El descubrimiento del “nuevo” Ratzinger

De Joseph Ratzinger a Benedicto XVI: El cambio de imagen del Papa en los medios de comunicación alemanes
Berlín. La imagen de Joseph Ratzinger en los medios de comunicación de su Alemania natal ha dado un giro radical desde su elección como Papa el 19 de abril de 2005. Pese a que en su país de origen fue objeto de numerosas críticas durante su mandato como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la elección de Benedicto XVI ha generado un nuevo acercamiento a la figura del que algunos autores consideran el alemán que más ha influido en el cristianismo desde Martín Lutero.

Durante la mayor parte del pontificado de Juan Pablo II (1978-2005), los principales medios de comunicación del país centraron su atención en los conflictos internos de la Iglesia católica y dieron un protagonismo especial a teólogos críticos y reformistas como Hans Küng, Eugen Drewermann, Uta Ranke-Heinemann o el grupo Wir sind Kirche (Somos Iglesia), por citar algunos de los de mayor presencia mediática. Dichas figuras ven en la jerarquía al principal causante del deterioro en la práctica de la fe en Alemania e instan por ello a emanciparse de la llamada “Iglesia oficial” (Amtskirche).

Dicho término despectivo para calificar a Roma y la jerarquía, aparece contrapuesto al pueblo seglar de una Iglesia nacional alemana formada por un amplio entramado de asociaciones, consejos y organismos en cuya cúspide se encuentra el llamado Comité Central de los Católicos Alemanes, que se entiende como representante de los intereses de los laicos alemanes y que en las últimas décadas ha mantenido una fuerte tendencia crítica frente a la Santa Sede.

En su semblanza de Benedicto XVI, Peter Seewald narra cómo durante el pasado pontificado “para muchos periódicos se había convertido en una práctica el tratar como propaganda enemiga las declaraciones del Vaticano. La presentación del nuevo Catecismo, un compendio de reglas para más de mil millones de personas en todo el mundo, sólo merecía para el “Süddeutsche Zeitung” una noticia de 25 líneas. Por el contrario, las respuestas de grupos eclesiásticos críticos se solían convertir en noticia del día” (1).

El canon de las críticas

En general el debate en torno a la Iglesia católica en Alemania estuvo dominado por cuatro temas, que Ratzinger califica como “el canon de las críticas”: la ordenación femenina, los anticonceptivos, el celibato sacerdotal y el matrimonio de divorciados que quieren volver a casarse por la Iglesia (2). A ello hay que añadir la especial atención que se presta en Alemania a cuestiones ecuménicas, ya que en el país conviven 26,2 millones de católicos con 25,8 millones de luteranos (3). A este respecto, genera tensiones la negativa del Vaticano a que fieles de ambas confesiones celebren conjuntamente la Cena del Señor, por las fuertes diferencias en torno a la Eucaristía.

El periodista alemán Hanspeter Oschwald afirma que desde hace años las críticas a Roma en los medios de comunicación alemanes siempre derivaban en críticas a Joseph Ratzinger, y resume diciendo que su nombre era “un sinónimo de un nuevo centralismo romano, de la vieja Iglesia y la lejanía frente al ser humano” (4). Andreas Püttmann considera por su parte que para los católicos críticos “peor que Wojtyla era Ratzinger, quien había traicionado sus comienzos reformistas y se había convertido en el ángel caído de aquellos que cantaban maravillas del ‘espíritu del Concilio’ sin referirse a los textos conciliares” (“Die Tagespost”, 31-12-2005).

La figura de Joseph Ratzinger se vio especialmente en el centro del huracán durante el debate en torno a la participación de la Iglesia católica alemana en la red estatal de asesoramiento sobre el aborto (cfr. Aceprensa 8/01). Cuando el Vaticano decidió en 1999 que los consultorios católicos abandonaran dicho sistema para evitar cualquier ambigüedad en la defensa del derecho a la vida, Ratzinger llegó a recibir el calificativo de “fundamentalista” en algunos de los principales medios de comunicación alemanes.

Al margen de las fuertes críticas internacionales en torno a la declaración “Dominus Iesus” de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 6 de agosto de 2000, otro de los momentos de mayores críticas a Ratzinger en su país natal fue el debate mantenido en torno a la intercomunión en las Jornadas Ecuménicas de Berlín en 2003.

De prefecto a pastor

La elección de Joseph Ratzinger como Papa fue acogida en un primer momento con escepticismo por algunos medios de comunicación de izquierdas. Así, en un signo de preocupación, “Die Tageszeitung” tituló en portada “Oh, mein Gott!” (“¡Oh, Dios mío!”), mientras que el “Frankfurter Rundschau” comentó, también el 20 de abril de 2005: “En Alemania, esta elección no provocará el entusiasmo entre los católicos que esperaban un nuevo despegue en la Iglesia”.

En cambio, cuando ha pasado un año de la elección del Papa, en la prensa alemana se reiteran los comentarios positivos sobre Benedicto XVI. Una de las afirmaciones más comunes en torno al jefe de la Iglesia católica es que ha conseguido pasar con éxito de guardián de la fe a pastor. Así, el “Süddeutsche Zeitung” publicaba el 22 de abril de 2006: “Como jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger se veía obligado a levantar el dedo índice para mantener la pureza de la doctrina y sancionar a teólogos disidentes. Como Papa ya no debe marcar límites. El puede y debe abrir los brazos. Este nuevo papel hace que salgan a relucir nuevos aspectos de su carácter”.

