EE.UU.: más católicos hispanos, pero más hispanos sin religión

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Hasta ahora, los expertos de información religiosa daban por supuesta la creciente importancia que iban a tener los hispanos en la evolución de la Iglesia católica en Estados Unidos. Sin embargo, las cosas podrían cambiar en el futuro ante los problemas que plantean la secularización, las desigualdades sociales y la desconfianza hacia los inmigrantes.

Actualmente, hay 30 millones de católicos de origen hispano en Estados Unidos, lo que supone el 35% del total de católicos del país, y más del 50% entre los menores de 25 años. A los hispanos se debe el 71% del aumento de católicos en este país desde 1960.

A la vista de estos datos, muchos predecían un fuerte crecimiento de la Iglesia católica en Estados Unidos merced a los hispanos. Sin embargo, lo que ahora se pone en duda es si los inmigrantes hispanos -sobre todo, los de segunda y tercera generación- mantendrán su identidad católica a medida que van asimilándose más a la cultura dominante.

Esta es una de las preocupaciones principales de la Conferencia Episcopal de EE.UU. “Hoy día el gran problema no es que los católicos hispanos cambien de confesión, sino que adopten un estilo de vida secularizado donde la religión cada vez importe menos”, explica Allan Figueroa Deck, sacerdote y director de la Secretaría sobre Diversidad Cultural de la Conferencia.

Los temores de Figueroa están fundados en los datos que aportan algunos sondeos recientes. Según un informe realizado por investigadores del Trinity College, en Hartford (Connecticut), la proporción de católicos que son hispanos sigue aumentando en Estados Unidos.

Entre 1990 y 2008, 11 millones de adultos -de los cuales, 9 millones eran hispanos- se incorporaron a la Iglesia católica. En 1990, los hispanos suponían el 20% del total de católicos del país; en 2008, ese porcentaje subió hasta un 32%.

Pero el estudio saca a la luz otra tendencia: el aumento del número de hispanos en Estados Unidos que no se consideran católicos, bien porque se declaran protestantes o porque no se adscriben a ninguna confesión.

El primer caso ya era conocido, y a los obispos les preocupa menos. En parte, porque no es infrecuente que quienes se marchan tras los cantos de sirena del pentecostalismo o de ciertas confesiones protestantes, terminen regresando a la Iglesia católica.

Más llamativo es el caso de los que no se adscriben a ninguna religión. Aunque se trata de una tendencia que afecta al conjunto de la sociedad estadounidense, entre los hispanos se ha duplicado en casi dos décadas. Así, del millón de adultos en Estados Unidos que se declaraban “sin religión” en 1990, un 6% eran hispanos; en 2008, esa cifra llegó a los 4 millones, de los cuales un 12% eran hispanos.

Fuerza hispana

Que los hispanos siguen siendo una fuerza básica para revitalizar el catolicismo en Estados Unidos está fuera de duda. Así lo ha reconocido en diversas ocasiones el arzobispo José Gómez, de origen mexicano, coadjutor de la archidiócesis de Los Ángeles, que sucederá al cardenal Roger Mahony, de 74 años, cuando se retire en 2011 (cfr. Aceprensa, 7-04-2010).

En una entrevista realizada por Catholic News Agency (28-05-2010), Gómez defiende con convicción el papel que los hispanos pueden tener en “el renacer espiritual de Estados Unidos”. A su juicio, este país necesita redescubrir valores como la religión, la familia, la amistad, el sentido de pertenencia a una comunidad o la cultura de la vida.

Ahora bien, al arzobispo Gómez no se le pasan por alto los problemas que afectan hoy a los católicos hispanos en Estados Unidos. Él los resume en tres: la creciente secularización del país (sobre todo, en el ámbito de la cultura); las desigualdades sociales; y la desconfianza hacia los inmigrantes que se advierte en parte de la población (también entre los católicos nativos).

Para Gómez, el desafío más serio es la influencia de “una cultura agresivamente secularizada”; un asunto del que apenas se habla en las discusiones en torno al futuro de los católicos hispanos.

“El ‘ateísmo práctico’ se ha convertido de hecho en la religión oficial de Estados Unidos. Para desenvolverte con éxito en la vida económica, política y social del país, tienes que pagar el precio de vivir como si Dios no existiera. La religión en Estados Unidos es algo que se reserva para los domingos o para el ámbito familiar, pero no estás autorizado a que te influya el resto de la semana”.

Este ambiente secularizado ejerce más presión sobre los católicos hispanos que sobre los nativos. “A los inmigrantes -explica Gómez- se les exige que encajen en la sociedad de acogida; tienen que demostrar que son ‘auténticos’ norteamericanos”. Así entendido, el laicismo se convierte en un chantaje: si quieres progresar en la escala social, has de dejar a un lado tu identidad católica.

Clima de recelo

Otro problema que a menudo se olvida cuando se piensa en los hispanos de Estados Unidos es que “todavía una cuarta parte de ellos por debajo del umbral de pobreza. Si a esto se suma la tasa de abandono escolar (un 22% en secundaria) y el fuerte aumento de niños hispanos que crecen en hogares monoparentales -dos indicadores claros de futura pobreza-, podríamos encontrarnos con una clase marginada”.

Tampoco se habla lo suficiente, dice Gómez, de los problemas sociales y morales de los hispanos. “Nuestra gente tiene las tasas más altas de embarazos adolescentes, abortos y nacimientos extramatrimoniales en comparación con los demás grupos étnicos del país”.

Por último, Gómez denuncia el clima de recelo ante los inmigrantes. “Por desgracia, el sentimiento anti-inmigración y anti-hispano sigue siendo un problema en nuestra sociedad, incluso entre algunos católicos. No quiero dramatizar. Pero tenemos que ser honrados y reconocer que hay un prejuicio racial latente en muchos de los debates actuales en torno a la inmigración”.

“No me refiero sólo al racismo o la xenofobia. Hay algo que todavía me entristece más: el hecho de que muchos católicos estadounidenses hayan dejado de ver a los recién llegados como sus hermanos en la fe”.

El arzobispo aclara que la Iglesia católica no tiene una postura política sobre la inmigración. Pero exige respeto a la dignidad y los derechos de los inmigrantes, a la vez que recuerda a éstos sus deberes como ciudadanos.

Para explicar esto, los obispos estadounidenses han relanzado la campaña “Justice for Immigrants: A Journey of Hope” (cfr. Aceprensa, 18-05-2005). A través de una nueva página web, ofrecen apoyo a los inmigrantes; tratan de promover una reforma global de las leyes de inmigración; e intentan cambiar las actitudes de desconfianza.

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