La santidad, referencia obligada de la música sacra

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Duración lectura: 2m. 57s.

“La música destinada a los sagrados ritos debe tener como punto de referencia la santidad” y “será más santa cuanto más estrechamente unida esté a la acción litúrgica”, afirma Juan Pablo II en un documento fechado el 22 de noviembre, memoria de Santa Cecilia, patrona de los músicos. El documento se publica con motivo del centenario del motu proprio Tra le sollecitudini, de san Pío X, cuyo fin era la renovación de la música sacra en las funciones de culto.

El Papa pone de relieve que “no todas las formas musicales pueden ser consideradas adecuadas para las celebraciones litúrgicas”. Además de que no puede haber música destinada a la celebración de los sagrados ritos “que no sea antes verdadero arte”, la música litúrgica debe responder a “sus requisitos específicos: la plena adhesión a los textos que presenta, la consonancia con el tiempo y el momento litúrgico al que está destinada, la adecuada correspondencia a los gestos que el rito propone”, explica el Papa.

Refiriéndose al canto y a la música, Juan Pablo II afirma: “Deben responder a legítimas exigencias de adaptación e inculturación. Sin embargo, está claro que toda innovación en esta delicada materia debe respetar peculiares criterios, como la búsqueda de expresiones musicales que respondan a la necesaria participación de toda la asamblea en la celebración y que eviten, al mismo tiempo, que se ceda a la ligereza y a la superficialidad”.

Juan Pablo II señala que “entre las expresiones musicales que mayormente responden a las cualidades de la noción de música sacra, especialmente la litúrgica, ocupa un puesto particular el canto gregoriano. El Concilio Vaticano II lo reconoce como ‘canto propio de la liturgia romana’, al que es necesario reservar el primer lugar en las acciones litúrgicas con canto celebradas en lengua latina”.

El Papa pide también que se promuevan las escuelas de canto, que tienen “un papel de guía y de apoyo en la asamblea, y en algunos momentos de la liturgia, un cometido específico propio. (…) Por eso, el aspecto musical de las celebraciones litúrgicas no puede dejarse a la improvisación ni al arbitrio de las personas, sino que debe responder a las normas y a las competencias, como fruto significativo de una formación litúrgica adecuada”.

“Como la Iglesia -añade- siempre ha reconocido y favorecido el progreso del arte, no debe extrañar que además del canto gregoriano y la polifonía, también admita en las celebraciones la música moderna, siempre que respete tanto el espíritu litúrgico como los verdaderos valores del arte”.

Juan Pablo II pide a la Congregación para el Culto Divino que preste mayor atención al sector de la música sacra litúrgica. En este sentido, exhorta a las conferencias episcopales a examinar los textos de canto litúrgico y a “prestar una atención especial a valorar y promover melodías que sean verdaderamente apropiadas al uso sacro”.

Al final del mensaje, el Papa recuerda que el motu proprio afronta el tema de los instrumentos musicales que hay que usar en la liturgia latina, entre los que prevalece el órgano. Sin embargo, termina, “hay que estar atentos para que los instrumentos se acomoden al uso sacro, a la dignidad del templo y sean capaces de sostener el canto de los fieles y favorecer su edificación”.