El Papa consuela a las víctimas del 11-S y se despide de EE.UU.

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La visita de Benedicto XVI a la Zona Cero era uno de los actos más esperados de su visita a Nueva York. El Papa, rezó conmovido ante el lugar donde un día se levantaron las Torres Gemelas, abatidas el 11 de septiembre de 2001. El Papa escuchó y consoló en el mismo escenario a los supervivientes y a los familiares de las víctimas.

Durante el acto fue acompañado por el cardenal Edward Egan, arzobispo de Nueva York, por el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg; el gobernador de Nueva York, David A. Paterson; y el gobernador de Nueva Jersey, John Corzine.

En su plegaria, el Papa imploró a Dios que conceda “paz a nuestro violento mundo: paz en los corazones de todos los hombres y mujeres y paz entre las naciones de la tierra”. Sus palabras fueron una emocionada súplica, sobre todo cuando pidió a Dios que otorgase “la luz y la paz eternas a todos los que murieron aquí, a los que heroicamente acudieron los primeros, nuestros bomberos, policías, servicios de emergencia y las autoridades del puerto, y a todos los hombres y mujeres inocentes que fueron víctimas de esta tragedia simplemente porque vinieron aquí para cumplir con su deber”.

Y junto a las víctimas, el Papa mostró su afecto y cercanía hacia las familias “que todavía sufren”: “Dales fortaleza para seguir viviendo con valentía y esperanza”. “Nuestros corazones se unen a los suyos, mientras nuestras oraciones abrazan su dolor y sufrimiento”, concluyó.

La oración del Papa llegó también a los terroristas: “Lleva por tu senda del amor a aquellos cuyas mentes y corazones están nublados por el odio”.

Tras recitar la oración, el Papa se entretuvo alentando a una representación de quienes prestaron ayuda a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre (bomberos, policía, protección civil), de los heridos, y de los familiares de las víctimas.

La Misa en el estadio de los Yankees

Con la celebración de una misa ante 57.000 files que llenaban el Yankee Stadium se cerraba este primer viaje de Benedicto XVI a los Estados Unidos. En la homilía el Santo Padre se refirió una vez más al motivo de la visita (la celebración del bicentenario de la creación de las sedes de Nueva York, Boston, Filadelfia y Louisville por la desmembración de la sede madre de Baltimore) y llamó la atención acerca del “crecimiento impresionante que Dios ha concedido a la Iglesia en vuestro País en los pasados doscientos años”. “En esta tierra de libertad y oportunidades -continuó el Papa-, la Iglesia ha unido rebaños muy diversos en la profesión de fe y, a través de sus muchas obras educativas, caritativas y sociales, también ha contribuido de modo significativo al crecimiento de la sociedad americana en su conjunto”.

En la isla que preside la estatua de la Libertad, el Papa dijo que “la verdadera libertad florece cuando nos alejamos del yugo del pecado, que nubla nuestra percepción y debilita nuestra determinación, y ve la fuente de nuestra felicidad definitiva en Él, que es amor infinito, libertad infinita, vida sin fin”.

“En estos doscientos años, el rostro de la comunidad católica en vuestro País ha cambiado considerablemente”, dijo el Papa refiriéndose a las continuas oleadas de emigrantes, “cuyas tradiciones han enriquecido mucho a la Iglesia en América”. También hubo una mención a los muchos beneficios que lleva consigo la libre práctica de la religión: “En esta tierra de libertad religiosa, los católicos han encontrado no sólo la libertad para practicar su fe, sino también para participar plenamente en la vida civil, llevando consigo sus convicciones morales a la esfera pública, cooperando con sus vecinos a forjar una vibrante sociedad democrática”.

El Papa les animó a “superar toda separación entre fe y vida” y a “esforzarse para enriquecer la sociedad y la cultura americanas con la belleza y la verdad del Evangelio, sin perder jamás de vista esa gran esperanza que da sentido y valor a todas las otras esperanzas que inspiran nuestra vida”.

Y,cómo no, los jóvenes han tenido un lugar especial en las atención del Pontífice. “Ayer, no lejos de aquí, me ha conmovido la alegría, la esperanza y el amor generoso a Cristo que he visto en el rostro de tantos jóvenes congregados en Dunwoodie”. Efectivamente, el sábado el Papa había compartido unas horas con más de 20.000 jóvenes que junto a los seminaristas participaron en una vigilia con el Papa en el campo de deportes del seminario de San José de Nueva York (texto completo de la intervención de Benedicto XVI). “Ellos son el futuro de la Iglesia y merecen nuestras oraciones y todo el apoyo que podamos darles”, les dijo el Papa a los presentes en el Yankee Stadium .

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