La falta de fe puede llevar a un error sobre el matrimonio

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Duración lectura: 5m. 15s.

El pasado 23 de enero, el Papa aprovechó dos discursos para reflexionar sobre la influencia del contexto sociocultural en la vida familiar. En uno planteó si la falta de fe en un ambiente secularizado puede afectar a la “intención matrimonial”. Y en el otro propuso invertir la narrativa de los medios de comunicación sobre la familia: en vez de verla como un problema, deberían fijarse en ella como “paradigma de toda comunicación”.

Validez del consentimiento

En su discurso al Tribunal de la Rota Romana con motivo del comienzo del año judicial, Francisco advirtió que en la sociedad actual –marcada por el relativismo y la provisionalidad– puede ser más frecuente que los cónyuges se casen sin la intención de hacer lo que hace la Iglesia. “El abandono de una perspectiva de fe lleva inexorablemente a una falsa comprensión del matrimonio, que acaba teniendo consecuencias en la maduración de la voluntad nupcial”.

Se trata de una cuestión que ya planteó Benedicto XVI en 2013, cuando pidió a los jueces de la Rota que estudiasen si la falta de fe de los contrayentes puede ser a veces una causa de nulidad del matrimonio en la Iglesia (cfr. Aceprensa, 28-01-2013). Francisco retoma esta cuestión: “La experiencia pastoral nos enseña que hoy existe un gran número de fieles en situaciones irregulares, en cuyas historias ha tenido gran influencia la mentalidad mundana”.

La familia enseña a afrontar los límites propios y ajenos de manera constructiva; es escuela de perdón

Por eso subraya que, “al considerar la validez del consentimiento expresado, el juez debe tener en cuenta el contexto de valores y de fe –de la carencia o ausencia– en que la intención matrimonial se ha formado. De hecho, el desconocimiento de los contenidos de la fe podría llevar a aquello que el Código llama error determinante de la voluntad (cfr. can. 1099)”.

El error al que se refiere el canon citado por el Papa no es el simple error que se da en el ámbito del entendimiento, sino el que incide sobre el acto concreto de la prestación del consentimiento, determinando la voluntad.

Dice el canon 1099: “El error acerca de la unidad, de la indisolubilidad o de la dignidad sacramental del matrimonio, con tal que no determine a la voluntad, no vicia el consentimiento”. En sentido contrario: sí lo vicia cuando lleva al contrayente a querer un matrimonio privado de unidad, indisolubilidad y sacramentalidad.

Francisco cree que este vicio del consentimiento “ya no es tan excepcional como en el pasado”, debido a que en algunos ambientes “prevalece el pensamiento mundano sobre el magisterio de la Iglesia”.

Concretamente, previene contra la visión que reduce el matrimonio al nivel de la “gratificación afectiva” (cfr. Evangelli gaudium, núm. 66). Lo que hace más difícil comprender la seriedad del compromiso que asumen los esposos, llamados a una unión de vida total.

El Papa advierte contra la visión que reduce el matrimonio al nivel de la afectividad, lo que hace más difícil comprender la seriedad del compromiso que asumen los esposos

Esta parte del discurso pasó desapercibida en muchas informaciones periodísticas. En cambio, la mayoría destacaron la exhortación que el Papa hizo a los jueces a “no cerrar la salvación de las personas dentro de las constricciones del legalismo”, así como su deseo de que todos los procesos matrimoniales lleguen a ser gratuitos.

La familia, paradigma de toda comunicación

Ahora que la Iglesia se encuentra entre dos sínodos sobre la familia, el extraordinario de 2014 y el ordinario de 2015, el Papa ha querido poner a la institución familiar en el centro de su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, prevista para el 17 de mayo. Reflexionar sobre la familia en este contexto –dice el Papa– “nos puede ayudar tanto a comunicar de modo más auténtico y humano, como a observar la familia desde un nuevo punto de vista”.

Es una nueva perspectiva porque, en general, “los medios de comunicación tienden en ocasiones a presentar la familia como si fuera un modelo abstracto que hay que defender o atacar, en lugar de una realidad concreta que se ha de vivir; o como si fuera una ideología de uno contra la de algún otro, en lugar del espacio donde todos aprendemos lo que significa comunicar en el amor recibido y entregado”.

El Papa propone a los medios que dejen de ver la familia como “un problema o una institución en crisis”, y menciona varias razones por las que se puede considerar a la familia como el “paradigma de toda comunicación”.

En primer lugar, la familia es el “lugar donde se aprende a convivir en la diferencia” (cfr. Evangelii gaudium, núm. 66). Es la acogida recíproca entre los sexos y las generaciones lo que hace posible la comunicación.

“El abandono de una perspectiva de fe lleva inexorablemente a una falsa comprensión del matrimonio, que acaba teniendo consecuencias en la maduración de la voluntad nupcial”

Al reducir las distancias, la familia se convierte en lugar de encuentro donde se aprende “la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras”.

En la convivencia cotidiana es más fácil experimentar “los límites propios y ajenos”. Pero la familia enseña “a afrontarlos de manera constructiva”. Por eso, también es “una escuela de perdón”. “El perdón es una dinámica de comunicación: una comunicación que se desgasta, se rompe y que, mediante el arrepentimiento expresado y acogido, se puede reanudar y acrecentar”.

En una sociedad donde el discrepante es visto como un enemigo, la familia “puede ser una escuela de comunicación como bendición”. Frente al odio y el resentimiento, el ideal familiar recuerda que “el único modo para romper la espiral del mal, para testimoniar que el bien es siempre posible, para educar a los hijos en la fraternidad, es en realidad bendecir en lugar de maldecir, visitar en vez de rechazar, acoger en lugar de combatir”.

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