El pasado mes de abril se me ocurrió una idea peregrina: voy a releer y comparar los tres libros sobre el Opus Dei que más eco han tenido en la opinión pública: el de Vittorio Messori (1994), John Allen (2004) y Gareth Gore (2024).
Aunque fuera peregrina, la idea tenía un origen. En abril falleció Vittorio Messori, autor de Opus Dei: Una investigación, el primer libro periodístico sobre el Opus Dei que leí cuando estudiaba la carrera. Unos meses antes, en enero, había fallecido John Allen, otro vaticanista autor del libro Opus Dei, y en marzo, el papa León XIV había recibido a Gareth Gore, autor de Opus. De repente, el 2026 se había convertido en el año de los libros sobre el Opus Dei. Por eso decidí releerlos y compararlos.
Para ser honestos –que se va a hablar mucho en este artículo de honestidad– mi análisis no puede obviar que conozco y valoro la institución y que, en el pasado, trabajé bastantes años en la comunicación del Opus Dei. De hecho, quizás esta idea peregrina nunca hubiera nacido sin esos años; a veces apasionantes, a veces decepcionantes, pero siempre entretenidos.
Empecemos por el principio
El arranque de los tres libros es muy diferente. Por el perfil de los autores y por las motivaciones de cada uno. Vittorio Messori es, probablemente, uno de los escritores católicos más leídos y traducidos de la historia. Fue autor de una veintena de libros y pudo presumir de más de 40 millones de ejemplares vendidos. Su primera obra y gran éxito, Hipótesis sobre Jesús, se tradujo a más de 30 idiomas. Su entrevista al cardenal Ratzinger –Informe sobre la fe– es uno de los libros religiosos más importante de las últimas décadas y, cuando todavía no era costumbre entrevistar a los papas, planteó 35 preguntas –muy personales y profundas– a Juan Pablo II, de las que salió Cruzando el umbral de la esperanza.
Ayúdanos a sacar adelante Aceprensa. Suscríbete o haznos un Bizum (10010) por la cantidad que quieras.
Messori escribe después de la beatificación del fundador del Opus Dei, Allen por el interés que suscitó “El Código da Vinci” y Gore a raíz de la caída de un banco
Converso e italiano hasta la médula, su tono era siempre incisivo y apologético, y sus libros, fáciles de leer. No por falta de rigor sino por un notable uso de recursos literarios que iban de la ironía a la metáfora brillante. Vittorio Messori escribió su libro sobre el Opus Dei justo después de la polvareda mediática que levantó la beatificación del fundador, Josemaría Escrivá, en el año 1992. En la introducción, confiesa que abordó el texto con el deseo de conocer y comprender, ya que, como señala en la cita que abre el libro, “se deja de odiar en cuanto se deja de ignorar”. Messori pensaba que su punto de vista de creyente podía ser más una ayuda que un obstáculo, pues se está abordando una organización que funciona por motivos religiosos y espirituales.
John Allen, durante décadas y hasta su muerte, ha sido uno de los vaticanistas de referencia, sobre todo en el mundo anglosajón. Su columna Words from Rome era un texto de lectura obligada para cualquiera que realmente quisiera conocer lo que se cocía en el Vaticano. Allen es autor de siete libros, entre ellos dos biografías de Joseph Ratzinger, como cardenal y como Papa. Allen decidió abordar la investigación sobre el Opus Dei después del éxito de ventas de El código da Vinci. En el arranque de su investigación, Allen escribe “este libro es un intento de explicar la verdad sobre un tema donde la ideología y la fantasía llevan la delantera. La ideología, para mí, es la corrupción de la razón y se asemeja moralmente a la falsedad. Más que adoptar un enfoque ideológico, he tratado de abordar el tema desde un punto de vista empírico y con informaciones de primera mano”.
