El Papa, un amigo de los judíos desatendido por Israel

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La periodista israelí Caroline B. Glick es directora adjunta del Jerusalem Post. En un amplio artículo de opinión publicado el 3 de junio de 2008 en las páginas del diario, destaca los esfuerzos del Papa Benedicto XVI por hacer frente al integrismo islámico y le describe como un amigo de Israel y los judíos al que, sin embargo, las autoridades hebreas no prestan la atención que se merece.

Glick estima que el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, sufrió “un humillante revés” en su intento de buscar la legitimación internacional cuando el Papa Benedicto XVI rehusó reunirse con él durante su visita a Roma con motivo de la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria a principios de junio. Ahmadineyad, quien llama una y otra vez abiertamente a la destrucción de Israel, llevaba meses trabajando para fotografiarse con el Romano Pontífice, según la periodista.

Al respecto, Glick resalta la reunión mantenida en abril con el nuncio apostólico en Irán, monseñor Jean-Paul Gobel, durante la cual Ahmadineyad calificó al Vaticano de una “fuerza positiva en pro de la justicia y la paz”. “Pero Benedicto se mostró insensible ante los halagos de Ahmadineyad. Su petición de una audiencia con el Pontífice fue rechazada sin grandes complicaciones”, señala en el artículo de opinión, ilustrado con una gran fotografía de un sonriente Joseph Ratzinger.

La periodista destaca que, sin embargo, el Gobierno del primer ministro israelí, Ehud Olmert, no ha comentado de ninguna manera este gesto de rechazo de Benedicto XVI frente a quien es considerado por las autoridades judías el principal enemigo de Israel y la mayor amenaza para su seguridad.

“Esto no sorprende de ninguna manera, pues el Gobierno Olmert-Livni-Barak-Yishai nunca se ha molestado lo más mínimo en prestar atención a nada de lo que hace el Papa. Sus claras acciones en los últimos años para mover a los líderes islámicos a que repudien el asesinato y la violencia en nombre de Alá no ha suscitado ningún apoyo y, de hecho, tampoco ningún tipo de reacción desde Jerusalén. La desatención al Vaticano por parte del Gobierno Olmert-Livni-Barak-Yishai es lamentable, pero es acorde con la línea de este Gobierno, que ha limitado la política exterior de Israel a apaciguar a terroristas palestinos y hacer reverencias ante el Departamento de Estado norteamericano. Lo mejor que se puede puede decir sobre la situación es que por lo menos la desatención de Israel hacia la Iglesia católica -como su desatención a África, Asia, Europa, América del Sur y Australia- es benigna. En contraste, el trato que el Vaticano ha recibido de algunos líderes judíos estadounidenses está lejos de ser negligente y lejos de ser benigno”.

Glick escribe que, en lugar de apoyar al Papa en sus acciones contra el integrismo islámico, algunos líderes judíos estadounidenses atacan a la Iglesia por sus decisiones teológicas. En su artículo, la periodista menciona concretamente la polémica por la rehabilitación de la misa de san Pío V, que, en la oración de los fieles del Viernes Santo incluye un pasaje modificado en el que se pide “por los judíos, para que nuestro Dios y Señor ilumine sus corazones, para que reconozcan a Jesucristo salvador de todos los hombres”. Dicha oración ha generado agitadas críticas por parte de líderes judíos dentro y fuera de Israel, al considerar que en ella la Iglesia pide por la conversión de los judíos.

Sin embargo, la directora adjunta del Jerusalem Post contempla la disputa con serenidad. “Aunque es molesto para los judíos considerar que hay millones de católicos rezando para que abandonemos nuestra fe, no está claro por qué debería preocuparnos lo que digan en sus iglesias, ya que no están exigiendo nuestra presencia en disputas teológicas ni tratando de convertirnos a la fuerza. Al fin y al cabo, en nuestras oraciones rechazamos explícitamente su fe como falsa”, añade.

“El judaísmo y el cristianismo son dos religiones diferentes”, considera la periodista. “Pero comparten valores morales comunes, y es sobre la base de estos valores como pueden emprender acciones conjuntas y cada una puede juzgar las acciones de la otra. Judíos y cristianos no pueden juzgar al otro según la teología, sino según la moral”.

Glick afirma que “las acciones del Papa Benedicto dejan claro que es un amigo de Israel y del pueblo judío”, aunque “desgraciadamente, la grave ausencia de liderazgo judío tanto en Israel como en Estados Unidos hace que esto reluzca poco”.

Ver artículo original: Jews united for Israel’s friends en Jerusalem Post o en el blog de la autora.

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