El encuentro de Benedicto XVI y la Reina Isabel II

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 3m. 29s.

El encuentro entre Benedicto XVI y la Reina de Inglaterra, Isabel II, en el Palacio Real de Holyrood, ha servido para que en un clima amigable ambas partes mostraran lo que esperan de la otra: la Reina ha agradecido la acción de la Iglesia católica en el país y el Papa ha destacado personajes británicos y momentos en que Gran Bretaña ha hecho contribuciones notables a la humanidad. Después el Papa tendría una calurosa acogida por las calles de Edimburgo, con participación de unas 125.000 personas.

La Reina, tras recordar la “memorable” visita pastoral de Juan Pablo II al Reino Unido en 1982, y los diversos momentos en que la familia real ha sido recibida en el Vaticano, ha agradecido especialmente “la contribución de la Santa Sede en la extraordinaria mejora de la situación en Irlanda del Norte” y en “la caída de los regímenes totalitarios de Europa Central y del Este, que ha permitido una mayor libertad para millones de personas”.

Entre otros personajes encomiables de tiempos más recientes ha recordado que “debido a figuras como William Wilberforce y David Livingstone, Gran Bretaña intervino directamente para detener la trata internacional de esclavos. Inspiradas por la fe, mujeres como Florence Nightingale sirvieron a los pobres y a los enfermos y establecieron nuevos métodos en la asistencia sanitaria que posteriormente se difundieron por doquier. John Henry Newman, cuya beatificación celebraré próximamente, fue uno de los muchos cristianos británicos de su tiempo, cuya bondad, elocuencia y quehacer honraron a sus compatriotas. Todos ellos, y como éstos muchos más, se inspiraron en una recia fe, que germinó y se alimentó en estas islas.”

En sentido contrario, ha aludido a que el “extremismo ateo del siglo XX” fue letal para el hombre. “También ahora, podemos recordar cómo Gran Bretaña y sus dirigentes se enfrentaron a la tiranía nazi que deseaba erradicar a Dios de la sociedad y negaba nuestra común humanidad a muchos, especialmente a los judíos, a quienes no consideraban dignos de vivir.” Un reconocimiento que sin duda será apreciado viniendo de un alemán que vivió la época nazi.

El Papa ha sacado también una lección del fracaso de los totalitarismos: “Al reflexionar sobre las enseñanzas aleccionadoras del extremismo ateo del siglo XX, jamás olvidemos cómo la exclusión de Dios, la religión y la virtud de la vida pública conduce finalmente a una visión sesgada del hombre y de la sociedad y por lo tanto a una visión restringida de la persona y su destino”.

Advertencia frente a formas agresivas de secularismo

Dentro del capítulo de elogios a la acción de Gran Bretaña ha recordado que “jugó un papel esencial en la forja del consenso internacional de posguerra, que favoreció la creación de las Naciones Unidas y marcó el comienzo de un período de paz y prosperidad en Europa hasta entonces desconocido”. Igualmente, ha alabado los esfuerzos que en Irlanda del Norte “ayudaron al alumbramiento de una solución pacífica al conflicto” con la firma del Acuerdo de Viernes Santo. “Animo a todos a seguir recorriendo juntos con valentía el camino trazado hacia una paz justa y duradera”.

Al evocar la influencia del Reino Unido en el ámbito internacional, ha mencionado también la responsabilidad de la prensa: “dado que sus opiniones tienen una audiencia tan amplia, los medios de comunicación británicos tienen una responsabilidad más grave que la mayoría”. Una llamada no superflua en un país donde últimamente ha habido mucho griterío mediático, como se ha visto en el clima previo al viaje del Papa.

Si el tono de “ortodoxia afirmativa” ha impregnado su intervención, Benedicto XVI ha reservado una crítica final para el secularismo agresivo: “En la actualidad, el Reino Unido se esfuerza por ser una sociedad moderna y multicultural. Que en esta exigente empresa mantenga siempre su respeto por esos valores tradicionales y expresiones culturales que formas más agresivas de secularismo ya no aprecian o siquiera toleran”.