El proceso de Juan Pablo II, vía rápida con seriedad

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A la muerte de Juan Pablo II, su fama de santidad entre los fieles se expresó en los gritos de “santo subito”. Benedicto XVI optó por seguir el proceso previsto para las causas de los santos, con la única dispensa de los cinco años de espera para la apertura del mismo. Ahora algunos que nunca fueron partidarios de Juan Pablo II lanzan la sospecha de que esta “vía rápida” puede llevar a pasar alto zonas oscuras del gobierno de Juan Pablo II.

En realidad, la dispensa de los cinco años de espera no afecta a la exhaustividad de la investigación del proceso. Los encargados de investigar su vida interrogaron a 114 personas, tanto a favor como en contra de la beatificación. Se trata de 35 cardenales, 20 obispos, 11 sacerdotes, 5 religiosos, 3 monjas y 36 laicos, 3 no católicos y 1 judío. Cada uno respondió a 129 preguntas. Entre ellos había varios jefes de Estado y políticos, 2 patriarcas ortodoxos, el primado anglicano y una personalidad del mundo judío. Además, seis historiadores dedicaron 16 meses a reconstruir minuciosamente su vida como hombre, como sacerdote y como Papa.

El postulador de la causa de beatificación, el sacerdote polaco Slawomir Oder, ha explicado en unas declaraciones a la agencia Zenit (5-04-2011) que “el proceso mismo se ha desarrollado cumpliendo, absolutamente, las normas canónicas. Con todos los criterios que han existido para otros procesos canónicos”. Aclara que “la praxis de la Congregación para las Causas de los Santos es la de dar preferencia a las causas que, más allá de la heroicidad de las virtudes, tienen ya el milagro, que son dos procesos distintos”.

“La positio fue inmediatamente sometida a la discusión de los teólogos y los cardenales porque el milagro que debía acreditar la causa sucedió muy pronto, y el proceso sobre el milagro fue depositado en la Congregación para las Causas de los Santos el día antes del proceso sobre las virtudes, y esto, de alguna manera, ha facilitado la posibilidad de seguir avanzando.”

En otra entrevista publicada en Gaudium Press (16-03-2011) le preguntan si encontró diferencias entre el Juan Pablo II que conoció en vida y aquel que emerge de la documentación del proceso. Oder contesta que “lo que más me sorprendió en este encuentro con la figura de Juan Pablo II fue principalmente su transparencia y coherencia. Realmente no era un hombre de dos caras, una en privado y otra en público. Toda su humanidad, la riqueza de su espiritualidad y de su fe, así como la vivía en privado, la manifestaba en público. Y todo aquello que manifestaba hacia fuera ciertamente nacía de su profunda convicción de fe”.

“Lo que me ha impresionado –declara a Zenit–, aparte de ser el aspecto más importante, es descubrir que la fuente, el origen de esta actividad extraordinaria, de esta generosidad en el actuar, de la profundidad de su pensamiento, es la relación con Cristo. Ha salido a la luz seguramente, un hombre místico”.

Críticas a la beatificación

Algunas de los críticos de la beatificación de Juan Pablo II aseguran que durante su pontificado no se dio suficiente importancia al tema de los abusos sexuales cometidos por clérigos contra menores. Al preguntarle sobre esto, Oder recuerda que “su reacción cuando salió a la luz el problema fue convocar a todos los obispos americanos a Roma para afrontar la situación. Cuando se pusieron en su conocimiento estas situaciones dolorosas, se involucró y estaba determinado a dar una respuesta adecuada”.

“Fue él quien promulgó [en abril de 2001] las nuevas reglas que tenían que ver con este tipo de delitos, como instrumento jurídico para resolver estas situaciones”. También hace notar Oder que “ciertas situaciones, con su gravedad y extensión, se conocieron sólo al cabo del tiempo”.

Otra cuestión dolorosa fue cuando salió a la luz al final de su pontificado el caso del padre Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. Hoy las críticas más malintencionadas intentan hacer creer que Juan Pablo II “protegió” a Maciel. Mons. Oder afirma que en el proceso no se ha olvidado este caso: “Hemos realizado todas las investigaciones que, naturalmente, estaban dirigidas a profundizar en este caso tan doloroso para la Iglesia, que efectivamente explotó, prácticamente, después de la muerte de Juan Pablo II. Se debe, sin embargo, recordar que las investigaciones se realizaron durante su pontificado”. Y de las investigaciones realizadas “se puede excluir cualquier participación personal del Santo Padre en este asunto, en el sentido de que lo que sabía en el momento de su muerte no era más de lo que sabía todo el mundo”.

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