La “fe adulta”, según Benedicto XVI

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Al terminar el Año Paulino en las solemnes vísperas que tuvieron lugar en la Basílica de San Pablo Extramuros el domingo por la tarde, Benedicto XVI quiso destacar en su homilía una última enseñanza de la doctrina del apóstol: “Sólo si nos convertimos en hombres nuevos, el mundo se hará nuevo. Esto significa también que no basta adaptarse a la situación actual. El apóstol nos exhorta a no ser conformistas”, y eso es lo que distingue a “una fe adulta”.

A pocos pasos de la tumba del apóstol, el Papa reveló que se había hecho una pequeña perforación en el sarcófago, que no había sido abierto en tantos siglos, y mediante una sonda “se han encontrado restos de un precioso tejido de lino de color púrpura, bañado en oro, y de un tejido de color azul con filamentos de lino”, junto con granos de incienso rojo. Además “se han descubierto pequeñísimos fragmentos óseos, que, sometidos al examen del carbono 14 por parte de expertos que desconocían la procedencia, han resultado que pertenecían a una persona que vivió entre los siglos I y II. Esto parece confirmar la unánime e incontrovertida tradición de que se tratan de los restos mortales del apóstol Pablo”.

No ser conformistas

Tras dar la noticia, Benedicto XVI se refirió a la enseñanza de San Pablo sobre la renovación del hombre mediante la fe. Lo fundamental es que “con Cristo se inició una nueva manera de venerar a Dios, un nuevo culto, que consiste en el hecho de que el hombre viviente se transforma él mismo en adoración”. Para explicar cómo sucede esto citó un texto de la carta a los Romanos: “No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios.”.. (12, 2).

Pablo nos dice: “el mundo no puede ser renovado sin hombres nuevos. Sólo si hay hombres nuevos, habrá también un mundo nuevo, un mundo renovado y mejor”. “Esto significa también -añadió el Papa- que no basta adaptarse a la situación actual. El apóstol nos exhorta a no ser conformistas”.

Pero ¿cómo llegar a ser hombres nuevos? “Nos convertimos en nuevos, si nos dejamos conquistar y plasmar por el Hombre nuevo, Jesucristo”. Esto requiere “transformar nuestro modo de pensar”. “El pensamiento del hombre viejo, el modo de pensar común está dirigido en general hacia la posesión, el bienestar, la influencia, el éxito, y la fama”, afirmó Benedicto XVI. Así, en último análisis, “queda el propio ‘yo’ en el centro del mundo. Debemos aprender a pensar de manera profunda”. Es necesario que “nosotros queramos lo que Dios quiere, porque reconocemos que aquello que Dios quiere es lo bello y lo bueno. Se trata, por tanto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual”.

La fe adulta y el infantilismo

Esta renovación supone que, como dice san Pablo a los Efesios, el cristiano alcance la edad adulta, una humanidad madura. Y aquí Benedicto XVI hizo una reflexión sobre el difundido eslogan de la “fe adulta” que tantas veces encubre una actitud inmadura. “Con frecuencia se entiende como la actitud de quien no escucha a la Iglesia y a sus pastores, sino que elige de forma autónoma lo que quiere creer y no creer, es decir, una fe ‘hecha por uno mismo’. Esto se interpreta como ‘valentía’ para expresarse en contra de Magisterio de la Iglesia. En realidad para esto no es necesaria la valentía, porque se puede siempre estar seguro del aplauso público. En cambio la valentía es necesaria para unirse a la fe de la Iglesia, incluso si ésta contradice al ‘esquema’ del mundo contemporáneo. A esta falta de conformismo de la fe Pablo la llama una ‘fe adulta’. Califica en cambio como infantil el hecho de correr detrás de los vientos y de las corrientes del tiempo”.

Como ejemplos de lo que hoy día forma parte de la fe adulta, el Papa mencionó “comprometerse con la inviolabilidad de la vida humana desde el primer momento de su concepción” y “reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida”. Y es que “la fe adulta no se deja transportar de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda”.

Pero el nuevo modo de pensar, que ofrece la fe, no se detiene en la negación, sino que “se desarrolla primero hacia la verdad” y “la caridad es la prueba de la verdad”. Si alguien puede temer que la defensa de la verdad frente al relativismo pueda ser motivo de intolerancia, el Papa ha querido dejar bien claro que “verdad y caridad son inseparables”.

Para aprender a actuar según la verdad en la caridad hace falta reforzar la interioridad. En nuestro tiempo, advirtió el Papa, “los hombres a menudo permanecen interiormente vacíos y por lo tanto tienen que aferrarse a promesas y drogas, que después tienen como consecuencia un ulterior crecimiento del sentido de vacío en su interior”. Como remedio, mencionó la necesidad del encuentro con Dios en la vida de oración y en los sacramentos.

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