Físico y creyente

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Nelson Page, físico especialista en agujeros negros y en la teoría del “Big Bang”, afirma que es posible profundizar en la ciencia y creer. Lo cuenta Allen Abel en un reportaje, aquí resumido, para Saturday Night (Toronto, 24 febrero 2001).

El Profesor Nelson Page, estadounidense, es un prestigioso cosmólogo de la Universidad de Alberta (Canadá) y uno de los mejores expertos mundiales en agujeros negros, gravedad cuántica y el Big Bang. Es amigo y frecuente colaborador de Stephen Hawking.

Tiene 52 años, es padre de cinco hijos, dos de ellos adoptados en Haití, y es de religión baptista. Durante treinta años, Page ha intentado retratar el universo de manera consecuente con la fe y con el radiotelescopio. Esto le ha valido algunas desavenencias e incluso burlas de “ambas partes”. Pero dice que una vida compartida con la ciencia y la fe no es una tarea imposible. Y cita el libro de los Salmos, que conoce bien: “Grandes son las obras de Yahvéh, meditadas por los que en ellas se complacen”. A veces, mientras ayudaba a Hawking a tomar el desayuno, Page trataba de darle doctrina, aunque sin mucho éxito. En cierta ocasión, durante un congreso celebrado en Moscú, tendió una Biblia a Andrei Sajarov, mientras le decía: “Usted es un hombre de paz y este es un libro sobre el Príncipe de la Paz”. Sajarov no quiso aceptar el regalo.

Como tantos físicos contemporáneos, Page anda detrás de una gran teoría unificada de toda la realidad física, es decir, un sistema de ecuaciones básicas que explicarían el movimiento de todos los objetos del cosmos, desde las galaxias hasta el baile subatómico de los quarks. Estas ecuaciones pueden existir o no, lo que añade encanto a la búsqueda, dice el profesor.

Las especialidades de Page son los agujeros negros y la gravedad cuántica. En sus estudios trata de averiguar la energía que tendría todo el universo en los primeros instantes posteriores a la gran explosión.

El profesor piensa que la búsqueda de la gran teoría unificada debería contar tanto con las condiciones del universo en el instante del Big Bang -que los físicos llaman la “singularidad cósmica”-, como con las “leyes dinámicas”, que nos dicen cómo se ha desarrollado el universo. Si el universo está en continua expansión, en algún momento ha sido más pequeño de lo que es ahora, y así sucesivamente hasta la singularidad cósmica. Además, según los trabajos de Page sobre gravedad repulsiva, el universo puede estar expandiéndose a ritmo acelerado, de modo que las galaxias continúan alejándose unas de otras.

Desde el momento que no hay razones para pensar que las leyes físicas cambian de repente en mitad de los procesos, se puede pensar que las leyes que hoy gobiernan el universo fueron las que dirigieron su expansión. Lo que todos los científicos tienen que hacer ahora es averiguar qué reglas son esas.

Una guía para entender este problema es la Flecha del Tiempo. El tiempo, tal y como lo concebimos nosotros, es lineal y unidireccional. Stephen Hawking ha teorizado que si el universo se expandiera hasta cierto punto y a partir de ahí empezara a contraerse, la Flecha del Tiempo iría en sentido contrario, es decir, “en la fase de contracción las personas vivirían sus vidas hacia atrás: morirían antes de nacer y serían cada vez más jóvenes mientras el universo se contrajera”, según propuso en A Brief History of Time.

Pero Page demostró a Hawking que se equivocaba. Incluso en ese caso, la flecha aún apuntaría hacia adelante y la entropía seguiría incrementándose, no decreciendo. ¿Cómo se tomó Hawking la corrección?, pregunta el periodista a Page. “Al verse contradicho, estuvo ligeramente terco, hasta que se convenció. Pero cuando se convenció, lo reconoció de muy buen grado y dijo que aquel era el mayor error que había cometido jamás… al menos en la ciencia”.

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