“Las fuerzas extremistas de la oposición siria expulsan a los cristianos”

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El temor por la suerte de los cristianos en Siria amenazados por “fuerzas extremistas”, la situación del diálogo con los católicos y el apoyo a la ley rusa contra la promoción de la homosexualidad, son algunos de los puntos candentes abordados por el metropolita Hilarion de Volokolamsk, responsable de la “política exterior” del Patriarcado de Moscú, en unas declaraciones a AsiaNews (30-8-2013).

Sobre la situación en Siria, el metropolita no cree que el conflicto sea una guerra civil, sino un enfrentamiento provocado por fuerzas extranjeras: “a menudo los grupos armados, llamados de oposición, están en realidad compuestos de extranjeros, que luchan financiados por dinero extranjero”.

Lo que preocupa a la Iglesia ortodoxa rusa es el destino de la población civil y en concreto de los cristianos. Hilarion piensa que “las fuerzas extremistas que tratan de conquistar el poder se han propuesto como objetivo la destrucción completa del cristianismo en Siria. Y allí donde toman el poder, aunque solo sea temporalmente, la población cristiana es eliminada o expulsada de las propias tierras y las iglesias son destruidas”. Recuerda que dos obispos ortodoxos fueron secuestrados el pasado abril, y desde entonces no ha habido ninguna noticia de dónde están ni cómo se encuentran.

En cuanto a la situación en Egipto, responsabiliza de la violencia a los Hermanos Musulmanes, “movimiento prohibido por extremista en muchos países”. “Por su culpa se ha producido esta escalada de violencia en el país, con la destrucción de iglesias de diversas confesiones cristianas”.

Sobre el diálogo entre católicos y ortodoxos, reconoce que aún es pronto para alcanzar resultados, “porque se están examinando temas muy difíciles, como el del primado y el papel del obispo de Roma, afrontado por primera vez desde hace mil años”. Personalmente cree que, por el momento, “es mucho más eficaz el trabajo común en el campo de los valores morales y sociales, donde “se ha progresado mucho” en la elaboración de una posición común, especialmente en la ética familiar.

Para que se diera un encuentro entre el Papa Francisco y el Patriarca de Moscú sería preciso, advierte Hilarion, llegar a un acuerdo sobre las cuestiones en que hay divergencias. “Actualmente, el mayor problema en este sentido es la situación en Ucrania occidental, donde en los años 80 y 90 se han producido sucesos muy tristes, que han privado de sus templos a la comunidades ortodoxas de diversas ciudades y pueblos”.

Hay que recordar que, para los católicos de rito bizantino de esa región, se trataba de recuperar las iglesias de las que fueron desposeídos en la época de Stalin y que fueron entregadas a la Iglesia ortodoxa.

Piensa que el papa Francisco, con el que Hilarion se entrevistó al día siguiente de asistir a la ceremonia del inicio de su pontificado, “tiene una plena comprensión de la importancia de nuestra acción común”, y que “conoce y comprende bien el diálogo católico-ortodoxo”, como ya demostró en Argentina.

Cuando le preguntan sobre la ley aprobada en Rusia que prohíbe “la promoción de relaciones sexuales no tradicionales”, y que ha provocado críticas en Occidente por considerarla dirigida contra los homosexuales, Hilarion la apoya sin reservas: “No solo pienso que esta ley es necesaria, sino que leyes de este tipo deberían ser adoptadas en otros países, en lugar de las normas que se aprueban hoy día en la Unión Europea sobre uniones homosexuales, dándoles incluso el derecho a adoptar niños”. El metropolita estima que “esta política de los gobiernos occidentales es suicida”, dadas las condiciones de crisis demográfica y de destrucción de la institución familiar.

En este como en otros temas muchos acusan al Patriarcado de estar demasiado cercano al Kremlin. Hilarion responde que las relaciones entre la Iglesia y el Estado en la Rusia actual se basan en dos principios: no interferencia y colaboración. “La Iglesia ortodoxa no apoya a ningún partido ni a ninguna política”, aunque puede dar su propia valoración sobre ciertos problemas específicos. A su vez, “el Estado no participa en la gestión de la Iglesia, no se entromete en la elección de obispos, del Patriarca o cualquier otra decisión interna”.

El segundo principio es la “colaboración entre la Iglesia y el Estado en cuestiones de interés común”. Se trata de cuestiones éticas, entre las que menciona, la política demográfica, la ética familiar y el problema de los niños abandonados.

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