Gareth Gore no es vaticanista ni tampoco creyente, como confiesa en las primeras páginas de Opus. Es un periodista especializado en finanzas y su idea inicial no era escribir sobre el Opus Dei sino sobre la caída del Banco Popular y sobre el que fue su presidente durante tres décadas –Luis Valls-Taberner—, que además era miembro numerario del Opus Dei. En su largo capítulo introductorio cuenta cómo el banquero –y el resto de los numerarios– “viven de acuerdo con un conjunto distópico de normas y reglamentos, un proyecto orwelliano de sociedad establecido por el fundador y oculto a las autoridades del Vaticano (…) actúan como células clandestinas en casi todas las grandes ciudades del mundo, siguiendo un detallado y subrepticio manual de reclutamiento elaborado por el fundador y orientado a un único objetivo: extender la influencia de la organización entre los ricos y los poderosos”. Después de estas frases, que hubieran hecho las delicias de Dan Brown y que explican el interés de Hollywood por llevar el libro a la pantalla, Gore sentencia: “Este libro ofrece una panorámica del movimiento, sus técnicas predatorias de reclutamiento, el maltrato psicológico infligido a sus miembros y el control que ejercen sobre su vida cotidiana”. El lenguaje y los términos que utiliza el periodista británico transparentan con claridad que su objetivo es la denuncia.
El elocuente final
Pero si las motivaciones, el origen y los autores son muy diferentes, más elocuente es el cierre de las tres investigaciones. Vittorio Messori finaliza su libro –después de comparar el Opus Dei con una gasolinera o surtidor de servicios espirituales y contestar a muchas de las críticas publicadas durante esos años– despidiéndose del lector: “Este cronista ha hecho lo que ha podido, se dará por satisfecho si otros –movidos quizá por un sentimiento de descontento o indignación, al leer estas páginas– se ponen a trabajar para mejorar lo presente”. Este final revela, por una parte, el tono del libro y la apertura del autor a la crítica y a posteriores investigaciones.
Más incisivo se muestra John Allen. Después de su exhaustiva investigación, el periodista americano compara al Opus Dei, no con una gasolinera sino con una “cerveza negra Guinness extra fuerte de la Iglesia católica, una variedad amarga que no gusta de buenas a primeras y se reserva exclusivamente a pocos paladares”. Al margen de la metáfora, Allen concluye sentenciando que “tras pasar un año viajando, más de trescientas horas de entrevistas, leer todas las obras del Opus Dei hasta quemarme las cejas y atiborrar el ordenador con notas y correos electrónicos sobre el tema, tengo la sensación que el Opus Dei no es tan malo o al menos es mucho mejor de lo que se suele creer”.
Es interesante que Allen, además, aporta algunas sugerencias sobre reformas que cree convenientes desde su óptica de observador e investigador imparcial. El vaticanista americano anima a quienes dirigen el Opus Dei a mostrar una mayor transparencia en los aspectos económicos y a colaborar más con otras realidades de la Iglesia. También recomienda una mayor autocrítica institucional. En este sentido, Allen sostiene que llegó a frustarle cómo, ante la pregunta de “qué hay que reformar en el Opus Dei”, la respuesta casi siempre giraba hacia la conversión personal, que –explica– no deja de ser loable pero puede entenderse como una idealización de la organización. Aunque, aclara Allen, esta idealización “en realidad, se trata más de un problema percibido que de un verdadero problema. Si se consigue reunir a dos o tres numerarios en una conversación informal, sin micrófonos a la vista, después de unas cervezas, el reto a veces puede ser conseguir que dejen de hablar de los errores que el Opus Dei ha cometido y lograr que comenten lo que necesita cambiar. Todo esto nace de un amor hacia el Opus Dei y del deseo de ver prosperar a ‘la Obra’”.
Veinte años después, el libro de John Allen sigue siendo una lectura muy útil para conocer la institución de una forma seria y desapasionada
Para Gareth Gore, el Opus Dei no es ni una gasolinera ni una cerveza. Es una peligrosa secta que la Iglesia debería disolver cuanto antes. De ahí su virulento párrafo final, en el que, después de defender la necesidad de revertir la canonización del fundador del Opus Dei y la beatificación de su sucesor (que, según el periodista, deberían ser también excomulgados), escribe “Si Francisco fallece antes de que se produzca una reforma real –y si su sucesor se muestra poco dispuesto o incapaz de continuar con su iniciativa–, el Opus Dei saldrá vigorizado y desafiante de su experiencia cercana a la muerte. Revitalizado y respaldado por su ejército de donantes, el movimiento seguirá adelante con sus planes de recristianizar el planeta, tanto si eso es lo que la gente quiere como si no. El matrimonio homosexual, la educación laica, la investigación científica y las artes se convertirán rápidamente en sus próximos objetivos. Dada la inesperada victoria de sus partidarios en la cuestión del aborto, es muy posible que el Opus Dei y sus simpatizantes cosechen victorias igualmente devastadoras en esos ámbitos”. Reconozco que en este párrafo -deformación profesional- descubrí también una película: la de un grupo de hombres todopoderosos y con capa que imponen el catecismo, el bautismo y el voto a Donald Trump a los 8000 millones de habitantes del planeta Tierra.
