El mensaje de Benedicto XVI en Colonia

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La primera Jornada Mundial de la Juventud presidida por Benedicto XVI concluyó el 21 de agosto con una misa en la que participaron cerca de un millón de jóvenes. Además, el Papa tuvo otros actos públicos durante su visita a su país natal. Seleccionamos algunos pasajes de sus intervenciones de estos días.

La tradición cristiana de Alemania
Ceremonia de bienvenida, 18 de agosto. En el curso de esta Jornada Mundial de la Juventud reflexionaremos juntos sobre el tema “Hemos venido a adorarle” (Mt 2,2). No se puede perder esta oportunidad para profundizar en el sentido de la existencia humana como “peregrinación” realizada con la guía de la “estrella” en busca de Dios.(…). En este camino interior pueden ayudar los múltiples signos que la amplia y rica tradición cristiana ha dejado de manera indeleble en esta tierra de Alemania: desde los grandes monumentos históricos a las innumerables obras de arte diseminadas por su territorio, desde los documentos guardados en las bibliotecas a las tradiciones vividas con gran participación popular, desde los conceptos filosóficos a la reflexión teológica de tantos pensadores, desde la herencia espiritual a la experiencia mística de una muchedumbre de santos.

Cristo tiene las respuestas
Fiesta de acogida a los jóvenes, 18 de agosto.
Estamos preocupados por la situación del mundo y preguntamos: ¿Dónde encuentro los criterios para mi vida; dónde los criterios para colaborar de modo responsable en la edificación del presente y del futuro de nuestro mundo? ¿De quién puedo fiarme; a quién confiarme? ¿Dónde está aquél que puede darme la respuesta satisfactoria a los anhelos del corazón? Plantearse dichas cuestiones significa reconocer, ante todo, que el camino no termina hasta que se ha encontrado a Quien tiene el poder de instaurar el Reino universal de justicia y paz, al que los hombres aspiran, aunque no lo sepan construir por sí solos. Hacerse estas preguntas significa además buscar a Alguien que ni se engaña ni puede engañar, y que por eso es capaz de ofrecer una certidumbre tan firme, que merece la pena vivir por ella y, si fuera preciso, también morir por ella.

Queridos jóvenes, la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. (…) Os repito hoy lo que he dicho al principio de mi pontificado: “Quien deja entrar a Cristo [en su vida] no pierde nada, nada -absolutamente nada- de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera”.

Ecumenismo
Encuentro ecuménico, 19 de agosto. El diálogo ha dado sus frutos. Quisiera mencionar la revisión, auspiciada por Juan Pablo II durante su primera visita a Alemania en 1980, de las condenas recíprocas y, sobre todo, la “Declaración común sobre la doctrina de la justificación” (1999) (…). Además, hay que reconocer con gratitud los resultados obtenidos en las diversas tomas de posición comunes sobre asuntos importantes, como las cuestiones fundamentales sobre la defensa de la vida y la promoción de la justicia y la paz.

Las cuestiones eclesiológicas, y especialmente la del ministerio consagrado, o sea, del sacerdocio, están ligadas inseparablemente a la cuestión sobre la relación entre Escritura e Iglesia, es decir, a instancia de la justa interpretación de la Palabra de Dios y su desarrollo en la vida de la Iglesia.

Una prioridad urgente en el diálogo ecuménico la constituye también las grandes cuestiones éticas que plantea nuestro tiempo; en este campo, los hombres de hoy en búsqueda, esperan con razón una respuesta común de los cristianos, que, gracias a Dios, en muchos casos casi se ha encontrado. Pero, desdichadamente, no siempre.

Veo con especial optimismo el hecho de que hoy se está desarrollando una especie de “red”, de conexión espiritual entre católicos y cristianos de las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales: cada uno se compromete en la oración, en la revisión de la propia vida, en la purificación de la memoria, en la apertura a la caridad.

