El nuevo cardenal Joseph Zen, bien acogido por la Iglesia china

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El gobierno chino acogió con una escueta declaración el nombramiento de cardenal del arzobispo de Hong Kong, Joseph Zen. Las autoridades de Pekín se limitaron a pedir que “las personalidades religiosas no se entrometan en política”. Y es que, para el régimen chino, mons. Zen es una figura incómoda, pues en estos años han sido frecuentes sus intervenciones a favor de la justicia social y de la libertad religiosa.

El arzobispo de Hong Kong, salesiano de 74 años, es una de las personalidades más notables de entre los quince nuevos cardenales elegidos por Benedicto XVI. Su primera intervención pública tuvo lugar poco después de ser nombrado arzobispo (2002), cuando el gobierno chino trató de imponer la llamada ley “anti-subversión” en el territorio de Hong Kong. También ha dirigido vigilias de oración para recordar la masacre de Tienanmen (1989), ha denunciado los arrestos de obispos y sacerdotes, y ha defendido la libertad de enseñanza.

“Más que ser un obispo que se entromete en política, lo que hace es sostener la doctrina social de la Iglesia”, explica Peter Barry, un estrecho colaborador del nuevo cardenal que trabaja en el Holy Spirit Study Center, un centro de estudios teológicos de Hong Kong. “Su acción no es una mezcla ambigua de fe y política, sino una afirmación del derecho de la Iglesia a tener libertad sin estar bajo el control sofocante del Estado y los políticos”, afirma Bernardo Cervellera, director de la agencia Asia News.

A pesar de haberse convertido en estos años en la “conciencia” de Hong Kong, su figura suscita simpatía en el grupo de los líderes políticos chinos que proponen una reforma no violenta del sistema político. Donde encuentra mayor número de adversarios es en la Asociación Patriótica de los Católicos Chinos, el organismo con el que el Partido Comunista controla la Iglesia católica “oficial”. Son significativas las declaraciones con que el vicepresidente de esa asociación, Liu Bainian, acogió la noticia del nuevo cardenal: “Algunos católicos chinos están preocupados porque después del nombramiento de Zen como uno de los nuevos cardenales, Roma continúe eligiendo cardenales con semejantes posiciones políticas”.

A pesar de la pretensión de Bainian de hablar en nombre de los “católicos chinos”, lo cierto es que el nuevo cardenal goza de gran prestigio entre las dos ramas de la Iglesia en China, la “oficial” y la “clandestina”, una distinción -de todas formas- cada vez más débil (ver Aceprensa 132/05). Uno de los obispos clandestinos, Mons. Wei Qiqihar, declaró a Asia News que el nombramiento era una demostración de que “China ocupa un lugar importante en el corazón del Papa”, a la vez que alabó las cualidades del nuevo purpurado.

ACEPRENSA

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