Hacia la separación entre Iglesia y Estado en Suecia

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Duración lectura: 1m. 51s.

El sínodo de la Iglesia evangélico-luterana de Suecia aprobó el proyecto de ley elaborado por la comisión eclesiástica del parlamento que prevé una progresiva separación entre la Iglesia y el Estado. El proyecto, sin embargo, fue criticado por representantes de otras confesiones, que lo consideran sólo un paso intermedio. Se teme, en efecto, que en el futuro permanezcan dos ordenamientos jurídicos diferentes, uno para la ex Iglesia de Estado y otro para las demás comunidades religiosas.

A partir del 1 de enero de 1996, desaparecerá la praxis, hasta ahora vigente, por la que cada sueco venía registrado automáticamente como luterano sin necesidad incluso de bautismo (bastaba que uno de sus padres lo fuera). Por esta razón, no son nada indicativas las cifras de pertenencia a la Iglesia de Suecia, que giran en torno al 89% de la población (de los que, según las últimas encuestas, menos del 4% participa regularmente en los servicios religiosos).

Otra novedad es que el gobierno dejará de nombrar a los obispos -hasta ahora considerados funcionarios del Estado- y que las parroquias -que cumplían también funciones de registro civil- no podrán cobrar directamente impuestos. Un tema debatido es el de los funerales y sepulturas, pues gran parte de los 28.000 empleados de la Iglesia de Estado trabaja en los cementerios.

Según el proyecto de ley, el parlamento que resulte de las elecciones de 1998 deberá aprobar otras leyes con el fin de derogar el sistema de la Iglesia de Estado antes del 1 de enero del año 2000. El poder político, de todas formas, impuso las condiciones en las que se moverá la todavía Iglesia de Estado: deberá ser democrática, evangélico-luterana y episcopal, y abarcará todo el territorio nacional.

“Es un paso en la dirección apropiada, pero no puede ser el paso decisivo”, sostiene monseñor Hubertus Brandenburg, obispo católico de Estocolmo, en unas declaraciones a la revista 30 Giorni. Los católicos, con sus 150.000 fieles (sólo 15.000 suecos), son el segundo grupo religioso del país. La ley de libertad religiosa de 1952 permitió el renacer de la Iglesia católica en Suecia, de donde había sido oficialmente expulsada en 1595.

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