“El Papa habla al mundo moderno con el vocabulario de la libertad”

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Duración lectura: 11m. 20s.

Publicada simultáneamente en media docena de idiomas, Testigo de esperanza (1) es la biografía de Juan Pablo II más extensa y documentada que se ha escrito hasta el momento. Su autor, el norteamericano George Weigel, recorre en más de mil páginas la vida del Papa desde su infancia hasta los acontecimientos más recientes. Para cubrir las distintas etapas, Weigel ha repasado los acontecimientos históricos que se han sucedido durante el pontificado, ha mantenido entrevistas con Juan Pablo II y sus colaboradores, y con quienes le trataron en su juventud. Durante su estancia en Madrid para presentar el libro, el autor respondió a nuestras preguntas sobre el Papa.

George Weigel, católico, es senior fellow del Ethics and Public Policy Center, del que fue presidente de 1989 a 1996. Ha escrito obras sobre temas relacionados con la teología moral, como Tranquillitas Ordinis (1987), en torno a la guerra justa. En The Final Revolution: The Resistance Church and the Collapse of Communism (1992) examinó la influencia de la Iglesia católica -y, singularmente, de Juan Pablo II- en el hundimiento del bloque soviético. Contra las tesis de Bernstein y Politi (Su Santidad, 1996; ver servicio 135/96), Weigel sostiene, como reitera en la biografía recién publicada, que no hubo conspiración política de Reagan y el Papa polaco. Más bien, el efecto “cultural” de la predicación de Juan Pablo II sobre los derechos humanos contribuyó a que terminara por caer el sistema totalitario, herido por sus propias debilidades. Pero nuestra conversación con Weigel se centró en otros aspectos.

George Weigel

En su libro dedica amplio espacio a la infancia y juventud del Papa. ¿Qué sorpresas se ha llevado en las conversaciones que ha mantenido con él?

– De su vida me han llamado mucho la atención dos cosas: el papel tan importante que tuvo su padre en su vida y el impacto tan extraordinario que le causó la II Guerra Mundial. El Papa creció muy rápido. En sus inicios como sacerdote ya era una persona madura y formada. Ya había decidido dedicar su vida a defender la dignidad de las personas, y hacerlo desde el ministerio de la Iglesia católica.

– ¿Qué cree que distingue a Juan Pablo II de los anteriores pontífices?

– Pienso que es el primer Papa con formación intelectual moderna. En su tiempo libre lee filosofía contemporánea. Inquietudes intelectuales como esta le han ayudado a abordar la Iglesia y el pensamiento moderno de una manera estupenda. En cierto sentido, ha conseguido hablar al mundo moderno con su propio vocabulario, con el vocabulario de la libertad. Ha sido capaz de retar al mundo moderno a pensar la libertad en conexión con la verdad moral.

¿Cómo explicaría la sencillez de Juan Pablo II, que se acerca por igual a poderosos y humildes?

– El Papa cree que cualquier persona en este mundo es un actor de una gran obra de teatro de la que Dios es autor. Desde luego, el Papa piensa que Dios planifica la obra de teatro en algunos puntos de la historia para reconducir la trama hacia la buena dirección. Por ello, cualquiera, no importa que sea muy humilde o muy rico, es de infinita importancia. Creo que es esta convicción lo que permite al Papa hablar a la gente en cualquier circunstancia de la vida. Él realmente piensa que todos estamos en la obra de teatro, en medio de esta representación cósmica. Esto es lo que explica esa gran capacidad para conectar con grandes y pequeños.

Logros y decepciones del ecumenismo

¿Piensa que los esfuerzos que el Papa ha hecho por el ecumenismo han tenido una respuesta proporcionada?

– El Papa intenta con todas sus fuerzas acercar Roma a ortodoxos y protestantes. En mi opinión, ha habido menos respuesta de los ortodoxos de lo que cabía esperar. Algunos objetivos sí se han cumplido, como el acuerdo con los luteranos del mes pasado. Esto ha supuesto un gran paso adelante. Pero el Papa no puede reparar en 20 años la división de un milenio con los ortodoxos o de 500 años con los protestantes. Sin embargo, ha abierto la posibilidad de tener conversaciones más profundas en el siglo XXI. Esto ya es un gran logro. Creo que él tenía grandes esperanzas de conseguir el acercamiento entre Roma y Europa del Este al final del segundo milenio, pero no va a ser posible.

El Papa ha ofrecido revisar la forma en que ejerce su primado. ¿Cree que esta propuesta podría limar reticencias con protestantes y ortodoxos?

– Sí. Pienso que está creando un modelo de cómo el Papa puede ser el centro de unidad dentro de la Iglesia. Muchos protestantes lo encuentran muy interesante. Incluso en Estados Unidos, protestantes que no tenían mucha idea de lo que es el papado lo reconocen actualmente como una referencia moral muy interesante e importante. Este es el comienzo de una nueva forma de entender el papado.

¿Cómo valora la actitud del Papa ante Fidel Castro?

– En mi libro hablo mucho de Cuba. Juan Pablo II decía a los cubanos: No penséis que sois víctimas; podéis controlar vuestro destino, podéis ser los protagonistas de vuestra propia historia; de hecho, vuestra historia es cristiana, no es la historia que os han contado. Creo que esto que hizo es admirable.

Juan Pablo II ha tenido algunos choques con la administración Clinton. ¿Cómo se percibe esta relación en Estados Unidos?

– La administración Clinton no es el pueblo norteamericano. Creo que hay un choque entre Clinton y el Papa, pero no entre el Papa y los norteamericanos. En mi país se toma muy en serio al Papa. Cuando el Papa escribe un documento, se discute mucho y crea gran interés. En Estados Unidos se le considera un punto de referencia moral.

El gancho con los jóvenes

El desbordamiento de todas las previsiones de afluencia de peregrinos en la Jornada Mundial de la Juventud de París fue un ejemplo de la buena conexión entre el Papa y los jóvenes. ¿Qué cree que ven los jóvenes en el Papa?

– En mi opinión, dos cosas. Una es que el Papa muestra una autenticidad muy clara. La gente joven, que intuye muy bien la falsedad, responde a la autenticidad de Juan Pablo II. El Papa es un hombre que no tiene falsedad. No es, como decimos en Washington, un “hombre espiral”. Es directo. Lo que ves es lo que te da. Es un hombre honesto. En segundo lugar, no les da lo que piden. Les reta a ser heroicos.

En su libro destaca la participación activa de Juan Pablo II en el Concilio Vaticano II. ¿Piensa que la gran cantidad de beatificaciones y canonizaciones de su pontificado están en directa relación con la llamada universal a la santidad que se predica desde entonces?

– Creo que el Papa está mostrando modelos, diversas formas de heroicidad de vida. Interesa recordar que la Iglesia no hace santos: es Dios quien los hace. El Papa cree que Dios es maravillosamente generoso haciendo santos. La función de la Iglesia simplemente es mostrarlos como modelos para los demás, sacar a la luz las grandes cosas que Dios realiza en las vidas ordinarias de los seres humanos. Y también recordar a los fieles que la santidad puede ser para cualquiera; es trabajo de todos y responsabilidad de cada uno. Si tienes todos estos ejemplos, es más fácil comprenderlo. La santidad no es algo que pasó hace mil años. La santidad se da ahora.

¿Cuáles son, en su opinión, las encíclicas del Papa de mayor importancia para la actualidad y para el futuro?

– La primera encíclica del Papa, Redemptor hominis (1979), sigue siendo muy importante para comprender la dimensión de maestro del Papa. El humanismo cristiano es la respuesta para la crisis actual en el mundo. Yo la llamo en el libro “notas programáticas para el pontificado”. Otra encíclica importante es Redemptoris missio (1990), una llamada a la Iglesia a realizar un genuino esfuerzo evangelizador: la Iglesia propone pero no impone nada. Centesimus annus (1991) es la propuesta del Papa acerca de cómo una sociedad que quiere ser próspera y libre ha de ser virtuosa. Esto es muy importante.

Ut unum sint (1995) es la primera encíclica del Magisterio dedicada al ecumenismo, y en ella se lanza una invitación a protestantes, ortodoxos y otros cristianos para que piensen sobre la unidad. Evangelium vitae (1995) es un análisis muy destacado de la crisis de la cultura que inevitablemente tiene lugar cuando la vida humana está devaluada por el utilitarismo. También es muy interesante Fides et ratio (1998): ha aparecido en un momento cultural de gran trascendencia. La Iglesia católica es la mayor defensora de la razón humana. En un tiempo en el que la cultura está abandonando la razón, la Iglesia dice que los seres humanos pueden conocer la verdad de las cosas, aunque sea imperfectamente. Esto es capital.

