Juan Pablo II: la dignidad de la liturgia acerca a Dios

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Duración lectura: 1m. 53s.

La dignidad de la liturgia es una respuesta eficaz a las ansias de espiritualidad que se observan en nuestra sociedad. Lo afirma Juan Pablo II en una breve carta apostólica firmada el pasado 4 de diciembre con motivo del cuarenta aniversario de la constitución Sacrosanctum Concilium, el documento que el concilio Vaticano II dedicó a la liturgia.

El Papa toma ocasión de esta efeméride para invitar a reflexionar sobre cómo ha sido recibida en toda la Iglesia la reforma litúrgica promovida por el Vaticano II y para subrayar que corresponde a los pastores discernir lo que es adecuado y lo que no lo es. Es preciso, afirma, “conjugar una normativa que asegure a la liturgia su identidad y su decoro, con espacios de creatividad y de adaptación que la acerquen a las exigencias expresivas de las diversas regiones, situaciones y culturas”.

La falta de respeto de las normas litúrgicas produce a veces abusos, incluso graves, que oscurecen la verdad del misterio y crean desconcierto y tensiones entre los fieles. “Tales abusos -subraya el Papa- no tienen nada que ver con el auténtico espíritu del Concilio y deben ser corregidos por los pastores con una actitud de prudente firmeza”.

El Santo Padre pone de relieve que la vida espiritual de los fieles se alimenta de la celebración litúrgica, la cual debe hacer brotar “el gusto por la oración”. Para ello, además de las prácticas piadosas, tiene también un papel importante “la experiencia del silencio”, así como la música y el arte sagrados. En este contexto, el Papa vuelve a destacar el valor del domingo como día dedicado al Señor y como fundamento y núcleo de todo el año litúrgico.

La liturgia tiene también un importante papel en la “nueva evangelización”, aunque “a primera vista parece colocada fuera de juego en una sociedad ampliamente secularizada”. Sin embargo, observa el Papa, “es un dato de hecho que en nuestro tiempo reemerge -de muchas formas- un renovado deseo de espiritualidad”. En lo más íntimo del hombre no es posible cancelar la sed de Dios: ante este anhelo, la liturgia ofrece la respuesta más profunda y eficaz.