La ambiciosa esperanza de Juan Pablo II

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Duración lectura: 2m. 20s.

John Moody, enviado especial de Time, comenta en su crónica del viaje de Juan Pablo II a los países bálticos, publicada en esa revista con fecha 20-IX-93, algunos aspectos del mensaje que transmitió el Papa.

Para el Papa polaco Juan Pablo II, debe de haber sido un momento de profunda satisfacción. En 1984 y de nuevo en 1987, había manifestado su deseo de visitar Lituania, pero los dirigentes de Moscú no se lo permitieron. La semana pasada, después de besar por fin suelo de la ex Unión Soviética, Juan Pablo II mostró una amplia sonrisa cuando el presidente de Lituania por votación popular, un antiguo comunista, se inclinó para besarle la mano.

El jefe de la Iglesia católica no gastó tiempo recreándose en la victoria. El viaje de Juan Pablo II a Lituania, Letonia y Estonia, feudos soviéticos hasta hace dos años, estaba planeado para servirle de tribuna desde la que explicar su visión de lo que debe ser el mundo postcomunista. (…)

En vez de celebrar la defunción del comunismo, el Papa bosquejó un proyecto convincente, tal vez utópico, de una nueva era que combinaría lo mejor del Este y del Oeste. El Papa subrayó: “La doctrina social católica no es un sustituto del capitalismo. Aunque ha condenado enérgicamente el socialismo, la Iglesia siempre se ha distanciado de la ideología capitalista, señalándola como culpable de graves injusticias sociales”. Repitiendo el mensaje que proclamó el mes pasado en Estados Unidos, en Letonia el Papa advirtió que el mundo moderno debe revisar sus prioridades si se quiere evitar conflictos entre las naciones ricas y las pobres en el siglo XXI. Su principal exigencia es el respeto a la inviolabilidad de la vida. Este mensaje está destinado a tener resonancias diferentes en distintas partes del mundo. En Estados Unidos, subraya la firme oposición de Juan Pablo II al aborto, el control de la natalidad y la eutanasia. En Europa alude a los peligros de las rivalidades étnicas, incluidos los horrores de Yugoslavia.

Juan Pablo II está cada vez más preocupado por el mundo en desarrollo. Entiende que en el siglo próximo la Iglesia católica debe extenderse por África y Asia, y a la vez penetrar en las ruinas del imperio soviético. Trazando un panorama basado en la justicia para todos, Juan Pablo II espera trascender las fronteras nacionales y religiosas. Para un Papa cuyo pontificado se acerca a su decimosexto año, su programa es asombrosamente ambicioso. Pero tiene razones para creer en el poder de la oración y en el valor del optimismo. Hace pocos años, le negaron permiso para visitar las mismas tierras donde la semana pasada fue recibido como un héroe.

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