Con los judíos
Visita a la sinagoga de Colonia, 19 de agosto.
La historia de las relaciones entre la comunidad hebrea y la comunidad cristiana es compleja y a menudo dolorosa. Ha habido periodos de buena convivencia, aunque también se ha producido la expulsión de los judíos de Colonia en el año 1424. Después, en el siglo XX, en el tiempo más oscuro de la historia alemana y europea, una demencial ideología racista, de matriz neopagana, dio origen al intento, planeado y realizado sistemáticamente por el régimen, de exterminar el judaísmo europeo: se produjo así lo que ha pasado a la historia como la Shoá. (…) No se reconocía la santidad de Dios, y por eso se menospreció también la sacralidad de la vida humana.

La Declaración “Nostra aetate”, del Concilio Ecuménico Vaticano II, (…) recuerda nuestras raíces comunes y el rico patrimonio espiritual que comparten judíos y cristianos. Tanto los judíos como los cristianos reconocen en Abraham a su padre común en la fe (cf. Ga 3,7; Rm 4,11s), y hacen referencia a las enseñanzas de Moisés y los profetas. La espiritualidad de los judíos, al igual que los cristianos, se alimenta de los Salmos. Con el apóstol Pablo, los cristianos están convencidos que “los dones y la vocación de Dios son irrevocables” (Rm 11,29).

La Declaración conciliar “Nostra aetate”, por tanto, “deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de que han sido objeto los judíos de cualquier tiempo y por parte de cualquier persona” (n. 4). (…) La Iglesia es consciente del deber que tiene de trasmitir, tanto en la catequesis como en cada aspecto de su vida, esta doctrina a las nuevas generaciones que no han visto los terribles acontecimientos ocurridos antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Es una tarea especialmente importante porque, desafortunadamente, hoy resurgen nuevos signos de antisemitismo y aparecen diversas formas de hostilidad generalizada hacia los extranjeros. ¿Cómo no ver en eso un motivo de preocupación y cautela? La Iglesia católica se compromete -lo reafirmo también esta ocasión- en favor de la tolerancia, el respeto, la amistad y la paz entre todos los pueblos, las culturas y las religiones.

Musulmanes
Audiencia a representantes de comunidades musulmanas, 20 de agosto.

Terrorismo. Los que idean y programan estos atentados demuestran querer envenenar nuestras relaciones, recurriendo a todos los medios, incluso a la religión, para oponerse a los esfuerzos de convivencia pacífica, leal y serena. El terrorismo, de cualquier origen que sea, es una opción perversa y cruel, que desdeña el derecho sacrosanto a la vida y corroe los fundamentos mismos de toda convivencia civil. Si conseguimos juntos extirpar de los corazones el sentimiento de rencor, contrastar toda forma de intolerancia y oponernos a cada manifestación de violencia, frenaremos la oleada de fanatismo cruel, que pone en peligro la vida de tantas personas, obstaculizando el progreso de la paz en el mundo.

La vida de cada ser humano es sagrada, tanto para los cristianos como para los musulmanes. Tenemos un gran campo de acción en el que hemos de sentirnos unidos al servicio de los valores morales fundamentales.

Relaciones entre cristianos y musulmanes. La experiencia del pasado nos enseña que el respeto mutuo y la comprensión no siempre han caracterizado las relaciones entre cristianos y musulmanes. Cuántas páginas de historia dedicadas a las batallas y las guerras emprendidas invocando, de una parte y de otra, el nombre de Dios, como si combatir al enemigo y matar al adversario pudiera agradarle. El recuerdo de estos tristes acontecimientos debería llenarnos de vergüenza, sabiendo bien cuántas atrocidades se han cometido en nombre de la religión. La lección del pasado ha de servirnos para evitar caer en los mismos errores. Nosotros queremos buscar las vías de la reconciliación y aprender a vivir respetando cada uno la identidad del otro. La defensa de la libertad religiosa, en este sentido, es un imperativo constante, y el respeto de las minorías una señal indiscutible de verdadera civilización.

