Los anglicanos, al borde del cisma por la ordenación de obispos “gay”

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La comunidad anglicana mundial se encuentra al borde del cisma después de que el Sínodo, reunido en Belfast (Ulster) del 21 al 25 de febrero, concluyese con un ultimátum dirigido a los estadounidenses y canadienses para que “retiren voluntariamente a sus miembros del Consejo Consultivo Anglicano hasta la próxima Conferencia de Lambeth” en 2008, y acuerden “una moratoria” en la bendición de matrimonios entre homosexuales y en el nombramiento de obispos de esta condición.

El Consejo Consultivo sirve de enlace entre las 38 iglesias autónomas que integran la confesión anglicana en todo el mundo, y el hecho de retirarse del mismo equivale a perder la condición de miembro de pleno derecho de la familia anglicana.

Con esta “moratoria”, ya solicitada en octubre de 2004 (cfr. Aceprensa 138/04), los primados de todo el mundo intentan evitar un cisma, desencadenado por la ordenación como obispo del estadounidense Gene Robinson, un homosexual que vive con su pareja desde hace más de trece años, y por la decisión de la diócesis de New Westminster, en Vancouver (Canadá), de bendecir las uniones homosexuales.

En el comunicado difundido al término del Sínodo, se insta al arzobispo de Canterbury, Rowan Williams -como “primus inter pares”-, a organizar un grupo de trabajo que se encargue de supervisar los conflictos que puedan estallar en las parroquias que se muestren en desacuerdo con la postura de sus obispos de aceptación de la homosexualidad.

La nota reconoce, por supuesto, que los homosexuales son también “hijos de Dios, amados y valorados por Él” y “merecedores del máximo cuidado pastoral y la amistad que podamos ofrecerles”. Pero, al mismo tiempo, expresa “profunda alarma” por el “serio perjuicio que los acontecimientos norteamericanos han causado en las enseñanzas cristianas sobre la homosexualidad”.

Según ha manifestado el arzobispo de Canterbury, durante el Sínodo han intentado encontrar una salida para “salvaguardar la unidad de los 78 millones de fieles” que profesan esa fe en 164 países. Pero la fuerte disputa sobre los obispos homosexuales amenaza con sumir a la Iglesia anglicana en una tempestad que puede llevar a los obispos africanos a retirarse de la comunión con EE.UU. y Canadá. De ahí que el documento del Sínodo concluya que “es necesario dar tiempo a la Iglesia episcopaliana de Estados Unidos y a la Iglesia anglicana de Canadá” para que piensen seriamente la cuestión.

Redibujar el mapa anglicano

A juicio de los partidarios de ordenaciones de homosexuales, como James Naughton, portavoz de la diócesis de Washington, el comunicado final del Sínodo es “un acuerdo elegante”, pues, según él, las diócesis norteamericanas aceptarían una marginación temporal si sirve para negociar un acuerdo permanente que evite la escisión.

En cambio, el arzobispo de Canterbury explicó que la decisión, además de “dar espacio” para reflexionar sobre el futuro, resulta una advertencia clara, puesto que la actual sanción temporal podría llegar a ser permanente: “Las iglesias norteamericanas -afirmó- han recibido un mensaje muy claro y directo sobre el coste potencial de sus acciones”.

La crisis surgió en 2003 con la ordenación de Gene Robinson, el primer obispo públicamente “gay” en Estados Unidos, donde viven unos 2,3 millones de anglicanos, conocidos como episcopalianos. Este hecho no fue bien visto por la mayoría anglicana, especialmente en Nigeria, con 17 millones de fieles, que exigió rectificación a los estadounidenses. Ahora se estudian las formas de redibujar el mapa mundial anglicano, para excluir a las provincias que ordenen como obispos a homosexuales.

Los líderes anglicanos de África subrayan que si el anglicanismo acepta la homosexualidad, sus seguidores abandonarán sus filas en busca de otras iglesias. A juicio de sus dirigentes, “si no se halla la forma de continuar nuestra presente comunión, tendremos que empezar a aprender a caminar separados”.

Rafael de los Ríos

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