El papel del islam en las sociedades árabes emergentes

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Después de las revueltas árabes, ¿qué función desempeñará el Islam en las nuevas sociedades emergentes? Dos intelectuales árabes, representativos de la tendencia liberal y la religiosa, responden en un debate organizado por Le Monde (22-04-2011).

¿Qué función desempeñará el islam en las nuevas sociedades emergentes en los países árabes, después de las revueltas iniciadas el pasado mes de enero en Túnez y Egipto? ¿Hasta qué punto los partidos islamistas aceptarán las reformas democráticas en curso? En suma, vuelve el viejo dilema: ¿es compatible el islam con la democracia? Estas y otras preguntas que se hacen –sin respuestas claras, de momento– los observadores del mundo árabe y sus propios habitantes, son objeto de continuos de debates en los medios de comunicación franceses que, acaso, son los que con más atención e interés siguen el curso de los acontecimientos después de las revueltas en el Norte de África y Oriente Medio.

El diario parisiense Le Monde ha citado a dos de los “pesos pesados” más polémicos del momento y que representan las tendencias liberal y religiosa que dividen el pensamiento islámico: el intelectual tunecino Abdeluahab Meddeb y el controvertido profesor de pensamiento islámico residente en Suiza, Tariq Ramadan. Recordemos, antes de entrar en la materia de la apasionante discusión mantenida ante el moderador Nicolás Truong, que Meddeb es el autor de un ensayo sumamente crítico sobre el integrismo islámico (“El integrismo, enfermedad del islam”) y de un libro de reciente aparición sobre la “primavera de Túnez”.

A su vez, el profesor Ramadan, nieto del fundador de la cofradía egipcia de los Hermanos Musulmanes, es acusado de mantener una peligrosa ambigüedad doctrinal: por un lado defensor de un islam “modernizado” en Europa y por otro de una vuelta al Estado islámico cuando habla ante su público musulmán. En todo caso, ambos rechazan con igual rotundidad la corriente islamófoba que se ha instalado en buena parte de la sociedad occidental, que trata de convertir el islam en chivo expiatorio de sus debilidades.

¿Son islámicas las revueltas?

Hechas estas precisiones, vamos a ver aquí en apretada síntesis lo que han contestado a las preguntas comprometidas del moderador del debate:

A la pregunta de si pueden calificarse de postislámicas las revueltas árabes, Tariq Ramadan admite que, si bien es verdad que tales movimientos –tan sorprendentes e inesperados– no han surgido con el reclamo del islam, no se oponen, sin embargo, a sus valores religiosos y culturales: las revueltas no son islamistas, pero son islámicas porque el referente religioso no ha desaparecido de las movilizaciones. Por el contrario, Abdeluahab Meddeb cree que las revueltas van más allá del islam y no tienen nada que ver con la identidad religiosa o cultural: las gentes se han levantado contra una situación en la que no se respetaba la más mínima libertad individual. No han sido pues los musulmanes los que han protestado sino los oprimidos. Su única referencia ha sido el derecho a la libertad, a la dignidad y a la justicia que todo ser humano reivindica, lo cual excede la dicotomía Oriente-Occidente.

En sentido contrario, Tariq Ramadan estima que el reclamo de los valores de la democracia tan presente en las revueltas, no está en contradicción con los principios culturales y religiosos del islam. La referencia es Turquía, no Irán; incluso una parte de los partidos islamistas reclaman ya un Estado civil… Ante estas afirmaciones, Meddeb matiza: lo que ocurre ha venido a precipitar la evolución de todas las tendencias. Se ha salido de la fatalidad que oponía la dictadura al islamismo y, en consecuencia, el islamismo podría evolucionar hacia una “democracia islámica” a imitación de la “democracia cristiana”.

¿La “charía” en las nuevas Constituciones árabes?

Entonces, ¿qué valores fundamentales van a primar en las nuevas Constituciones en elaboración? A esta pregunta, Tariq Ramadan precisa que los nuevos modelos árabes no se van a decidir en Occidente, sino que serán producto de la historia, la cultura y la psicología colectiva islámica. Ello implica, a su modo de ver, cinco principios: Estado de Derecho, ciudadanía igualitaria, sufragio universal, responsabilidad política de los mandatarios y separación de poderes. Es decir, los valores universales… enriquecidos por el hecho religioso como una cuestión ética. Más aún: Ramadan se arriesga a afirmar que no existe en el islam nada que se oponga a la distinción entre poder religioso y el civil democrático y secularizado; lo que ocurre es que el laicismo en el mundo árabe está asociado a las dictaduras (Saddam Husein, Bachar el Asad, Ben Ali, Mubarak…), así como a la colonización occidental.

