El Catecismo y sus críticos

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Duración lectura: 2m. 32s.

José Antonio Sayés, profesor de la Facultad de Teología del Norte de España, responde a críticas que algunos teólogos han hecho al Catecismo de la Iglesia Católica (Ecclesia, Madrid, 3-IV-93).

No falta alguna crítica al Catecismo en el sentido de que prejuzga cuestiones de tipo teológico, cerrando así, dicen, el libre campo de la discusión teológica. A decir verdad, el Catecismo no entra en cuestiones de escuela. Al tratar del pecado original, por ejemplo, el Catecismo sigue la misma metodología de Trento: exponer la existencia y los efectos del pecado original según la Tradición de la Iglesia, dejando libertad de escuela para explicar su naturaleza. Y otro tanto ocurre en múltiples aspectos.

El Catecismo no usa nunca una exposición negativa (“hay teólogos que dicen tal o cual y están equivocados”), sino una exposición positiva, expresando con claridad los puntos que pertenecen a la fe. Sin embargo, el Catecismo lo hace con tal claridad, que no pocos teólogos comprenderán que sus teorías quedan en entredicho. Y éste es ni más ni menos que el servicio a la fe que solicitaron del Catecismo los padres sinodales.

Hay quien ha postulado que el Catecismo se limitara a la exposición de los dogmas de la fe, dejando lo demás a la discusión teológica. Pero sería preciso recordar que lo que los obispos del 85 pidieron fue que se expusiera toda la fe de la Iglesia. Y en este sentido es preciso tener en cuenta que los dogmas son más bien pocos, siendo muchas más amplias las verdades de fe divina o católica. Los dogmas son simplemente aquellas verdades de fe que la Iglesia ha tenido que precisar como pertenecientes a la Revelación ante un error concreto. Pero el hecho de que una verdad sea dogma no significa ni que sea más verdad ni más importante. De hecho, la resurrección de Cristo no es dogma y es más importante que la Asunción de María, que sí lo es.

Queda, pues, un amplio campo para la teología; pero una teología que sirva para esclarecer la fe del pueblo de Dios y no para desvirtuarla, rebajando el misterio y haciendo ofertas de consumo. Sigue siendo necesaria la función de la teología, aunque quizá puede ocurrir que disminuya el protagonismo excesivo que han tenido los teólogos en la época postconciliar, en la que, en no pocos casos, han pretendido una función magisterial que no les corresponde. Su explicación sirve para iluminar la verdad, pero no la garantiza. Sólo la fe de todo el pueblo de Dios, interpretada auténticamente por el magisterio, es la garantía de la verdad revelada.

No olvidemos, en todo caso, que ningún documento estampado por colectivos de teólogos que se dicen dialogantes, ha tenido nunca tanta participación en su redacción como el Catecismo actual.