La Iglesia católica, factor aglutinante para superar la crisis de Argentina

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Duración lectura: 3m. 23s.

La Iglesia católica argentina ha decidido respaldar el proceso de concertación propuesto por el presidente Duhalde para lograr un pacto nacional, que establezca las bases para salvar al país de la caótica situación actual. Mons. Estanislao Karlic, arzobispo de Paraná y presidente de la Conferencia Episcopal argentina, compareció junto al presidente Duhalde y el embajador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Carmelo Angulo, para anunciar la constitución de una mesa de diálogo auspiciada por la Iglesia argentina. El acto tuvo lugar en el Convento de Santa Catalina de Siena de Buenos Aires.

“Aquí estamos -señaló Mons. Karlic en su intervención- reconociendo toda nuestra responsabilidad, intentando con humildad y fortaleza salir de la postración a que nos ha llevado tanta corrupción, tanta mentira y tanta codicia”. Según el diario Clarín (15-I-2002), la decisión de la Iglesia llevó meses de debate y maduración. Entre las dudas del Episcopado estaba el interrogante acerca de si la Iglesia invadía o no, con su eventual concurso, la esfera civil. Pero la gravedad de la situación empujó a tomar la decisión.

El proceso arrancó en agosto pasado, cuando diversos sectores sociales -la banca nacional, entidades de pequeñas y medianas empresas y las tres centrales sindicales- pidieron a la Iglesia su intervención ante la gravedad de la crisis. Paralelamente, el representante de la ONU, Carmelo Angulo, fue entrevistándose con numerosos obispos para convencerles de la necesidad de involucrarse, al considerar que la Iglesia es “un factor aglutinante”. La participación de la Iglesia en el proceso de concertación estuvo a punto de no producirse porque los obispos apreciaban falta de disposición por parte de la clase dirigente. “Si no hay gestos de renunciamiento, no nos vamos a meter porque vamos al fracaso”, se sinceró entonces un obispo.

Finalmente, arrancó un proceso de concertación en la sede de Cáritas, truncado por la renuncia del presidente De la Rúa. La solicitud del presidente Duhalde ante la Asamblea Legislativa para que la Iglesia siga ayudando al diálogo ha tenido su fruto. El Episcopado acordó con el propio Duhalde que el Gobierno será “quien convoque y conduzca” el diálogo. Además, la intervención eclesiástica no será indefinida: la comisión de obispos integrada a tal efecto tiene mandato hasta el 22 de abril. Ese día, una nueva asamblea plenaria de obispos evaluará lo hecho hasta entonces.

El cardenal Primatesta, responsable de la Pastoral Social, explicó que “a pedido de las autoridades, ofrecemos el espacio espiritual y hasta físico para que las personas puedan encontrarse” y agregó que se tratará de “un espacio para que los distintos miembros de la sociedad, factores de poder, se puedan encontrar ante esta crisis terminal que sufre el país”. “Tenemos una doctrina social -añadió Primatesta- que nos puede ayudar a discernir, y la ofreceremos allí. Hay que recuperar o rehacer la representatividad política y el diálogo institucional. Es la oportunidad de pensar muchas cosas que, tal vez, se fueron dejando de lado por el agobio de la situación económica y social. Es el momento de recrear muchas cosas que ahora, ante lo dramático de las circunstancias, vemos como necesarias, a pesar de que antes no se apreciaban”.

En Colombia, la Iglesia también ha intervenido en el acuerdo -alcanzado in extremis en la localidad de Los Pozos- entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para salvar el proceso de paz. El presidente de la Conferencia Episcopal colombiana, Mons. Alberto Giraldo, y el nuncio, Mons. Beniamino Stela, estuvieron presentes en la reunión, que abrieron con una oración y la bendición impartida por ambos. La reunión entre los representantes del Gobierno y de las FARC fue moderada por el enviado de la ONU James Lemoyne, respaldado por los embajadores del llamado Grupo de los Diez (Canadá, Cuba, España, Francia, Italia, México, Noruega, Suecia, Suiza y Venezuela).