La recepción de los libros
Al margen de bromas y posibles guiones, es también ilustrativo comparar la recepción de los libros.
El de Messori gustó en particular al lector latino, se leyó mucho –como casi todo lo que publicaba- y fue bien acogido por muchos miembros del Opus Dei, que valoraron el esfuerzo del periodista de contestar con datos, argumentos y sentido del humor a unas críticas que llevaban años escuchando. Messori aclaraba en el libro muchas cuestiones alrededor de la beatificación y mostró con lucidez el problema de algunas de las denuncias de movimientos antisectas que no solo no entendían el modo de vida de los miembros del Opus Dei, sino el de cualquier cristiano. En cuanto al resto de lectores, muchos vieron el libro de Messori excesivamente benévolo, mientras que otros –en el ámbito anglosajón– no conectaron con la argumentación del italiano.
La recepción del libro de John Allen fue, en general, positiva “dentro y fuera” del Opus Dei. Es verdad que algunos miembros se dolieron de la frialdad del periodista al hacerse eco de todas las críticas publicadas hasta el momento, pero fueron más los que agradecieron la honestidad de Allen para no esquivar ningún tema, recoger los testimonios de afines y contrarios, y hacer un profundo ejercicio de comprensión. En cuanto a los medios de comunicación, Allen acumuló bastantes elogios. Se valoró especialmente el rigor de la investigación y la cantidad de fuentes utilizadas, así como el dar voz a las críticas de algunos exmiembros.
Hasta los más críticos con el Opus Dei le han afeado a Gore su falta de referencias a las motivaciones espirituales
El libro más contestado fue el de Gareth Gore. A pesar del ingente trabajo de documentación del periodista y el abundante material que maneja –propio y facilitado por el Opus Dei–, y de la potente campaña de comunicación, el libro no terminó de convencer a muchos. En el ámbito anglosajón, la prensa generalista, aun elogiando la extensa investigación, señaló que se lee más como una acusación que como un retrato equilibrado. Más severos se mostraron algunos medios ligados al catolicismo progresista –a veces muy críticos con el Opus Dei-, que, aunque apreciaron la oportunidad del libro, lamentaron su nulo matiz trascendental. “La falta de interés de Gore en los asuntos espirituales se evidencia en su escritura y en la elección de palabras, que a veces tienen un tono sensacionalista –escribe Matt Murray, editor ejecutivo del Washington Post–. Opus no es un libro para el católico curioso que busca una comprensión amplia y matizada de la organización”. Por último, los medios católicos más conservadores cuestionaron el sesgo del autor. “En varios momentos, Opus parece la obra de alguien que guarda a mano un ejemplar de la exitosa novela de Dan Brown de 2003”, afirmaba Richard Antall en una crítica en Angelus News.
Gore muchos pasajes desde la perspectiva de un narrador omnisciente que conoce los pensamientos y sentimientos del fundador del Opus Dei o el de otros protagonistas. Confieso que me resultó extraño encontrar en las notas a pie de página continuas menciones anónimas a “personas que conocían el pensamiento” de otras. Como recurso narrativo o de guión cinematográfico no está mal –le da al autor mucha libertad para interpretar–, pero, desde el punto de vista periodístico, muy riguroso no es.
