La violencia religiosa contra los cristianos egipcios sirve a intereses políticos

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Duración lectura: 3m. 14s.

En Egipto, tras los ataques a cristianos coptos en Alejandría a finales de octubre -los incidentes más graves en los últimos cinco años-, se sospechan motivos políticos. Este brote violento surgió poco antes de las elecciones legislativas, y sus beneficiarios más claros son los candidatos de los Hermanos Musulmanes.

El origen de los disturbios se encuentra en una obra de teatro considerada ofensiva por los musulmanes. Trata de un joven copto que se hace musulmán, se radicaliza por influencia de un imán y acaba preconizando la guerra contra los cristianos. Fue representada una sola vez hace dos años en la iglesia copta de san Jorge, en Alejandría. El obispo copto Anba Musa recuerda que, tras la única función, “nos dimos cuenta de que [la obra] tocaba un asunto delicado y preferimos descartarla” (“El País”, 7-11-2005). Pero el mes pasado empezó a circular una grabación de la obra en DVD, obtenida nadie sabe cómo. La noticia se difundió a través de dos semanarios y de las mezquitas, y comenzó a haber manifestaciones de protesta frente a la iglesia de san Jorge, que el 21 de octubre degeneraron en disturbios violentos con un saldo de cuatro muertos y noventa heridos.

Estos hechos motivaron una declaración conjunta del patriarca copto, Shenuda III, y el gran muftí Mohamed Shaid El Tantawi. En ella condenan los incidentes de Alejandría y urgen a ambas comunidades religiosas a dirimir sus diferencias a través del diálogo.

Restablecida la calma, se adivinan intereses políticos detrás del caso. El obispo Musa cree que quien, al cabo de dos años, ha sacado a la luz el DVD “quería provocar un enfrentamiento e influir en las elecciones”, que comenzaron el 9 de noviembre y se desarrollarán en varias fases a lo largo de tres semanas. Un historiador copto, Yunan Labib Rizk, dijo a “Le Monde” (26-10-2005) que la pieza dramática en cuestión le parece “agresiva hacia los musulmanes”, pero los incidentes han sido “fruto de manipulaciones”, provocados en un momento escogido: entre las elecciones presidenciales y legislativas, y durante el ramadán, “periodo propicio a exacerbar la identidad musulmana”. Y la exaltación islámica en plena campaña electoral beneficia a los Hermanos Musulmanes, organización oficialmente proscrita pero tolerada por el régimen.

De hecho, no se ha dejado de resaltar la coincidencia de que la iglesia alejandrina de san Jorge está en el distrito donde se presentaba uno de los dos únicos cristianos entre los 444 candidatos del Partido Nacional Democrático (PND), oficialista. El candidato en cuestión, Maher Jalla, prefirió retirarse, a la vista de los disturbios, dejando el campo libre para su rival en el distrito, uno de los 150 “independientes” respaldados por los Hermanos Musulmanes.

Yendo más al fondo, la facilidad con que ha prendido la mecha de la violencia muestra la intolerancia religiosa de fondo contra la minoría copta, que constituye entre el 5% y el 10% de la población egipcia (unos 77,5 millones de habitantes en total). Con mayor o menor intensidad según las épocas, los coptos han sido discriminados en la obtención de empleo y cargos públicos, y tienen que superar muchas dificultades para construir iglesias. Así lo consigna Mona Eltahawy, periodista egipcia, musulmana, afincada en Nueva York, en un artículo para el “International Herald Tribune” (11-11-2005). Entre los coptos, señala Eltahawy, “no se cuentan alcaldes, ni rectores o decanos en las universidades públicas, y hay pocos cristianos entre los militares de alta graduación”. En los últimos decenios, añade, el régimen egipcio ha favorecido la “politización de la religión” y ha permitido que el integrismo islámico se dirigiera contra los cristianos a fin de “apartar la atención pública de sus propios fallos”.

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