Los santos iluminan el camino
Vigilia con los jóvenes, 20 de agosto.
Sólo de los santos, sólo de Dios, proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo. En el siglo pasado hemos vivido revoluciones cuyo programa común fue no esperar nada de Dios, sino tomar totalmente en las propias manos la causa del mundo para transformar sus condiciones. Y hemos visto que, de este modo, un punto de vista humano y parcial se tomó como criterio absoluto de orientación. La absolutización de lo que no es absoluto, sino relativo, se llama totalitarismo. No libera al hombre, sino que le priva de su dignidad y lo esclaviza. No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico. La revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno.

No nos construimos un Dios privado, un Jesús privado, sino que creemos y nos postramos ante el Jesús que nos muestran las Sagradas Escrituras, y que en la gran comunidad de fieles llamada Iglesia se manifiesta viviente, siempre con nosotros y al mismo tiempo siempre ante de nosotros. Se puede criticar mucho a la Iglesia. Lo sabemos, y el Señor mismo nos lo ha dicho: es una red con peces buenos y malos, un campo con trigo y cizaña. El Papa Juan Pablo II, que nos ha mostrado el verdadero rostro de la Iglesia en los numerosos santos que ha proclamado, también ha pedido perdón por el mal causado en el transcurso de la historia por las palabras o los actos de hombres de la Iglesia. De este modo, también a nosotros nos ha hecho ver nuestra verdadera imagen, y nos ha exhortado a entrar, con todos nuestros defectos y debilidades, en la muchedumbre de los santos que comenzó a formarse con los Magos de Oriente. En el fondo, consuela que exista la cizaña en la Iglesia. Así, no obstante todos nuestros defectos, podemos esperar estar aún entre los que siguen a Jesús, que ha llamado precisamente a los pecadores. La Iglesia es como una familia humana, pero es también al mismo tiempo la gran familia de Dios, mediante la cual Él establece un espacio de comunión y unidad en todos los continentes, culturas y naciones.

Conocer la fe de la Iglesia
Homilía en la misa de clausura de la Jornada Mundial, 21 de agosto.
En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo marche igualmente sin Él. Pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así! Verdaderamente no. Y de este modo, junto a olvido de Dios existe como un “boom” de lo religioso. No quiero desacreditar todo lo que se sitúa en este contexto. Puede darse también la alegría sincera del descubrimiento. Pero exagerando demasiado, la religión se convierte casi en un producto de consumo. Se escoge aquello que place, y algunos saben también sacarle provecho. Pero la religión buscada a la “medida de cada uno” a la postre no nos ayuda. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte. Ayudad a los hombres a descubrir la verdadera estrella que indica el camino: ¡Jesucristo!

Tratemos nosotros mismos de conocerlo siempre mejor para poder guiar también, de modo convincente, a los demás hacia Él. Por esto es tan importante el amor a la Sagrada Escritura y, en consecuencia, conocer la fe de la Iglesia que nos muestra el sentido de la Escritura. Es el Espíritu Santo el que guía a la Iglesia en su fe creciente y la ha hecho y hace penetrar cada vez más en las profundidades de la verdad (cf. Jn 16,13). El Papa Juan Pablo II nos ha dejado una obra maravillosa, en la cual la fe secular se explica sintéticamente: el “Catecismo de la Iglesia Católica”. Yo mismo, recientemente, he podido presentar el “Compendio” de tal Catecismo, que ha sido elaborado a petición del difunto Papa. Son dos libros fundamentales que querría recomendaros a todos vosotros.

Obviamente, los libros por sí solos no bastan. ¡Construid comunidades basadas en la fe! En los últimos decenios han nacido movimientos y comunidades en los cuales la fuerza del Evangelio se deja sentir con vivacidad. Buscad la comunión en la fe como compañeros de camino que juntos van siguiendo el itinerario de la gran peregrinación que primero nos señalaron los Magos de Oriente. La espontaneidad de las nuevas comunidades es importante, pero es asimismo importante conservar la comunión con el Papa y con los Obispos. Son ellos los que garantizan que no se están buscando senderos particulares, sino que a su vez se está viviendo en aquella gran familia de Dios que el Señor ha fundado con los doce Apóstoles.

La Iglesia en Alemania
Discurso a los obispos alemanes, 21 de agosto.
Luces. Son numerosos los que asumen voluntariamente responsabilidades, a veces exigentes, en la vida diocesana y parroquial, en las asociaciones y en los movimientos, en particular en favor de los jóvenes. Muchos sacerdotes, religiosos y laicos cumplen fielmente su servicio en situaciones pastorales a menudo difíciles. También es grande la generosidad de los católicos alemanes respecto a los más pobres. (…) A través de múltiples instituciones, la Iglesia católica está presente en la vida pública. Es notable la labor desarrollada por las numerosas instituciones caritativas: desde Misereor, Adveniat, Missio, o Renovabis hasta las Cáritas diocesanas y parroquiales. También es vasta la acción educativa de las escuelas católicas y de otras instituciones y organizaciones católicas en favor de la juventud.

Sombras. Siguen progresando el secularismo y la descristianización. Cada vez es menor el influjo de la ética y la moral católica. Bastantes personas abandonan la Iglesia o, aunque se queden, aceptan sólo una parte de la enseñanza católica. Sigue siendo preocupante la situación religiosa en el Este, donde la mayoría de la población está sin bautizar y no tiene contacto alguno con la Iglesia.

Los jóvenes y la Iglesia. El Papa Juan Pablo II, promotor de las Jornadas Mundiales de la Juventud, solía decir que en este tipo peregrinaciones los protagonistas son los jóvenes, y que el Papa, en cierto sentido, los sigue. Una observación graciosa, pero que encierra una verdad profunda: los jóvenes, al ir en busca de una plenitud de vida, no obstante sus fragilidades y lagunas, conducen a los Pastores a escuchar sus interrogantes y a empeñarse para que la única respuesta verdadera, la de Cristo, les llegue de un modo comprensible para ellos.

El Camino, la Verdad y la Vida que toda persona busca -y el joven de manera emblemática- nos ha sido confiado a nosotros, los Pastores, por Cristo mismo, que nos ha hecho sus testigos y ministros de su Evangelio (cf. Mt 28,18-20). Por tanto, ni debemos amortiguar la búsqueda ni esconder la Verdad, sino mantener la tensión fecunda entre estos dos polos: una tensión que se corresponde profundamente con la índole del hombre contemporáneo.

Los jóvenes no buscan una Iglesia juvenil, sino joven de espíritu; una Iglesia en la que se transparenta Cristo, Hombre nuevo.

Los jóvenes son para nosotros, Pastores, una provocación saludable, porque nos piden que seamos coherentes, unidos, intrépidos. Por nuestra parte, hemos de educarlos en la paciencia, en el discernimiento, en el sano realismo. Pero sin falsas componendas, para no desvirtuar el Evangelio.

Fuente de vocaciones. Muchos testimonios de jóvenes y parejas demuestran que la experiencia de estos Encuentros mundiales, cuando continúa en un camino de fe, de discernimiento y de servicio eclesial, lleva a opciones maduras de vida matrimonial, religiosa, sacerdotal y misionera. Teniendo en cuenta la escasez de sacerdotes y religiosos que ya también en Alemania es dramática, os invito, queridos Hermanos, a promover con renovado impulso una pastoral vocacional que incluya a las parroquias, a los centros educativos y a las familias.

El papel de los movimientos. En el mundo juvenil desempeñan un papel importante las asociaciones y los movimientos, que son una riqueza indudable. La Iglesia ha de valorizar estas realidades y, al mismo tiempo, conducirlas con sabiduría pastoral, para que contribuyan del mejor modo posible con sus propios dones a la edificación de la comunidad, sin competir nunca unas con otras, sino respetándose y colaborando juntas para suscitar en los jóvenes la alegría de la fe, el amor por la Iglesia y la pasión por el Reino de Dios.

