Francia: mejora el clima político respecto al culto musulmán

Las autoridades locales francesas van dejando de lado sus recelos respecto al islam, manifestados en continuas trabas para la construcción de sus templos. Ahora se relanzan en varias ciudades proyectos de nuevas mezquitas o salas de culto que llevaban estancados varios años.

Ejemplo del nuevo clima -del que se hace eco Le Monde (21-II-96)- es la aceptación social que ha alcanzado la mezquita de Lyon, inaugurada en septiembre de 1994 no sin oponentes. Ahora sus responsables son considerados como interlocutores de los poderes públicos, algo que se demostró útil tras la ola de atentados que hubo el verano pasado.

En Francia, el islam es la segunda religión con más fieles. La práctica religiosa está aumentando entre los hijos de los emigrantes, pero se calcula que es aún muy escasa (5%). Los musulmanes cuentan con unos 1.500 lugares de culto, aunque la mayoría aprovechan sótanos, garajes o salones; sólo han sido edificados sesenta lugares con fin religioso. En el país hay ocho mezquitas de más de mil plazas.

En París, donde existen tres mezquitas, se habla desde hace años de construir otra, para lo cual siguen las negociaciones con los servicios técnicos del ayuntamiento. Pero resulta significativo que todos los representantes políticos del distrito donde se construiría estén ahora de acuerdo con el proyecto. Otros proyectos semejantes avanzan en Lille, Nevers, Sarcelles y Créteil, donde muchos musulmanes practicantes se reúnen en lugares provisionales.

La financiación de los proyectos sigue siendo un obstáculo, ya que la comunidad musulmana es más bien pobre, con lo que debe buscar financiación exterior. La ley de 1905, sobre la separación de la Iglesia y el Estado, prohibe a los gobiernos locales financiar los lugares de culto. Sólo en Alsacia y la Moscla, las religiones con más fieles conservan desde el siglo pasado una situación peculiar. La Iglesia católica, en virtud del Concordato napoleónico de 1801, y los cultos luterano, reformado y judío, por acuerdos similares. Las autoridades reconocen oficialmente los cultos y remuneran a dos mil sacerdotes, pastores y rabinos. En contrapartida, los principales dirigentes religiosos son nombrados por el Estado; especialmente los arzobispos de Estrasburgo y Metz, aunque normalmente el gobierno de París acepta a los elegidos por la Santa Sede.

Algunos políticos se han preguntado si esta situación se podría extender a los musulmanes, para que no sufran un trato desigual… Lo que los musulmanes han pedido ya es poder construir una mezquita en Estrasburgo, donde no hay todavía ninguna.

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