No opina lo mismo Meddeb, como era de esperar: para el ensayista tunecino, habrá que hacer muchas acrobacias para conciliar el Estado civil con el derecho divino que define la “charía” y la integración del islam como religión del Estado, tal y como recomendaba Hasan Al Banna, el ancestro de Ramadan. Al citar la “charía”, Ramadan recuerda el fallido debate sobre la inclusión del cristianismo en la Constitución europea, rechazado en nombre de la laicidad y se muestra partidario de que la “charía” ocupe su lugar en las nuevas Constituciones como “orientación ética”, si bien debe definirse con precisión lo que este nombre significa y evoca.

Una relectura del Corán

Pero ¿por qué arriesgarse a introducir la “charía” como norma constitucional?, pregunta el moderador. Y Ramadan, tras insistir en que nada se opone en el islam a la separación de poderes –es una opinión, claro está–, plantea el debate abierto en el mundo islámico: mientras unos quisieran aprovechar las revueltas para imponer una teocracia literal, otros quisieran seguir las huellas de Occidente, lo cual hace necesario un debate crítico que permita la emergencia de sociedades libres y reconciliadas consigo mismas.

Meddeb, a su vez, es partidario de suspender toda referencia a la “charia” a cambio de instituciones racionales que organicen la convivencia ciudadana. Y recuerda: “La charía significa en árabe la vía, el camino y lo que importa es encontrarle la salida. Introducirla de nuevo en las instituciones supondría una marcha atrás”, algo a lo que Meddeb no está dispuesto y anuncia que lo combatirá. Ramadan, no obstante, insiste en la referencia ética del término que tanto asusta, pero con el cuidado de no servir de base para una teocracia islámica. A lo que Meddeb remacha que lo necesario es “deconstruir” la “charía” como una seña de identidad contraria a la libertad. Y en este sentido advierte contra el intento de Ramadan de “reinventar” ex novo la democracia… imponiendo la charía. Y concluye: “La Luces no pertenecen a Occidente sino a la humanidad entera”.

El debate no termina ahí. Para Ramadan hay que reivindicar la terminología islámica propia, como sugería en el siglo XIV el sabio andaluz Shatibi, una alusión que Meddeb vuelve del revés en la medida que el citado pensador se inspiró en el Derecho romano, por lo que insiste: la grandeza del islam se forjó porque acogió el pensamiento griego, romano, persa, indio, chino, etc. E insiste en algo que se suele olvidar: para imponer la “dimnitud”, es decir, el impuesto de “protección” a los cristianos reconocidos como inferiores, el legislador islámico apeló a los versículos 42-50 de la azora V en la aleya 118 mientras en la azora XI aleya 118 se dice que si Dios lo hubiera querido habría hecho de todos los hombres una sola comunidad, con lo cual el texto sagrado venía a reconocer el respeto a la diversidad.

Es decir, que el Corán –que ofrece muchos ejemplos contradictorios- se puede leer de otra manera si se quiere respetar su espíritu de convivencia entre las creencias, lo que, podemos añadir, supondría toda una propuesta revolucionaria en el mundo islámico que ya ha sido aludida por otros pensadores liberales islámicos.

Crisis de identidad de Europa

Ante esta observación, el moderador advierte que el Corán mismo invita también a una lectura integrista y alude al estatuto de la mujer… Aunque Medded observa que también en la Biblia se alude a un estatuto similar de la mujer, afirma que el problema reside en que los musulmanes leen todavía el Corán dentro del contexto patriarcal, del tiempo de las revelaciones, es decir, el siglo VII. Y añade que una parte del Corán está obsoleta, por lo cual hay que tener en cuenta una crítica histórica –una hermenéutica– en el marco del sentido común. Ramadan no está de acuerdo y tras citar tradiciones cristianas y budistas que, a su juicio, parten de textos que hoy pueden parecer chocantes, cree que también el islam ha sido objeto de diversas interpretaciones al hilo de la historia, con lo cual rehuye la observación de Meddeb.

Como conclusión, tras una alusión a la homosexualidad y la lapidación de los adúlteros dispuesta por el islam como algo contrario a la civilización, Ramadan se refiere a la crisis de identidad de Europa, provocada por la mundialización y que explica a su juicio la crispación francesa ante signos islámicos como el “burka” o los alminares. Y Meddeb concluye, provocador, que sería conveniente enseñar en las escuelas islámicas a Voltaire para descubrir algunas supercherías históricas y desmontar el fanatismo islámico.

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Traducción y presentación de Manuel Cruz.

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