Mons. Luigi Giussani: la fe como encuentro con Cristo

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Con el fallecimiento de Mons. Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación, desaparece una de las figuras más significativas de la historia de la Iglesia de las últimas décadas. Se cuentan por millares las personas que han descubierto o redescubierto la vida cristiana gracias a sus enseñanzas, primero en Italia y luego en otros sesenta países.

Una manifestación del afecto suscitado por este sacerdote, fallecido a la edad de 82 años, han sido los funerales celebrados en la catedral de Milán el pasado 24 de febrero. A pesar de la lluvia y de que la ceremonia fue transmitida en directo por la RAI, asistieron al acto unos cuarenta mil fieles. Entre los presentes figuraban numerosos representantes del mundo político, del gobierno y de la oposición, muchos de los cuales lo habían conocido personalmente en sus años de juventud.

El cardenal Joseph Ratzinger, enviado del Papa a las exequias, subrayó en la homilía que “don Giussani ha entendido que el cristianismo no es un sistema intelectual, una confección de dogmas, un moralismo, sino un encuentro, una historia de amor, un evento”. Recordando los inicios del movimiento, en plena crisis del 68, el purpurado alemán resaltó cómo Giussani supo anteponer “la centralidad de Cristo” ante los “dogmatismos ideológicos” que defendían que era el momento de sustituir la fe por la “acción”, decisión que le costó no pocas contrariedades.

Mons. Giussani predicó que la liberación del hombre no se realiza en la revolución, sino en la comunión. Y que esa comunión nace del encuentro con Dios hecho hombre, que es Cristo presente en la historia. Esa experiencia se traduce en las tres dimensiones en las que se basa el programa educativo del movimiento: cultura, caridad y misión.

En el seno de Comunión y Liberación han surgido algunas formas de vida asociada, como la Fraternidad de Comunión y Liberación, asociación laica de derecho pontificio, que cuenta en la actualidad con cincuenta mil inscritos; la Asociación Memores Domini, integrada por laicos que viven el celibato apostólico; la Fraternidad de los misioneros de san Carlos Borromeo, una asociación sacerdotal. Dentro del carisma promovido por don Luigi Giussani encuentra espacio también el instituto religioso de las Hermanas de la Caridad de la Asunción, erigido en 1993 por decreto pontificio.

Ratzinger leyó un mensaje del Papa en el que Juan Pablo II afirma que la “fe ardiente” de este sacerdote “se traducía en un testimonio cristiano capaz de suscitar, especialmente entre los jóvenes, una acogida amplia y convencida del mensaje evangélico”.

“Toda su acción apostólica se podría resumir en la invitación franca y decidida que dirigía a cuantos a él se acercaban, a un encuentro personal con Cristo, respuesta plena y definitiva a las esperanzas más profundas del corazón humano”, añade.

El Santo Padre sintetiza la vida y el apostolado de Giussani en dos palabras: Cristo y la Iglesia. “Sin separar jamás uno de otra, comunicó a su alrededor un amor verdadero por el Señor y por los diversos Papas que conoció personalmente”.

Luigi Giussani nació el 15 de octubre de 1922. Entró muy joven en el seminario y fue ordenado sacerdote en 1945. Tras enseñar en el Liceo clásico “Berchet” en Milán, entre 1964 y 1990 fue catedrático de Introducción a la Teología en la Universidad Católica de Milán.

El pasado octubre se cumplieron cincuenta años desde que Luigi Giussani dio vida, a partir del Liceo Berchet, a una iniciativa de presencia cristiana llamada Juventud Estudiantil (ver Aceprensa 111/04). Se transformaría luego en Comunión y Liberación, nombre que aparece en 1969. Estas dos palabras sintetizan la convicción de que el acontecimiento cristiano, vivido en la comunión, es el fundamento de la auténtica liberación del hombre.

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