EE.UU.: extendidas creencias religiosas con efectos políticos

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Ya en los primeros escarceos de la batalla electoral se habla mucho del llamado voto religioso. Para tomar la temperatura de este importante factor al inicio de la campaña acaba de ser publicado un segundo informe del Pew Forum on Religion & Public Life, elaborada a partir de 35.000 entrevistas.

El 92% de los entrevistados manifiesta creer en Dios. El 62% cree en un Dios personal, mientras que el 25% entiende que se trata de una fuerza de carácter impersonal. El 7% restante no se atreve a determinar la naturaleza de la divinidad.

Haciéndose eco de este estudio, los medios norteamericanos han destacado que “los americanos no son rígidos con sus creencias” (The Washington Post). Es lo que resalta el diario de la capital al informar sobre el estudio, que en efecto sostiene que más de dos tercios de los entrevistados fieles de alguna confesión opinan que la salvación puede alcanzarse también a través de otras religiones.

Otro estudio reciente sobre la lectura de las Escrituras concluía que los estadounidenses son los que más leen la Biblia (ver Aceprensa en Internet, 29-04-2008). Ahora, al ser preguntados por la importancia que en su fe tienen los textos sagrados, el 63% opina que se trata verdaderamente de palabra divina revelada. El 33% opina que esos textos deben ser interpretados literalmente.

Sobre las creencias de quienes no practican de modo habitual, el estudio concluye que el 41% considera no obstante que la religión tiene un papel importante en sus vidas. Cerca de un 70% dice creer en Dios aunque no practique, y casi un cuarto (27%) confiesa que asiste a los servicios religiosos de manera esporádica.

La conexión entre intensidad de práctica religiosa y opiniones políticas se manifiesta con especial fuerza en torno a dos cuestiones: el aborto y la equiparación de las uniones homosexuales al matrimonio. Por ejemplo, tres de cada cuatro evangélicos que acuden a la iglesia al menos una vez por semana defiende que el aborto debería ser ilegal en todos los casos. También se manifiestan contrarios al aborto el 45% de los evangélicos no practicantes.

Una fe que unifica

En este contexto de diversidad de creencias y confesiones, es interesante el artículo “Religion and America; back to basics” de Anne Marie Slaughter y Tod Lindberg en International Herald Tribune (22-06-2008).

Los autores explican que en la sociedad y en la cultura norteamericana existen algunas convicciones heredadas de la tradición judeocristiana que están en el sustrato de un buen número de estrategias y planteamientos políticos. Para Slaughter y Lindberg, no se trata de simples valores etéreos ajenos a los acuciantes problemas reales. “Esos principios no son generalizaciones abstractas, sino el punto de partida de determinadas y muy concretas posiciones de política exterior”. Según el artículo, “para muchas personas de fe, la justicia en la tierra no es sino una pálida imitación de la justicia divina. Pero no deja de ser imitación, en su sentido más fuerte. La revelación divina viene acompañada de un código de conducta para la vida sobre la tierra”.

Tras recoger ejemplos de algunos valores universalmente admitidos hoy que ya estaban presentes en la Biblia (preocupación por los demás, juzgar desde la perspectiva de nuestras propias faltas, respeto a la vida, búsqueda del bien común por encima de intereses particulares), los autores dicen que “quienes comparten una fe religiosa, actuarán en conformidad con estos principios, buscando una recompensa celestial (o por un temor de castigo divino). Pero también hay una recompensa en este mundo por actuar de acuerdo a esos principios”.

Se trata de valores que llevan, por ejemplo, a que “los Estados Unidos hagan todo lo posible para detener la matanza en Darfur”, o a un “esfuerzo incansable para lograr un mundo sin armas nucleares”. Luego “existe desacuerdo por la manera de llegar a esos principios -dicen los autores- en estrategias, candidatos, o partidos políticos”. Pero, desde luego, esta comprensión de la fe procedente de la tradición judeocristiana “unifica más que divide”, concluye el artículo del International Herald Tribune.

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