Inquietudes de los cristianos de Irak

Análisis

El viaje del cardenal Roger Etchegaray a Bagdad, como enviado especial del Papa, y la entrevista del viceprimer ministro iraquí, Tarek Aziz, con Juan Pablo II, han puesto de relieve el papel que está jugando la diplomacia vaticana para evitar la guerra. Y no solo por defender el ideal de la paz, sino también porque una guerra haría más difícil la supervivencia de los cristianos en Irak.

Después de la guerra del Golfo, el número de los cristianos de Irak no ha dejado de disminuir. Se les conoce con diversas denominaciones (asirios, caldeos, siríacos…), y están divididos en diferentes confesiones. Pero, tal y como ha sucedido en otros lugares de Oriente Medio -Palestina, Jordania, Siria-, los cristianos han tomado desde hace tiempo el camino de la emigración.

En 1987 vivían en la antigua Mesopotamia alrededor de 1,2 millones, pero actualmente son entre 600.000 y 800.000, algo más del 3% de una población de unos 23 millones de habitantes. En este éxodo han influido no solo las consecuencias del embargo internacional y el prolongado clima prebélico, sino también el proceso de islamización emprendido por el régimen de Sadam Husein en los últimos doce años.

En función de sus intereses políticos y buscando el apoyo del mundo árabe y musulmán, el presidente iraquí ha incluido la leyenda “Alá es grande” en la bandera de su país, ha hecho remontar su genealogía hasta el propio Mahoma y en sus discursos ha utilizado una retórica histórico-religiosa impensable en el líder del partido Baas, caracterizado por sus connotaciones panarabistas y socializantes.

A diferencia de otros países islámicos, los cristianos de Irak gozan de libertad de culto -en Bagdad existen unas cincuenta iglesias de las diversas confesiones- y han estado, por lo general, bien representados en las estructuras del poder, sobre todo en el partido Baas, uno de cuyos fundadores fue en 1947 un cristiano libanés. Es bien conocido que el viceprimer ministro iraquí, Tarek Aziz, es cristiano. Encontramos también cristianos en unidades militares de especial confianza de Sadam como la guardia republicana y la guardia presidencial. La pertenencia de cristianos al Baas se basa en la adhesión, más en el pasado que ahora, a unos ideales nacionalistas y panarabistas que hacían hincapié no en la religión musulmana sino en la nación árabe.

Entre dos fuegos

La situación ha cambiado desde que no corren buenos tiempos para la laicidad. Los cristianos pueden verse atrapados entre dos fuegos: el de la acusación de apoyar al régimen y la insinuación de complicidad con las potencias occidentales, sobre todo Estados Unidos. Recordemos que durante el dominio británico, entre 1920 y 1932, Londres admitió a numerosos cristianos en su administración colonial. Cuando Irak alcanzó la independencia, ya surgieron acusaciones contra ellos de ser agentes del imperialismo británico, y en 1933 se desató una persecución étnica.

En general, los cristianos son respetados. Pero, como declaraba recientemente el obispo caldeo Mons. Shelmon Warduni, “los musulmanes identifican al cristiano con el occidental y nuestra situación se ha vuelto más delicada” tras la guerra del Golfo. “En caso de agudización del conflicto, seguramente nos tendremos que enfrentar con dificultades aún más graves”.

Una de las incógnitas del futuro de Irak es si el país no será desmembrado entre kurdos y chiítas (estos representan un 60% de la población). Los cristianos tienen miedo a un Irak etnicista o islamizante, ven con desconfianza a los chiítas y temen la implantación de un régimen similar al iraní, sobre todo porque en territorio iraquí los chiítas tienen algunos de sus lugares santos como Kerbala. La situación de los cristianos es algo mejor en el Kurdistán, unos 40.000 km2 controlados por el gobierno regional kurdo, que tiene carácter laico. En este territorio, que forma parte de la zona de exclusión aérea decretada por Estados Unidos y Gran Bretaña, los cristianos han podido construir unas 40 escuelas que enseñan a 8.000 niños. Sin embargo, en el parlamento kurdo los asirios o cristianos solo están representados con 5 escaños de un total de 105.

El gobierno kurdo dice no defender un proyecto de Estado étnico y que solo aspira a gozar de autonomía dentro de un Estado federal iraquí. Pero los cristianos querrían estar representados como minoría en el Irak post Sadam. Los turcomanos, otra minoría iraquí, tendrán siempre la sombra de Turquía que vele por ellos y que se opondrá a cualquier intento kurdo de situar la capital de Kurdistán en Mosul, foco tradicional de población turcomana y con abundantes recursos petrolíferos. En cambio, los cristianos, a diferencia de lo que sucedía en algunas intervenciones coloniales del siglo XIX, no tienen ninguna potencia extranjera que salga en su favor. Tienen, por tanto, sobradas inquietudes tanto ante un conflicto bélico como ante la compleja articulación político-social de Irak tras la caída de Sadam.

Antonio R. Rubio

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares