El mensaje del Papa en Portugal

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Duración lectura: 5m. 9s.

En su visita a Portugal, Benedicto XVI alentó a tener una fe firme e ilustrada, capaz de crear cultura y entrar en diálogo con ideas y religiones diversas. Destacamos algunos fragmentos de sus intervenciones.

Razón, no racionalismo

En su encuentro con los periodistas durante el vuelo a Lisboa, Benedicto XVI abordó tres desafíos actuales. El primero es el racionalismo cerrado a la trascendencia. En un contexto multicultural, es preciso “integrar la fe y la racionalidad moderna en una única visión antropológica, que completa el ser humano y que hace así también comunicables las culturas humanas”.

El segundo es la disociación entre ética y economía. En referencia a la crisis económica, dijo: “Ahora vemos que un puro pragmatismo económico, que prescinde de la realidad del hombre -que es un ser ético- no concluye positivamente, sino que crea problemas insolubles”. Por eso, insistió en ver la ética no como algo externo, sino como algo interno que ha de informar la racionalidad y la economía.

Aprender la penitencia

Finalmente, el Papa habló de las persecuciones que padece la Iglesia a la luz del tercer secreto de Fátima. “La novedad que podemos descubrir hoy en este mensaje reside en el hecho de que los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen de fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia proceden precisamente de dentro de la Iglesia, del pecado que hay en la Iglesia”.

En alusión a los abusos sexuales a menores cometidos por clérigos, el Papa recordó que la Iglesia “tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender, de una parte, el perdón, pero también la necesidad de la justicia. El perdón no sustituye la justicia”.

Una fe visible y alegre

En la multitudinaria misa celebrada el martes en el Terreiro do Paço de Lisboa, Benedicto XVI se sirvió del ejemplo de algunos santos portugueses para recordar a los fieles que la Iglesia necesita mujeres y hombres capaces de encarnar “una presencia radiante de la perspectiva evangélica en medio del mundo, en la familia, la cultura, la economía y la política”.

“Con frecuencia nos preocupamos afanosamente por las consecuencias sociales, culturales y políticas de la fe, dando por descontado que hay fe, lo cual, lamentablemente, es cada vez menos realista. Se ha puesto una confianza tal vez excesiva en las estructuras y en los programas eclesiales, en la distribución de poderes y funciones, pero ¿qué pasaría si la sal se volviera insípida?”

“Para que esto no ocurra, es necesario anunciar de nuevo con vigor y alegría el acontecimiento de la muerte y resurrección de Cristo, corazón del cristianismo, el núcleo y fundamento de nuestra fe, recio soporte de nuestras certezas, viento impetuoso que disipa todo miedo e indecisión, cualquier duda y cálculo humano. La resurrección de Cristo nos asegura que ningún poder adverso podrá jamás destruir la Iglesia”.

“Así, pues, nuestra fe tiene fundamento, pero hace falta que esta fe se haga vida en cada uno de nosotros. Por tanto, se ha de hacer un gran esfuerzo capilar para que todo cristiano se convierta en un testigo capaz de dar cuenta siempre y a todos de la esperanza que lo anima (cf. 1 P 3,15). Sólo Cristo puede satisfacer plenamente los anhelos más profundos del corazón humano y dar respuesta a sus interrogantes que más le inquietan sobre el sufrimiento, la injusticia y el mal, sobre la muerte y la vida del más allá”.

Buscar la verdad

En la segunda jornada de su visita a Portugal, el Papa se reunió con más de mil representantes de la cultura, la ciencia y las artes portuguesas. En un tono cordial, el veterano cineasta Manoel de Oliveira planteó a Benedicto XVI la tensión que a menudo se vive en la sociedad entre la tradición y el presente.

Esta tensión -explicó el Papa- “se expresa en la crisis de la verdad, pero sólo ésta puede orientar y trazar el rumbo de una existencia lograda, como individuo o como pueblo. De hecho, un pueblo que deja de saber cuál es su propia verdad, acaba perdiéndose en el laberinto del tiempo y de la historia, sin valores bien definidos, sin grandes objetivos claramente enunciados”.

En este contexto, el Papa recordó que todavía “queda por hacer un gran esfuerzo para aprender la forma en que la Iglesia se sitúa en el mundo, ayudando a la sociedad a entender que el anuncio de la verdad es un servicio que ella le ofrece, abriendo horizontes nuevos de futuro, grandeza y dignidad”.

Fe y cultura

En ese diálogo con el mundo, “la Iglesia considera su misión prioritaria en la cultura actual mantener despierta la búsqueda de la verdad y, consecuentemente, de Dios; llevar a las personas a mirar más allá de las cosas penúltimas y ponerse a la búsqueda de las últimas”.

Después el Papa invitó a los asistentes “a profundizar en el conocimiento de Dios, del mismo modo que él se ha revelado en Jesucristo para nuestra plena realización. Haced cosas bellas, pero, sobre todo, convertir vuestras vidas en lugares de belleza”.

Benedicto XVI volvió a hablar del interés de los cristianos por la cultura al final del viaje, durante la misa celebrada en Oporto. “En estos últimos años, ha cambiado el panorama antropológico, cultural, social y religioso de la humanidad; hoy la Iglesia está llamada a afrontar nuevos retos y está preparada para dialogar con culturas y religiones diversas, intentando construir, con todos los hombres de buena voluntad, la convivencia pacífica de los pueblos. El campo de la misión ad gentes se presenta hoy notablemente dilatado y no definible solamente en base a consideraciones geográficas; efectivamente, nos esperan no solamente los pueblos no cristianos y las tierras lejanas, sino también los ámbitos socio-culturales y sobre todo los corazones que son los verdaderos destinatarios de la acción misionera del Pueblo de Dios”.

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