La Iglesia católica en la India adopta un ambicioso programa de lucha contra el sida

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Duración lectura: 3m. 31s.

La Iglesia católica en la India está empeñada en un ambicioso programa de lucha contra el sida a través de sus numerosas instituciones sanitarias y educativas. La India va camino de ser el país más poblado del mundo, pero también el que más casos de infecciones por VIH registre: desde el primero, en 1986, se pasó a 5,1 millones en 2005.

A pesar de que los católicos en India son solo 16 millones (apenas un 1,5% de la población total, que supera los mil millones de habitantes), el prestigio de la Iglesia en las tareas asistenciales es grande. El nuevo programa se presentó el pasado julio, con asistencia del ministro de Sanidad y Bienestar Familiar, Anbumani Ramadoss. Según informa Anto Akkara (“The Catholic World Report”, noviembre 2005), la Iglesia se compromete a incluir el tema del sida en los planes de estudios de todos los seminarios y casas de formación, e implicar a las 20.000 instituciones educativas católicas -en las que estudian 10 millones de jóvenes- en la prevención del sida, fomentando además que en todas las parroquias de la India los jóvenes firmen “compromisos de abstinencia hasta el matrimonio”. Además, las 3.000 instituciones sanitarias de la Iglesia fomentarán el respeto de la dignidad de las personas afectadas por el virus, y crearán un ambiente adecuado para su tratamiento.

El joven ministro Ramadoss (37 años) aseguró que es fácil crear hospitales, escuelas y otras instituciones en las ciudades, pero hacerlo “en los lugares más remotos y gestionarlos eficazmente ayudando a toda la comunidad, es una tarea tremenda, así que quiero felicitar a toda la comunidad cristiana de nuestro país por este gesto noble”. El 85% de las instituciones médicas católicas se encuentran en ámbitos rurales adonde no llega “el actual “boom” económico de India”, según precisó el arzobispo Bernard Moras, presidente de la Comisión Episcopal de Sanidad. 65 hospicios y centros de apoyo están dedicados exclusivamente a la atención de afectados por el sida.

En mayo de 2003, la comisión permanente de la Conferencia Episcopal india estableció que, en el formulario que obligatoriamente han de rellenar los novios que quieren casarse por la Iglesia, se incluyera el compromiso moral de informar a su futura mujer sobre si se sufrían enfermedades infecciosas. Esta decisión se tomó después de que el llamado foro sacerdotal de Nazrani (en el Estado de Kerala, el más desarrollado y el que más católicos cuenta en la India), pidiera que antes de los matrimonios se expidieran certificados garantizando que el novio no tuviera sida. A su vez, esta exigencia pretendía combatir el hecho de que, a consecuencia de las fuertes dotes exigidas para el matrimonio, hay padres que casan a sus hijas con hombres de los que saben que están infectados por el virus del sida.

Los obispos, sin embargo, alegaron que tal medida violaría el derecho a la privacidad. De modo que el formulario simplemente recuerda a los cónyuges su deber de informarse mutuamente. Lo cierto es que la exigencia de mayor rigor viene aquí de la base, y así, de los 2.000 novios que participaron en cursillos prematrimoniales en la archidiócesis de Ernakulam (Kerala), el 90% apoyó la exigencia de “certificados de no tener sida”. La jerarquía católica quiere evitar el estigma que para los afectados por el sida pueda suponer la extensión de un “certificado” en sentido estricto, ya que se quiere dar “apoyo incondicional” a los enfermos.

La agencia del gobierno responsable de la lucha contra el sida (NACO), ha reconocido públicamente que “los programas sobre el sida en la India no pueden triunfar sin el apoyo de la Iglesia católica”, que gestiona el 22% de las instituciones sanitarias del país, donde trabaja el 27% de los profesionales del ramo. El primer ministro de la India, Manmohan Singh, habló en este sentido al afirmar, en noviembre de 2004 ante un “parlamento de jóvenes” reunido en Nueva Delhi, que es preciso un cambio en las costumbres, evitando la promiscuidad sexual y el sexo antes del matrimonio, a modo de “vacuna social de educación e información”.