En cualquier caso, los que más han criticado el texto de Gore son los protagonistas: el Opus Dei, que casi publica otro libro con el extensísimo fact checking que elaboró a raíz de Opus, y las Fundaciones impulsadas y creadas por Luis Valls-Taberner que consideran que el libro es un cúmulo de falsedades y que es profundamente ofensivo con el banquero. También como respuesta a Opus elaboraron una serie de videos que refutan algunas de las acusaciones de Gore.
Los cicerone
Llegados a este punto, quise hablar con las personas de comunicación del Opus Dei que habían colaborado en los proyectos de estos libros y que siguen vivas. John Allen trabajó sobre todo con Marc Carroggio, que estaba en aquellos años en la oficina de comunicación del Opus Dei en Roma, mientras que Gareth Gore lo hizo con Jack Valero, director de comunicación en Reino Unido.
Carroggio afirma que aprendió mucho de aquel trabajo: “Yo conocía a Allen, leía sus columnas, donde a veces era incómodo, pero siempre certero. Era un hombre honesto y un buen profesional. Un periodista de raza que no te adula, que no teme contrariarte y que quiere entender el fondo”. Ese deseo de comprender es el que hacía a Allen estar presente en una gran cantidad de eventos en el Vaticano: desde unas jornadas marianas hasta la presentación de un libro. Iba para empaparse, para conocer las fuentes, para saber dónde estaba el debate. “Y luego lo divulgaba maravillosamente bien, claro”.
Afirma Carroggio, además, que Allen era un periodista sin ideas preconcebidas, abierto a la realidad. “Vi muchas veces cómo el contacto con las personas, con las fuentes directas, le hacía ir evolucionando, hacia un lado o hacia otro. Es algo que me parece muy meritorio”. Y elogia, por último, su capacidad de trabajo. Muy enfermo, decidió cubrir el Cónclave para la CNN. Un cónclave que le dio la alegría de un papa americano. “John estaba preocupado con la visión que EEUU y las políticas de Trump estaban dando al mundo y le consoló mucho que otro norteamericano estuviera apostando tan fuertemente por la paz”. A Robert Prevost, precisamente, lo conoció en una de las cenas que organizaba en su casa. Y en ese encuentro hablaron del libro de John sobre el Opus Dei que el cardenal había encontrado y leído cuando llegó al obispado de Chiclayo. Lo cuenta el propio Allen en una divertida y jugosa crónica de aquella cena donde, por poco, acaba con la vida del futuro papa.
La experiencia de Jack Valero con el libro Opus no fue tan positiva, quizás –entre otras cosas– por sus altas expectativas. Después del rigor de John Allen, muchos debieron de pensar que otro periodista anglosajón –Gore– tomaría el relevo para ir desentrañando las cuestiones más molestas que se habían presentado en los veinte años que iban entre los dos libros. “Ha sido una oportunidad perdida”, me repitió varias veces Valero, que estaba convencido de que los conocimientos de Gore sobre finanzas servirían para aclarar algunas cuestiones económicas que no se han explicado bien y que tal vez no resultan fáciles porque se mezclan medios terrenales con motivaciones religiosas. Ese convencimiento era fuerte… pero no duró hasta el final del proyecto: “Pronto me di cuenta de dos cosas: que Gore ya tenía escrito el libro, que venía con una idea absolutamente preconcebida y solo necesitaba mi ayuda para obtener la parte del relato que reforzara su tesis. En segundo lugar entendí que, en su lógica, no entraba la dimensión espiritual ni la posibilidad de que alguien actuara por otros motivos que no fueran el poder o el dinero”.
Les pregunto si, para escribir un libro sobre el Opus Dei hay que ser católico practicante y/o vaticanista. Discrepan mis dos interlocutores. Carroggio piensa que ayuda mucho tener unos parámetros de fe, porque, si no, es difícil entender cualquier organización católica y, de hecho, añade que “el conocimiento profundo que tenía Allen sobre la Iglesia ayudaba a enmarcar muchas cuestiones”.
Para Valero no es tan determinante y piensa que, justo, una persona más ajena puede aportar luz a puntos ciegos que un creyente no ve. Y ese poner el acento en lo que no va quizás ayude a las instituciones a reformarse. “Hay que tomarse en serio las críticas, y a veces a los católicos, y a las personas del Opus Dei nos puede faltar una visión más amplia de las cosas”. “No es imprescindible ser católico practicante para escribir sobre el Opus Dei –insiste–, lo que sí es necesario es no partir de ideas preconcebidas, ni ajustar todo a tu marco mental”. En ese sentido, Valero le reprocha a Gore haber utilizado las fuentes que le facilitó, e incluso sus propias conversaciones personales, “de una manera sesgada, ocultando el contexto y, por lo tanto, manipulando”.
No quise terminar mi entrevista sin preguntarle a Jack Valero por unas declaraciones que había leído de Gareth Gore en las que afirmaba que el Opus Dei había contratado un superdespacho de abogados que durante meses bombardearon al editor y a él mismo “con una carta de amenaza tras otra”. Valero me explica que, efectivamente, a la hora de contestar las acusaciones del libro, las oficinas de comunicación de España e Italia apostaban por responder con un documento de verificación, pero que los norteamericanos, como marca su idiosincrasia y porque el periodista había vertido acusaciones fuertes contra personas con nombre y apellido, estudiaron tomar medidas legales, por eso, solicitaron al escritor una copia del manuscrito. Las cartas amenazantes no debieron serlo tanto porque ni la editorial ni el escritor enviaron copia alguna.
¿Pero pudisteis leer el libro antes de publicarse, no?, pregunto, ingenua, sabiendo –como sé– que las editoriales y las productoras envían copias o códigos a los periodistas para que puedan reseñar los libros o películas. “No, me contesta Valero, pero el portavoz del Opus Dei en EEUU encontró en Ebay un ejemplar que vendía un periodista. Con ese texto elaboramos el fact checking”.
Esta anécdota me pareció puro cine. Una clara manifestación de la distancia casi infinita que separa la realidad del Opus Dei de una cierta percepción. La peligrosa y todopoderosa secta que, según Gore, nombra presidentes, conquista empresas, manipula mentes y va a restaurar en todo el orbe el catolicismo del medievo no fue capaz de conseguir una copia de un libro que, en parte, había ayudado a escribir.
Si yo fuera guionista empezaría así la adaptación de Opus. El problema es que el resultado sería la dramedia de una institución imperfecta, con luces y sombras pero también con deseos de hacer el bien y no la película de terror que probablemente busquen los más sensacionalistas. Pero ahí queda la idea…
Mi conclusión final
El libro de Messori tiene el valor –y las limitaciones– de ser una respuesta de un sólido apologista católico que analiza las principales críticas que el Opus Dei recibió desde los años 60 hasta la beatificación del fundador. Es un libro ágil y fácil de seguir, pero que ha podido quedar algo obsoleto.
Frente a eso, el libro de Gareth Gore es una recopilación exhaustiva y actual de las críticas contra el Opus Dei y que éste, a punto de cumplir un siglo, debe contestar, explicar, lamentar o resolver según sea el caso. El problema de Opus no es la enumeración de críticas (que puede resultar util para todos aquellos que quieren que la institución siga cumpliendo su misión que no es otra que acercar a la gente a Dios) sino un sesgo ideológico que niega cualquier atisbo de rectitud al Opus Dei.
Por el contrario, el libro de John Allen, a pesar de estar escrito hace 20 años y tener un tono más conciso, sigue siendo una lectura muy útil para conocer el Opus Dei de una manera seria y desapasionada. La aguda visión del vaticanista –que fue capaz de intuir algunos debates eclesiales actuales– hacen que el libro sea muy sugerente para el lector que quiera conocer más de cerca la realidad de la Iglesia católica en el siglo XXI.
Nota: Mientras terminaba este artículo se ha publicado Historia del Opus Dei. Cien años de vida a través de su historiografía, una completa revisión -desde el punto histórico, no periodístico- de todo lo que se ha publicado sobre la institución.
9 Comentarios
Estupendo artículo. Por desgracia apetecen las historias truculentas y tienen buenos réditos económicos.
Estupenda idea la de comparar los tres libros, Ana, sobre todo porque rescata los de Allen y Messori; porque el de Gore no merece estar en la misma liga de los dos promeros, sino en el cubo de la basura, todo lo reciclable que quieras.
Muy interesante. Gracias.