Lo que se espera de un católico

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 3m. 7s.

En The Toronto Sun (10-IV-95), George Jonas, que no es católico, se asombra de la incoherencia de algunos católicos que rechazan las enseñanzas del Papa.

Recuerdo haber leído hace cuatro o cinco años un artículo de alguien que estaba indignado por un pronunciamiento del Papa. Era católico, pero no quería que le dijesen cómo tenía que vivir. Pensaba que eso no era “democrático”. Preguntaba además, retóricamente, si el Papa se daba cuenta de que Canadá era un país libre.

No me atrevería a hablar por boca de Su Santidad, pero sospecho que el Papa siempre ha sabido que Canadá es libre. Lo que me pregunto es si quien decía tal cosa se daba cuenta de lo que se supone que es un católico.

La peculiaridad de ser católico, tal como yo la entiendo, es que uno no lleva solo la carga de saber lo que está bien y lo que está mal. La Iglesia no se opone a que tú pienses sobre estas cuestiones si eres tan aficionado a ello, pero en el caso de que te pierdas en la complejidad de estos asuntos metafísicos y espirituales, te ofrece siempre un poste indicador. (…)

La Iglesia católica está ahí para mediar entre tu conciencia y Dios. Supongo que es una especie de arbitraje obligatorio. Cuando aceptas la fe te comprometes a atenerte a ella. Si no estás dispuesto a aceptar esto; si prefieres más bien que tu conciencia se entienda directamente con Dios, lo tuyo es ser protestante. En ese caso, tendrás también predicadores que interpretan la Biblia para ti, y si no estás de acuerdo con alguno de ellos podrás siempre acudir a otro. Hay muchas sectas o iglesias protestantes, y seguro que encontrarás una acorde con tu conciencia. Y si incluso esto te parece demasiado programado para tu gusto, puedes elegir ser una persona religiosa que no pertenece a ninguna iglesia; o ser agnóstico, como yo.

Pero si eres católico, escuchas a Dios a través del Santo Padre de Roma. Este es el trato. Puedes hacer preguntas, pedir consejo y ciertamente rezar, pero no necesitas tener tu propia teología. La Iglesia nunca ha pretendido ser una sociedad de debate, no es una “democracia”. El Papa no cuenta los votos en materia de fe y doctrina. Esto no significa que quiera restringir la libertad de cada uno en cuanto ciudadano de un Estado secular. El Papa no tiene divisiones (diremos adoptando una frase de Stalin). Lo único que tiene es autoridad moral, voluntariamente reconocida por millones de creyentes y apoyada en dos milenios de historia.

El Papa está haciendo lo que está llamado a hacer. Mi opinión sobre este o aquel pormenor de su enseñanza no tiene importancia. Tampoco la tendría en el caso de que yo fuera un columnista católico. Mi cometido no sería entonces enseñarle sino aceptar su enseñanza. Si no pudiera hacerlo, tendría que elegir. Y dejaría la Iglesia católica.

Algunos católicos de hoy, sin embargo, prefieren asaltar a la Iglesia. No creen que el Espíritu Santo hable a través del Papa, pero por alguna razón no tienen ningún inconveniente en creer que el Espíritu Santo habla por boca de ellos.

Quieren convertir al Vaticano a su propio criterio (que tiende a ser más social que espiritual), sin preocuparse de que en el proceso puedan destruir la Iglesia que afirman amar. Mi simpatía por esta gente es nula, esté o no de acuerdo con ellos en materia de aborto o contracepción.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares