El Vaticano insiste en su deseo de nombrar libremente a los obispos chinos

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Hasta el pasado mes de noviembre, la relación entre la Iglesia nacional china y la Iglesia católica había transcurrido en un clima de optimismo y esperanza. Los últimos diez obispos ordenados en China hasta entonces habían contado con la aprobación explícita de la Santa Sede, además de con el beneplácito del gobierno.

Pero, de manera un tanto desconcertante, la fórmula de convivencia a la que se había llegado se vio quebrada a finales del año pasado por dos movimientos realizados por el Gobierno chino, de quien depende la Iglesia nacional, también denominada Iglesia “patriótica”. En noviembre del año pasado se procedió a la ordenación episcopal de Joseph Guo Jincai, sin la aprobación del Vaticano y en diciembre se celebró el VIII Congreso Nacional de Representantes Católicos, a pesar de la oposición de la Santa Sede. Abusos ambos ante los que El Vaticano reaccionó con firmeza (cfr. Aceprensa, 23-12-2010).

Mensaje de la Comisión para la Iglesia católica en China

Hace unos días se ha celebrado la cuarta Reunión Plenaria de la Comisión para la Iglesia en China, con la que la Santa Sede ha querido detenerse en particular en las dificultades surgidas en los últimos meses en el país asiático.

En lo que respecta al episodio de la ordenación episcopal de Guo Jincai, la Santa Sede, “en base a las informaciones y a los testimonios recibidos hasta ahora, no tiene razones para considerarla inválida, mientras que la considera gravemente ilegítima, porque ha sido conferida sin el mandato pontificio, y esto hace también ilegítimo el ejercicio del ministerio. Estamos además doloridos porque ha tenido lugar después de una serie de consagraciones episcopales consensuadas y porque los obispos consagrantes han sufrido varias presiones”.

La Comisión también reconoce en su mensaje que dicho acto tuvo lugar habiendo sufrido presiones los obispos consagrantes. Pero, a pesar de este reconocimiento y comprensión por parte de la Santa Sede hacia los obispos implicados en los actos ilegítimos, recuerda que “queda sin embargo una herida, provocada al cuerpo eclesial. Cada obispo implicado debe, por tanto, dar explicaciones a la Santa Sede y encontrar el modo de aclarar su propia postura a los sacerdotes y a los fieles, profesando nuevamente la fidelidad al Sumo Pontífice, para ayudarles a superar su sufrimiento interior y para reparar el escándalo exterior que se ha causado”.

Sobre la celebración de la VIII Asamblea Nacional de representantes Católicos, el mensaje de la Santa Sede se remite a la carta de 2007 en la que el Papa denunciaba la pretensión de algunos organismos impuestos por el Estado y ajenos a la estructura de la Iglesia de dirigir la vida de la comunidad eclesial, al margen de los obispos legítimos.

La Comisión muestra también su preocupación por la necesaria y urgente elección de los pastores para las numerosas diócesis vacantes e insiste en que “la Santa Sede desearía ser completamente libre en el nombramiento de los Obispos”. Al término del encuentro, el Papa recibió a los participantes y “reconoció el deseo de unidad con la Sede de Pedro y con la Iglesia universal que los fieles chinos no dejan de manifestar, aun en medio de muchas dificultades y aflicciones”.

Cambio de rumbo de la Iglesia “patriótica”

En los últimos años, el clima de reunificación con la Iglesia universal en el seno de la Iglesia “patriótica” había dado fuerzas a algunos obispos “patrióticos” en comunión con el Santo Padre, hasta el punto de lograr el aplazamiento del Congreso por no contar con el beneplácito de Roma. Los dos últimos movimientos de la Iglesia “patriótica” llevan a pensar que la línea más contraria al acercamiento, liderada por Lui Bainian, ha decidido imponerse y acabar con la convivencia de los últimos años.

“Aquí es una opinión común que la ordenación ilícita de Guo Jincai estaba relacionada con la celebración del Congreso Nacional de Representantes Católicos”, apunta Javier de Pedro, corresponsal de la revista Palabra en Hong Kong. Al parecer, Guo Jincai podría ser el relevo que está preparando el vicepresidente y secretario general de la Asociación Patriótica Nacional China, Anthony Lui Bainian, el principal opositor a la Iglesia católica.

El hecho de que ambas acciones tuvieran lugar de manera consecutiva y la forma en la que se llevaron a cabo –con la detención y persecución de algunos obispos para obligarles a participar tanto en la ordenación como en el Congreso– llevan “a confirmar los peores presagios que se tenían sobre la finalidad de la asamblea: convertirla en medio de unificación, bajo el control de Liu Bainian”. A mediados de diciembre se hicieron públicas las conclusiones del Congreso. Entre ellas, se nombraba a Liu presidente honorario de la autollamada Conferencia Episcopal y de la asociación Patriótica y se llevaban a cabo otros nombramientos de obispos patrióticos en los distintos cargos de representación, algunos de ellos consagrados sin la aprobación papal.

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