Educación católica. Estoy seguro que no dejaréis de poner el mayor cuidado en elegir personas preparadas y fieles al magisterio eclesial para las tareas de enseñar la religión y dar catequesis. Una ayuda válida para este cometido en la formación cristiana de las nuevas generaciones se puede encontrar en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, donde se han recogido sintéticamente todos los contenidos esenciales de la fe y de la moral católica, formulados de manera clara y accesible a todos.


La cordial bienvenida del presidente
Al recibir al Papa en el aeropuerto el día 18, el presidente de la República Federal Alemana, Horst Köhler, le dirigió unas cordiales palabras de bienvenida.

En la estela del Papa polaco. Nos emociona especialmente, y lo digo también como cristiano protestante, que un alemán, es decir, uno de los nuestros, ocupe la silla de Pedro. Se lo reitero hoy aquí en su tierra: Le deseamos para su eminente cargo todo lo mejor y la bendición de Dios.

Su elección como Papa reviste importancia histórica: Tras el Papa de Polonia, que fue el primer país invadido por Alemania en la II Guerra Mundial, ha sido elegido como sucesor de San Pedro alguien que forma parte de la llamada generación de los “niños de la defensa antiaérea”. Que esto haya sucedido me da confianza, sesenta años después del final de la ideología contraria al ser humano y a Dios que imperó en Alemania. Ello también se ha entendido en todo el mundo como signo de reconciliación y hoy puedo contar que, tan sólo unos minutos después de su elección, el primero que me llamó para felicitarnos fue el presidente polaco Kwaœniewski.

Teología viva. Hace pronto cincuenta años que inició usted su carrera académica muy cerca de aquí, en la Universidad de Bonn, como jovencísimo catedrático de teología. Su manera de interpretar la fe entusiasmó a sus oyentes y desde entonces su prestigio en el mundo científico no ha dejado de crecer. Para usted la fe y la teología no han sido nunca un tema propio de círculos académicos ajenos al mundo. Siempre ha velado usted por que las manifestaciones centrales de la profesión de fe sean a la vez relevantes para la cultura secular y la política. (…) Lógicamente ello había de provocar desacuerdos. Pero usted con razón prefiere el desacuerdo a la indiferencia. Pues también los dogmas de la fe han de ser la sal de la tierra.

Las Iglesias en la sociedad. Viene usted a un país en el que las Iglesias cristianas desempeñan un papel vivo. Me alegro de que así sea. Estoy pensando por ejemplo en la labor de las asociaciones juveniles católicas y evangélicas. (…) Precisamente a través del trabajo juvenil de las Iglesias los jóvenes viven valores y ejercitan una conducta responsable que es vital para la sociedad en su conjunto. La orientación por la que tanto se clama hoy en día solo puede emanar de quien está orientado. Tengo la impresión de que el trabajo juvenil de las Iglesias hace un gran bien y, más aún, resulta indispensable.

En su compromiso social las Iglesias se guían por una determinada imagen del ser humano. Es la imagen del ser humano que no se inspira en el pragmatismo ni el materialismo. (…) En las Iglesias de nuestro país ese efectivo amor al prójimo y el empeño en pro de una sociedad justa son, así lo constato una y otra vez, muy notables.

Experiencias del espíritu. Pero sé que la Jornada Mundial de la Juventud no se ocupa primordialmente de programas de acción o discusiones teóricas. Su terreno es la espiritualidad, la experiencia espiritual, la oración y la celebración de la fe. La transformación, la verdadera transformación, siempre presupone el cambio del corazón. (…) Justamente en los tiempos que corren, tiempos en que muchas personas sienten miedo ante el terror y la violencia que se cometen por motivos supuestamente religiosos, es bueno experimentar la fe y la religión como caminos hacia la paz y la humanidad.

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