y había grandes esperanzas de desarrollo.

Pablo VI da primero una idea del desarrollo integral del hombre. Entre las acciones que deben emprenderse para promover el desarrollo, destaca la responsabilidad del Estado, pero advierte que la planificación debe contar con el concurso de la iniciativa privada y de las entidades intermedias.

La segunda parte está dedicada al desarrollo solidario de la humanidad, con recomendaciones como la creación de un Fondo Mundial para ayuda al desarrollo y una justa regulación del comercio internacional. Así se evitarían tensiones y guerras, porque “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”.

  • Octogesima adveniens (1971)

No tiene el rango de encíclica sino el más modesto de Carta apostólica. Pero se la puede considerar como un documento importante sobre las opciones del cristiano en el campo político y social, en una época en que era fuerte el atractivo del socialismo marxista, también entre cristianos.

Pablo VI destaca que el cristiano en su acción política no puede adherirse a sistemas ideológicos que se oponen radicalmente o en puntos sustanciales a su fe y a su concepción del hombre. Por eso establece que no es lícito favorecer la ideología marxista, su materialismo ateo, su dialéctica del enfrentamiento y su modo de ahogar la libertad personal dentro de la colectividad. También rechaza el tipo de ideología liberal que exaltar la libertad humana sin limitación, o la estimula con la búsqueda exclusiva del interés y del poder. En general, animaba a mantener una visión crítica frente a las ideologías y las utopías, y reconocía la legítima variedad de opciones políticas entre los católicos.

JUAN PABLO II

  • Laborem exercens (1981)

Es un verdadero tratado de antropología cristiana sobre el trabajo, “clave de la cuestión social”. El hombre aparece como sujeto del trabajo, no como mera mano de obra. Al hablar del conflicto histórico entre trabajo y capital, afirma la prioridad del trabajo, ya que el capital es una causa instrumental vinculada al primero. Aun reafirmando el derecho a la propiedad privada, recuerda que la propiedad de los medios de producción debe servir al trabajo y a hacer posible el destino universal de los bienes. Después se extiende sobre los derechos concretos de los trabajadores.

La encíclica va más allá del enfrentamiento entre capitalismo y socialismo, y ofrece una visión basada en una personalización del trabajo, que puede ser desconocida tanto en el colectivismo como en formas anónimas de estructura capitalista.

  • Sollicitudo rei socialis (1987)

La continuidad de la doctrina social de la Iglesia se advierte en la Sollicitudo rei socialis, publicado a los 20 años de la Populorum progressio de Pablo VI, y dedicada como esta al problema del desarrollo. En las dos décadas transcurridas se había comprobado ya que el desarrollo de los pueblos iba a ser más lento y complejo de lo que parecía.

Algunos calificaron la encíclica de pesimista, porque afirmaba que la situación del mundo, bajo el aspecto del desarrollo, ofrecía “una impresión más bien negativa”, ya que una multitud ingente de personas seguía viviendo en situaciones miserables. Constataba la ampliación de la brecha entre el norte desarrollado y el sur en vías de desarrollo, en una época en que las economías emergentes aún no destacaban. También hacía una fuerte crítica de la división del mundo en dos bloques, aún vigente bajo la Guerra Fría, con políticas y actuaciones marcadas por pretensiones hegemónicas.

También hacía ver que el desarrollo tiene una necesaria dimensión económica, pero no se agota en esa dimensión. El desarrollo debe medirse conforme a una visión global del hombre, que tenga en cuenta también dimensiones no materiales (educación, cultura, respeto de los derechos humanos, religiosidad…).

Entre las acciones concretas para promover el desarrollo se refería a cuestiones que todavía siguen planteadas, aunque también haya habido avances: la reforma del sistema internacional de comercio, la reforma del sistema financiero mundial; la revisión de las estructuras de las organizaciones internacionales; la transferencia de tecnologías…

  • Centesimus annus (1991)

En el centenario de la encíclica Rerum novarum, y tras la disolución de la Unión Soviética, Juan Pablo II publica en 1991 su encíclica Centesimus annus, que analiza las “cosas nuevas” que emergen en el umbral del tercer milenio. Su contexto es el nuevo escenario mundial surgido de los acontecimientos de 1989 en Europa central y oriental, con la caída del comunismo.

Juan Pablo II invita a una relectura de la Rerum novarum. Deja constancia del acierto de León XIII, quien, al hacer una enérgica llamada a la justicia ante la “cuestión obrera”, preveía las trágicas consecuencias que iba a tener el socialismo por sus errores antropológicos. Juan Pablo II hace una crítica implacable al “socialismo real”, analizando los sucesos de 1989. Y aunque no deja de reconocer los avances realizados en el sistema capitalista desde los tiempos de León XIII, advierte que la economía de mercado necesita un contexto institucionalizado que regule la libertad económica y garantice los derechos de los trabajadores.

Distingue entre la economía de mercado y el materialismo consumista, que es consecuencia de una visión errónea del hombre. Finalmente habla del papel del Estado, defendiendo la democracia frente al totalitarismo estatal, y la iniciativa social y las instituciones intermedias dentro del Estado del bienestar.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares