Musulmanes a gusto en universidades católicas

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La idea de que las diferencias religiosas son causa de conflicto no se cumple en el caso de Mai Alhamad, musulmana, que cuando marchó de Kuwait a Estados Unidos para estudiar ingeniería civil, escogió una universidad católica, la de Dayton (Ohio). “Aquí la gente es más religiosa, aunque no sean musulmanes, y eso me gusta –dice al New York Times–. Me siento más cómoda hablando con un cristiano que con un ateo”.

Esa misma impresión tienen otros estudiantes musulmanes que en número creciente se matriculan en universidades católicas. Son una pequeña minoría, pero el aumento es claramente perceptible, aunque no se puede cuantificar, a falta de estadísticas nacionales. Entre ellos predominan los hombres, pero la proporción de mujeres es cada vez mayor. Ellas, en particular, citan el mejor ambiente moral en las universidades católicas como una de las razones para escogerlas, aunque a veces lo que efectivamente encuentran no responde a sus expectativas. Pero en este capítulo, las universidades católicas al menos ofrecen algo que difícilmente se encuentra en las otras: residencias no mixtas, o con secciones distintas para mujeres y hombres.

Las estudiantes musulmanas pueden vestir a su modo tradicional. Los velos y los vestidos hasta los pies despiertan curiosidad y son tema de preguntas (“¿no pasas calor en verano?”), pero no son vistos con hostilidad. De todas formas, no todas van igual: una de las alumnas musulmanas de Dayton es una turca que no se cubre la cabeza y viste a la occidental.

No hay tampoco dificultades para practicar el credo islámico. En Dayton, los alumnos musulmanes (78 de 11.000 en total) tienen a su disposición salas para sus oraciones: una pequeña de uso diario y dos más grandes para los viernes. Además, la universidad les ha instalado un cuarto para que puedan hacer las abluciones rituales antes de rezar.

De la Universidad Creighton (Omaha) dice una estudiante musulmana, Maha Haroon, de origen pakistaní: “Me gusta que aquí hay fe, aunque no sea la mía, y veo que mi fe es respetada. No tengo que dejarla en casa cuando vengo a clase”. Y Manal Alsharekh, saudí que estudia en Dayton, observa: “Antes estuve en otra universidad que no nos respetaba tanto”.

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