La separación del sordo y el Estado

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Duración lectura: 1m. 1s.

Contrapunto

El Tribunal Supremo norteamericano va a pronunciarse sobre uno de esos curiosos conflictos que periódicamente se producen en el país a propósito de la separación de la Iglesia y el Estado. El protagonista es Jim, un niño sordo. Una ley le autorizaba a tener gratuitamente en la escuela un intérprete que traducía en signos las lecciones de sus maestros. Todo iba bien hasta que en 1988 sus padres le cambiaron a una escuela católica. Entonces, el Estado de Arizona rehusó pagarle el intérprete, aduciendo que esto iría contra la primera enmienda, que establece que el Estado no favorecerá ni prohibirá ninguna religión. Esta enmienda se introdujo en su día para evitar cualquier tipo de intolerancia religiosa. Habría que ver dónde está hoy el peligro de intolerancia. Con el cambio de escuela, Jim seguía siendo sordo y el salario del intérprete era el mismo. Se supone que Jim era acreedor a la ayuda por el hecho de ser sordo, no por el tipo de enseñanza que recibiera. Pero quizá las autoridades de Arizona tengan algún criterio para distinguir la sordera laica y la religiosa.

Ignacio Aréchaga

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