La polémica sobre el nuevo antisemitismo europeo

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Duración lectura: 12m.

Un efecto secundario de la “intifada”
Hoy en Europa se cree detectar una nueva ola de antisemitismo. Se discute si en verdad hay una vuelta del viejo sentimiento antijudío, si es solo una eclosión episódica motivada por el conflicto palestino-israelí o si la denuncia del supuesto antisemitismo no es más que una pantalla de humo del gobierno israelí para acallar las críticas a su intransigente política. Unos acusan a los medios europeos de parcialidad anti-israelí, mientras otros replican que criticar al gobierno de Ariel Sharon no equivale a ser antisemita.

La polémica se alimenta de hechos y dichos. Ciertamente, los peores actos antijudíos se dan fuera de Europa, cometidos por grupos islámicos (atentados terroristas en Casablanca, Túnez, Estambul…). Pero el viejo continente registra también incidentes: ataque a una sinagoga cerca de Manchester (junio), explosión de una bomba frente a otra sinagoga en Bélgica (junio), agresión a un rabino en Viena (mayo), pintadas nazis en cementerio ale mán (octubre), incendio intencionado de una escuela judía en la localidad francesa de Gagny (noviembre)…

El último hecho es el que más preocupación y comentarios ha suscitado. Por una parte, ha coincidido con el auge de la polémica sobre el antisemitismo en Europa. Además, Francia es particularmente sensible, pues es el país europeo que tiene más judíos (600.000) y a la vez más musulmanes (unos 5 millones).

“Antisemita”: usar con precaución

Sin embargo, las estadísticas policiales no muestran que haya ahora una “oleada” de actos antisemitas en Francia. Después de un descenso entre 1992 y 1998, remontaron ligeramente en 1999, crecieron mucho a partir de septiembre de 2000 (inicio de la segunda intifada palestina) y alcanzaron un máximo en 2002; pero este año han disminuido. De enero a octubre de 2003 se han registrado 96 agresiones y 295 amenazas, frente a 184 agresiones y 685 amenazas en el mismo periodo del año anterior.

De hecho, no hay unanimidad al respecto en la comunidad judía francesa. Cuando se multiplicaban las voces de alarma, Théo Klein, ex presidente del Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia (CRIF), declaraba en relación con el suceso de Gagny, cuyos autores se desconocen: “Podría tratarse del acto de un gamberro que ignoraba que era una escuela judía. El uso de la palabra antisemita se ha de hacer con precaución. No alimentemos una campaña que nos singulariza”. A continuación señalaba a las raíces generales del vandalismo: “Francia ha perdido la apuesta de la integración de toda una parte de los jóvenes salidos de la inmigración: es lamentable que los judíos paguen los platos rotos. Es un problema que concierne no solo a los judíos, sino a todos los franceses” (Le Monde, 18-XI-2003).

Israel pierde la batalla de la opinión

En cualquier caso, las voces de alarma toman pie también de lo que se interpreta como signos de un creciente clima de opinión contra Israel. El más sonado fue el “eurobarómetro” (sondeo periódico que encarga la Comisión Europea) publicado a principios de noviembre. Según la encuesta, el 59% de los europeos consideran a Israel como la mayor amenaza a la paz mundial (siguen Irán, Corea del Norte y Estados Unidos). Muchos comentarios advirtieron que el cuestionario estaba mal hecho (por ejemplo, preguntaba solo por países, no por otros actores); pero a la vez interpretaron el resultado como muestra de la parcialidad anti-israelí de la opinión europea.

A esto se sumaba el discurso antijudío de un diputado democristiano alemán (3 de octubre), Martin Hohman, finalmente excluido del grupo parlamentario por su partido (10 de noviembre). También han influido los repetidos encontronazos diplomáticos entre la UE e Israel: condena de las “ejecuciones extrajudiciales” llevadas a cabo por el ejército israelí, pronunciada en el Consejo Europeo de octubre; veto israelí al enviado de la UE, Marc Otte, por haberse entrevistado con el líder palestino Yasser Arafat; disputa por la exención de aranceles, que la UE rehúsa a las exportaciones salidas de los asentamientos judíos en los territorios ocupados, a diferencia de los bienes producidos en Israel.

