Juan Pablo II y Bartolomé I confirman el compromiso de buscar la unidad de la Iglesia

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Duración lectura: 4m. 14s.

Roma. Una declaración conjunta firmada por Juan Pablo II y Bartolomé I puso fin a la visita de tres días que el Patriarca ortodoxo de Constantinopla realizó a Roma, con ocasión de la festividad de San Pedro y San Pablo. Aunque el texto no anuncia ningún acuerdo llamativo, sino la voluntad de continuar avanzando en el camino que conduce a la unidad, el hecho de que la visita se llevara a cabo -en un clima, además, de auténtica fraternidad- supone un paso significativo en el diálogo ecuménico entre la Iglesia católica y las comunidades ortodoxas.

El Papa ha concedido gran importancia a esta visita, que estuvo precedida por la publicación de la carta apostólica Orientale lumen, sobre las Iglesias orientales, y por la encíclica Ut unum sint, sobre el ecumenismo. Durante la estancia del Patriarca en el Vaticano se ha confirmado que el único punto serio de separación entre ambas confesiones es cómo entiende cada una la función del primado de Pedro. Ese habrá sido, sin duda, uno de los temas centrales tratados durante los tres encuentros privados que mantuvieron el Pontífice y el Patriarca.

El argumento salió a la luz expresamente durante las homilías de la misa que Juan Pablo II celebró en la basílica vaticana, en la festividad de San Pedro y San Pablo, en la que Bartolomé I participó en la liturgia de la palabra (luego siguió la ceremonia desde un sitial). Para el Patriarca, el primado hay que buscarlo “no entre las personas, sino más bien entre los ministerios de servicio”; el Papa añadió que si bien la autoridad transmitida por el Señor a los apóstoles es de servicio, “les ha sido dada en la persona de Pedro y en comunión con él”. Precisamente durante la misa del 29 de junio, como es tradición en esa fecha, tuvo lugar un rito que expresa esa comunión: el Papa impuso el palio a 29 arzobispos metropolitanos, de nombramiento reciente, procedentes de 18 países. El palio, una estola de lana, es signo de un particular vínculo con el sucesor de Pedro.

El momento de mayor simbolismo de estas jornadas fue la bendición que Juan Pablo II y Bartolomé I impartieron juntos, al concluir la misa, desde la loggia central de la basílica para los tres mil fieles que, a pesar de la intensa lluvia, se habían congregado en la plaza de San Pedro. Ya en 1987 el entonces Patriarca de Constantinopla, Demetrio, había realizado ese mismo gesto, con la diferencia de que en aquella ocasión la bendición no fue simultánea, sino sucesiva (primero bendijo el Papa en latín, y luego el Patriarca), en griego, y que el Patriarca no se dirigió a los fieles.

Tensiones entre los ortodoxos

Algunos observadores han puesto de relieve que con esta visita, surgida por su propia iniciativa, Bartolomé I (55 años, cuatro como Patriarca) dio una muestra de valentía y voluntad de unidad en cuanto que su estancia en Roma no era vista con buenos ojos por el Patriarcado de Moscú, ni por los de Grecia y Serbia, los tres que, hoy por hoy, mantienen unas relaciones más tensas con la Santa Sede.

El Patriarca de Constantinopla no cuenta con autoridad efectiva en el mundo ortodoxo, sino que le corresponde un primado honorífico, es el primus inter pares de las catorce Iglesias ortodoxas tradicionales. Los fieles que dependen directamente de él son solamente los tres o cuatro mil griegos que viven en la capital turca, Estambul, antigua Cons-tantinopla.

Los últimos cinco años -con la caída de los regímenes comunistas pero también con el resurgir de nacionalismos- no han sido sólo problemáticos para las relaciones entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa. Las tensiones atraviesan también el interior de la misma Iglesia ortodoxa, donde crece la influencia del Patriarcado ruso, el de mayor peso numérico, con 93 millones de fieles (los rumanos son 18 millones; los griegos, 14 millones; los serbios, 8,5 millones; mientras que el resto suman otros 7,5 millones; en total, según las estimaciones más difundidas, el número de cristianos ortodoxos ronda los 141 millones).

El Patriarca informó al Papa de que para el próximo mes de septiembre está previsto un sínodo en el que participarán los Patriarcas de todas las Iglesias ortodoxas. Si la asamblea tiene lugar, será efectivamente un paso adelante, pues las tensiones internas han impedido hasta ahora una reunión de ese tipo.

En unas declaraciones a la prensa, antes de abandonar Roma, Bartolomé I manifestó que el deseo de alcanzar la plena unidad “es sincero y común a católicos y ortodoxos, y podemos ser optimistas”. Añadió que con el Papa había mantenido auténticos encuentros entre hermanos en Cristo, en los que hablaron sinceramente, y que estaba particularmente conmovido por la reunión que mantuvo con jóvenes de la diócesis de Roma.

Diego Contreras

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