El Vaticano abre el archivo del Santo Oficio

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Duración lectura: 2m. 37s.

La Santa Sede ha puesto a disposición de los estudiosos el último de sus archivos que hasta ahora permanecía cerrado, el del Santo Oficio. El material disponible va desde 1542 a 1903. Culmina así un proceso iniciado por el Papa León XIII en 1881, cuando abrió el Archivo Secreto Vaticano.

El anuncio de la apertura de los archivos ha suscitado gran interés entre los especialistas, pues las fuentes documentales abarcan tres siglos y medio cruciales en la historia. Sin embargo, se encontrarán pocos documentos apasionantes para la opinión pública que no sean ya conocidos. Por ejemplo, los relativos al “caso Galileo” ya fueron exhumados con ocasión de la revisión del proceso, realizada a iniciativa de Juan Pablo II. Otros de los que últimamente se habla, los que recogen las actuaciones de la Santa Sede con respecto a los judíos durante la II Guerra Mundial, no pertenecen a los archivos del Santo Oficio ahora abiertos y están publicados desde tiempos de Pablo VI.

Por otro lado, muchos documentos han desaparecido en las mermas que los archivos del Santo Oficio han sufrido a lo largo de los siglos. Casi todos los anteriores a 1559 resultaron quemados en un tumulto popular ocurrido en aquel año. Los posteriores fueron incautados por Napoleón tras la invasión de Roma (1798), y sólo una parte de ellos volvió luego al Vaticano; el resto se perdió o quedó disperso en bibliotecas de distintos países europeos.

Los escritos del archivo se refieren, en gran parte, a controversias teológicas juzgadas por el Santo Oficio e incluyen cuestiones de conciencia. De ahí que siga restringido el acceso a los documentos más recientes, pues las personas interesadas viven aún o han fallecido hace poco.

El cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sucesora del Santo Oficio, anunció que se publicará una colección de documentos titulada Fontes Archivi Sancti Officii Romani, donde verán la luz los textos de mayor interés.

El cardenal explicó que el archivo estaba ya abierto a los estudiosos desde enero de 1991, pero que no se había dado publicidad para evitar sensacionalismos y porque era preciso resolver problemas prácticos: escasez de personal, experimentación del sistema de acceso, etc.

El espíritu con el que la Congregación para la Doctrina de la Fe abre sus archivos, según añadió Ratzinger, está reflejado en una carta que el profesor Carlo Ginzburg, que se autodefine “hebreo de nacimento y ateo”, envió a Juan Pablo II: “La apertura a los estudiosos del archivo del Santo Oficio sería una ocasión para demostrar la solicitud y la actitud abierta de la Iglesia hacia el mundo y los problemas de la cultura. Al mismo tiempo, la Iglesia mostraría que no teme, tampoco en este caso, una investigación crítica y científicamente seria”.

En la jornada de estudio que se organizó en la Accademia Nazionale dei Lincei, de Roma, con motivo de la apertura de los archivos, se subrayó que las materias documentadas son de carácter predominantemente teológico.

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