Antisemitismo de izquierda

Los estudios y comentaristas coinciden en que el antijudaísmo de ahora no es ya principalmente el clásico de la extrema derecha: es más bien propio de la juventud inmigrante musulmana y de grupos de izquierda. En Francia, los sondeos de la Comisión Nacional Consultiva de Derechos Humanos (CNCDH) no detectan aumento general del sentimiento antisemita. En cambio, el informe de 2002 señala que la mayor parte de los actos de este signo nacen de los barrios marginados donde se concentran los inmigrantes norteafricanos (cfr. La Croix, 18-XI-2003). Sus autores son jóvenes, por lo general parados, en buena parte fichados como delincuentes comunes, que se identifican con la causa palestina.

También un informe inédito del Observatorio Europeo de Racismo y Xenofobia dice que los actos antijudíos a menudo son obra de jóvenes musulmanes. Pero subraya la intervención de la izquierda metida en el totum revolutum del movimiento antiglobalización (cfr. Le Monde, 30-XI-2003). Aquí se mezcla el antiamericanismo con el antisionismo, se pinta a Israel como una potencia capitalista e imperialista, y se suman a la protesta las organizaciones islámicas o los inmigrantes musulmanes en general.

Dominique Moïsi, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, es otro de los que se refieren a la “reemergencia de una extrema izquierda antisemita, que es particularmente visible en Francia” (International Herald Tribune, 5-XII-2003).

La intifada por poderes

En Europa se libra la intifada por poderes. Las manifestaciones antijudías en Europa siguen el paso del conflicto en Tierra Santa. Así lo señalan los estudios de la CNCDH y del Observatorio Europeo. Este fenómeno, dice Le Monde en un editorial (18-XI-2003), “es concomitante con el desencadenamiento de la segunda intifada, hace tres años; la reprobación o las condenas de la política practicada por Israel en los territorios palestinos han difuminado evidentemente la frontera, ya incierta para algunos, entre antisionismo y antisemitismo”.

Esto lleva a pensar que el mejor modo de prevenir el antisemitismo actualmente sería que la política del gobierno israelí y de los representantes palestinos favoreciera un acuerdo de paz en Oriente Medio. De hecho, la buena acogida que ha tenido en Europa “el plan de Ginebra”, elaborado por personalidades israelíes y palestinas, indica que la existencia del Estado de Israel no se pone en cuestión. Lo que molesta a muchos europeos es la intransigencia de Sharon y la creación de hechos consumados, como la construcción del muro, la extensión de los asentamientos de colonos o los asesinatos “selectivos” en los que han muerto también muchos civiles por el mero hecho de pasar por allí en un mal momento.

La coincidencia de calendarios entre revuelta palestina y manifestaciones antisemitas en Europa es clara; pero no todos la interpretan de la misma manera. Algunos creen que la intifada no provoca realmente el antisemitismo, sino que solo le proporciona una excusa. Ariel Goldman, portavoz del CRIF, sostiene que en Europa existe un clima de antisemitismo “instalado al margen de cualquier acontecimiento” (Le Monde, 18-XI-2003).

Esta es la postura tradicional de una parte de los judíos, señala The Economist (22-XI-2003): “La derecha israelí siempre ha alegado el antisemitismo, antiguo y moderno, cristiano y musulmán, para justificar sus duras tácticas”. Es inútil hacer concesiones, pues el antijudaísmo es profundo e incondicional, no depende de lo que haga Israel.

Por otro lado, prosigue The Economist, “los israelíes moderados tienen una idea menos determinista de la condición judía. En el oscuro pasado, dicen, el judío era víctima pasiva de una malicia esencialmente irracional. Hoy, el Estado judío puede influir en su propio destino y en las actitudes de otros hacia Israel y hacia los judíos de la diáspora. La represión de los palestinos por parte de Israel, según la izquierda israelí, no crea por sí sola el antisemitismo, que en algunas sociedades es latente y está al acecho. Pero puede exacerbarlo”.

Criticar a Israel no es antisemitismo

Esto ayuda a explicar un punto principal de la presente polémica: si las críticas a la política israelí, abundantes en los medios europeos, son muestras de antisemitismo o al menos lo alientan.

A nadie escapa que en esto influye mucho la campaña de opinión sostenida por el gobierno israelí, interesado en equiparar las críticas a su política, que pueden ser legítimas, al antisemitismo, que es sencillamente inadmisible. Dos días después de los atentados terroristas a dos sinagogas de Estambul (15 de noviembre), Ariel Sharon, de viaje oficial en Italia, habló de “una gran ola de antisemitismo”, que incluye tanto el viejo odio a los judíos como “un odio a la colectividad judía, es decir, el Estado de Israel”.

