Incomprensión laicista en Europa

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Duración lectura: 2m. 16s.

Irshad Manji, “joven musulmana canadiense que habla a favor de reformas en el islam” –como ella misma se define–, ha viajado por distintos países para promover sus propuestas. Después de recorrer Norteamérica ha hecho una gira por Europa, donde le ha llamado la atención la extendida actitud laicista. Lo cuenta en “International Herald Tribune” (19 noviembre 2004).

“No esperaba un recibimiento cálido por parte de mis correligionarios musulmanes. Pero ahora tampoco estoy segura de que los musulmanes liberales como yo podamos encajar a gusto en la Europa secularizada”. Parece que “ni siquiera un musulmán moderno puede ser bastante moderno para Europa occidental”. Manji presenta un hecho sintomático: “De Amsterdam a Barcelona, de París a Berlín, la gente me hace, incrédula, una pregunta que nunca me han hecho en Estados Unidos ni en Canadá: ¿Por qué una mujer independiente se preocupa de Dios? ¿Para qué necesitas la religión?”.

Entre Norteamérica y Europa, Manji percibe una diferencia de actitud no tanto hacia el islam, sino más bien hacia la religión. Para muchos europeos, dice, “la religión es una fuerza irracional”. De ahí, por ejemplo, la exagerada prevención contra el “hiyab”, “el velo que muchas musulmanas llevan en señal de modestia”: según una opinión extendida en Europa, “las mujeres que se cubren son estúpidas en el mejor de los casos, y quizá peligrosas”.

A juicio de Manji, esta suspicacia europea tiene una raíz profunda. “La inmigración masiva de musulmanes vuelve a hacer visible la fe en la escena pública y está creando una modernidad post-ilustrada en Europa occidental. Este retorno de la religión amenaza el humanismo secular, la ortodoxia dominante desde la Revolución Francesa. Paradójicamente, como muchos europeos creen que están perdiendo los valores de la Ilustración con la llegada de ‘gente de fe’, acaban coincidiendo con los que en el mundo musulmán rechazan valores importados que ponen en peligro los suyos propios. Unos y otros son proteccionistas de la identidad”. Y así como entre los musulmanes hay extremistas, en Europa el “laicismo puede llegar a ser fanático, misionero… religioso, me atrevería a decir”.

Manji termina explicando por qué una “mujer independiente” puede apreciar la fe. “La religión suministra un conjunto de valores, la disciplina entre ellos, que sirven de contrapeso al materialismo de Occidente. Yo podría haber acabado siendo una materialista desenfrenada, un robot, una rata callejera que buscara la autorrealización en terapias baratas. Pero no he acabado así, porque la religión introduce otras aspiraciones, me inyecta una tensión que me fuerza a pensar y me permite evitar fundamentalismos de mi propia cosecha”.