 


 

La biografía más documentada

George Weigel ha escrito su biografía de Juan Pablo II después de realizar una investigación más completa que los autores que le han precedido. Como ha dicho el propio director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, “se ha concedido a George Weigel un acceso directo sin precedentes a los recursos del Vaticano. También ha tenido la oportunidad única de conocer y entrevistar a muchas personas que han estado cerca de Su Santidad durante su vida y su pontificado”. Fuente principal de la biografía es también el mismo Juan Pablo II, con quien Weigel mantuvo una serie de largas conversaciones en el Vaticano y en Castelgandolfo.

En una de esas entrevistas, relata Weigel, el Papa le dijo: “Tratan de comprenderme desde fuera. Pero solo se me puede entender desde el interior”. Eso es lo que ha intentado el autor. A diferencia de otras biografías, la de Weigel no está planteada dividiendo la vida de Karol Wojtyla entre el antes y el después de ser elegido Papa. Al contrario, Weigel entiende el pontificado de Juan Pablo II como un largo camino iniciado mucho antes.

La familiaridad de Weigel con la doctrina católica y la historia reciente de la Iglesia le permiten comprender mejor a Karol Wojtyla y acertar más en sus análisis del pontificado, en comparación con otros biógrafos. Como ha subrayado Avery Dulles en su reseña del libro para First Things (noviembre 1999), investigar la trayectoria de Juan Pablo II exige “meterse a fondo en literatura, historia de Polonia, relaciones entre judaísmo y cristianismo, diplomacia, teoría política, teología escolástica, fenomenología, física y teología. Weigel tiene el mérito de no esquivar ninguna de esas materias”. Si a esto se añade su minuciosidad en consignar datos, se explica la notable extensión de su obra.

Entre las convicciones fundamentales de Juan Pablo II, Weigel destaca la que quizás más ayude a comprender la actuación de su biografiado en los últimos años del comunismo en Europa: “En un mundo que da por supuesto que la historia es el producto de impersonales fuerzas económicas y políticas, [Juan Pablo II] ha defendido la prioridad de la cultura y el poder que tiene el alma humana de transformar el mundo”. Por eso, la acción de Karol Wojtyla frente al totalitarismo se basó en una paciente e incansable reclamación de libertad religiosa y demás derechos humanos. Persuadido de que las personas solo pueden encontrar a Dios en la libertad, Juan Pablo II señala que corresponde a la Iglesia defender la libertad.

El potencial de estos principios no fue comprendido por las autoridades comunistas polacas, que en 1964 favorecieron la elección de Karol Wojtyla para la sede de Cracovia. ¿Cómo pudieron cometer semejante error estratégico? “Debieron haber creído -dice Weigel- en su propia propaganda. Consideraban a Wojtyla un intelectual distraído, fácil de manipular. Para los comunistas polacos de los años 50, las palabras y las ideas, todo el mundo de la cultura, eran el humo de la economía. El ‘mundo real’, según ellos, era el material, el de la economía y el poder.

“Wojtyla tenía otra idea. Había sin duda muchos elementos que deberían haber puesto en guardia al régimen (…). Como obispo auxiliar, todos los años celebraba la Misa de Navidad al aire libre en Nowa Huta, la ‘moderna ciudad de los trabajadores’, primera ciudad polaca construida deliberadamente sin iglesia. Al inaugurar en la catedral de Cracovia un mausoleo dedicado a los rebeldes caídos en 1863, había recordado a los polacos que otras veces en su historia ‘habían llegado a la libertad desde la clandestinidad’. Si ante todo esto los comunistas seguían pensando que podían manipularlo, era porque no creían en el poder de la Palabra y de las palabras”.

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(1) George Weigel. Biografía de Juan Pablo II. Testigo de esperanza. Plaza & Janés. Barcelona (1999). 1.312 págs. 3.650 ptas. T.o.: Witness to Hope. The Biography of Pope John Paul II. Traducción: Patricia Antón, Jofre Homedes y Elvira Heredia.

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