El renombrado diario de izquierdas, que en vísperas del cónclave había publicado todavía un artículo crítico sobre el alemán con el título “Un Papa Ratzinger sería un shock”, destaca ahora que la fuerza y la belleza de la fe son el motor que impulsa la actuación de Benedicto. En el mismo comentario del 22 de abril afirmaba: “Benedicto apuesta por la concentración y la contemplación. Allí donde su predecesor trataba de buscar la amplitud, Benedicto XVI trata de ganar en profundidad, de ir al núcleo. Y ese núcleo no es para Joseph Ratzinger la Iglesia o la jerarquía eclesiástica, sino la fe”.

Por su parte, en otro comentario del 19 de abril de 2006, el conservador “Frankfurter Allgemeine Zeitung” destaca la humildad y bondad auténticas del nuevo Papa: “Benedicto se alegra de verdad de que ya no es sólo rechazado sino también querido, de que su manera de presentar la fe cristiana ahora despierta alegría y comprensión. Su sonrisa da prueba de ello. Las personas se dan cuenta de que su amabilidad es real”. Por su parte, el “Express” de Colonia comentaba el 16 de octubre de 2005: “Quien observa al Santo Padre se da cuenta rápidamente de que este hombre no interpreta ningún papel. Lo que dice y hace es auténtico y está marcado de una humanidad, bondad y cordialidad profundamente enraizadas en la fe. Donde otros destruyen puentes, él los vuelve a construir y eso a menudo sólo con una pequeña sonrisa”.

Una encíclica bien acogida

“Express”, periódico regional sensacionalista con una difusión diaria de 240.000 ejemplares, comentaba también el 26 de enero de 2006 acerca de la encíclica “Deus caritas est” que Benedicto XVI parece ser un Papa para todos y no sólo para los católicos: “No es un documento exclusivo para la Iglesia católica. La encíclica del Papa Benedicto XVI es sorprendentemente ecuménica. El católico número 1 se dirige también a protestantes, musulmanes, judíos, a todos. Es un Papa valiente. Un Papa de las palabras claras. ¿Lo hubiéramos pensado cuando Joseph Ratzinger tomó las riendas del Vaticano? Teníamos dudas de que fuera un Papa para todos los católicos. Parece ser un Papa para todas las personas”. Sobre esa orientación ecuménica del Papa, “Die Welt” escribía asimismo el 26 de enero de 2006 en relación a “Deus caritas est”: “El Papa alemán ha presentado un texto que da a los católicos una orientación válida y que en amplias partes puede encontrar la aprobación tanto de protestantes como de ateos”.

Algunos importantes medios de izquierdas, como el semanario “Der Spiegel” o el diario “Die Tageszeitung”, mantienen todavía una postura fuertemente crítica frente al Papa. Sin embargo, con pocas excepciones, se puede afirmar que en la prensa alemana se ha pasado de un Joseph Ratzinger considerado “uno de los hombres más peligrosos de la civilización occidental” (5) a otro que es un pastor de la Iglesia con una bondad y humildad auténticas, que atrae a las personas hablando de la belleza de la fe y que tiene una orientación ecuménica.

La gran mayoría de los medios alemanes se explican el radical cambio de imagen con el cambio de papel de Ratzinger, quien ha crecido con el cargo y al haber abandonado la Congregación para la Doctrina de la Fe ha dejado de ser contemplado como el “inquisidor” de nuestros días. No obstante, algunos medios han criticado también el fuerte ambiente negativo contra Ratzinger en el pasado y buscan la respuesta en la misma sociedad alemana. Pocas horas después de la elección de Benedicto XVI, Matthias Matussek comentaba en la edición digital de “Der Spiegel”: “El Espíritu Santo se ha marcado un poderoso tanto al reclutar al Papa precisamente de entre los que más lo necesitan: los alemanes. En nuestro país, la fe es criticada de la manera más insistente por aquellos que le han dado las espaldas hace ya tiempo. A los presentadores de televisión les gustaría que la Iglesia fuera algo tan trivial como el supermercado de la esquina, es decir, tan trivial como ellos mismos. Por ello, cuando hablan de fe, prefieren hacerlo sobre sacerdotisas, condones y la comunión para todos. No quieren hablar de los Diez Mandamientos, la misa dominical, el pecado y la confesión, y si lo hacen, lo hacen en tono de burla”.

Vicente Poveda____________________Vicente José Poveda Soler es corresponsal en Berlín de la agencia de noticias dpa (Deutsche Presse-Agentur).(1) Seewald, Peter: “Benedikt XVI. Ein Porträt aus der Nähe”, Ullstein, Berlín 2005, pág. 101.(2) Ratzinger, Joseph: “Salz der Erde”, Heine, Múnich 2004, pág. 193.(3) Kissler, Alexander: “Der deutsche Papst. Benedikt XVI und seine schwierige Heimat”, Herder, Friburgo 2005, pág. 16.(4) Oschwald, Hanspeter: “Der deutsche Papst”, Piper, Múnich 2005, pág. 201.(5) Seewald, pág. 17.

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