Los que se oponen a esta táctica subrayan que las críticas a Sharon no son exclusivas de los europeos: también las comparte la oposición israelí. Se puede citar a Shimon Peres, ex ministro de Asuntos Exteriores de Israel, que dijo en Florencia (11-XI-2003): “También nosotros [los laboristas israelíes] criticamos al gobierno de Sharon, pero no por eso somos antisemitas”. Lo mismo cabría decir de otras voces en Israel que se alzan contra la política del gobierno: el jefe del Estado Mayor, Moshe Yaalon; una nota interna del Ministerio de Asuntos Exteriores, divulgada por la radio militar el 12 de noviembre; cuatro ex jefes del Shin Beth (servicio de seguridad interior israelí) en el diario Yediot Aharonot…

El historiador israelí Avi Shlaim, catedrático de Relaciones Internacionales en la Universidad de Oxford, incluso exagera por el lado contrario cuando afirma: “Sharon es culpable del antisemitismo en Europa” (El País, 19-XI-2003). Lo dijo en Madrid, durante la presentación de su libro El muro de hierro, versión española del original inglés The Iron Wall: Israel and the Arab World (2000). “El antisemitismo -añadió- no crece en un vacío político; nace en un contexto, que es la ocupación, la opresión y la humillación diaria de los palestinos. El problema es que la gente asocia las políticas del gobierno israelí con los judíos en general, pero este gobierno no representa a los judíos en el resto del mundo”.

La dificultad de distinguir

Sin embargo, la distinción entre Israel y los judíos no es tan clara en la práctica, sobre todo cuando habla un extranjero. Israel es el Estado judío, creado para que los judíos puedan vivir al abrigo de persecuciones. La identificación es de hecho muy practicada por ambos lados. Ulrich Beck, profesor de Sociología en la Universidad de Múnich, piensa que “la mayoría de los alemanes (y de los europeos) no aceptan la distinción entre judíos e israelíes, distinción empero de una importancia primordial para la reconciliación germano-judía”.

A la vez, agrega Beck, “ante la escalada de la violencia, numerosos israelíes aceptan cada vez menos la distinción entre crítica a Israel y antisemitismo” (Le Monde, 22-XI-2003). O, como señala Elaine Sciolino en el New York Times (3-XII-2003): “Los judíos han cerrado filas, lo que ha hecho más difícil tolerar las críticas de las políticas israelíes con los palestinos, polarizando más aún el debate”. En apoyo de esto, Sciolino cita a Olivier Nora, editor en Grasset: “La tradición de la comunidad judía francesa es sentirse primero franceses y segundo judíos, pero hay cada vez más presiones para definirse y tomar postura sobre la política israelí. O estás dentro o estás fuera”.

De ahí que tratar de la intifada con objetividad se torne muy difícil, como han podido comprobar los medios de comunicación: cada bando acusa de parcial a quien no esté a su favor (ver servicio 139/02: “La prensa internacional ante el conflicto entre Israel y Palestina”).

Sin embargo, muchos medios tienen buen cuidado para evitar malas interpretaciones que puedan herir la sensibilidad judía, incluso en la ficción. Por ejemplo, los telespectadores de la cadena pública francesa France 2, no verán un episodio de la serie policíaca “P.J.”, que estaba previsto para el próximo enero. Este episodio mezclaba dos tramas: un hombre golpeado y secuestrado, y el incendio criminal de una escuela judía. Después de investigar como sospechosos a personajes musulmanes, al final los investigadores descubrían que el incendio había sido provocado por un judío que frecuentaba la escuela. La dirección de France 2 ha decidido “aplazar” la emisión porque “en el clima actual de tensiones comunitarias” este episodio “podía plantear un problema de interpretación”.

En nombre de la Unión de Guionistas, su presidente ha protestado por esta decisión. Considera que lo que ha molestado no es el momento en el que se ha hecho la emisión, sino su contenido, lo cual “supone una señal: he aquí un tema más del que no hay que hablar en las ficciones televisivas”.

Críticas asimétricas

El problema, según algunos análisis, es que la opinión europea no guarda el equilibrio. “Se abandona el terreno de la crítica legítima de una política gubernamental -afirma un editorial de Le Monde (6-XI-2003)- cuando se practica, como hacen ciertos círculos en Europa, un discurso de denuncia sistemática y unilateral que demoniza a Israel”.

Si así es, se ejerce en Europa una crítica asimétrica, quizá no tanto por lo que se dice como por lo que se expresa con menos frecuencia o menos firmeza. Tal vez la condena del terrorismo palestino se da por supuesta, o no se insiste en ella porque no se espera que haga mella en los responsables. En cambio, a Israel, Estado democrático, se exige mayor altura moral y se lo cree más sensible a la opinión pública.