Cuando Stalin quiso crear un anti-Vaticano ortodoxo

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Duración lectura: 4m. 45s.

La apertura del archivo central del partido comunista soviético sigue proporcionando revelaciones. Olga Vassilieva, del Centro de Investigación de Religiones de la Academia de las Ciencias de Moscú, y Markus Weher, historiador especializado en el Este de Europa, escriben en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (27-IV-94) sobre el intento de Stalin de crear una organización eclesiástica en diversos países manipulada por el Kremlin.

Los documentos del archivo del PCUS permiten aclarar ahora los planes de Stalin para la creación de un “Vaticano” propio.

Stalin abrió dos frentes en su lucha contra las Iglesias. Primero agrupó las Iglesias ortodoxas autónomas en el Patriarcado de Moscú. El centro de la Iglesia ortodoxa mundial se trasladó al centro del comunismo. La responsabilidad de este asunto se traspasó al coronel Karpov y a los especialistas en relaciones exteriores de la Lubianka (la policía del Estado) (…). El Patriarcado de Moscú debía ser sólo un obligado y mudo instrumento de los nuevos señores del Kremlin.

En los últimos meses de 1943 y durante el año siguiente, la Iglesia ortodoxa rusa emprendió una actividad febril para establecer contactos internacionales. Esto produjo sus frutos muy pronto. En enero de 1945, los patriarcas ortodoxos de Antioquía y Alejandría asistían como invitados al Sínodo nacional de la Iglesia ortodoxa rusa en Moscú. Comunicaron al Patriarca ruso Alexis (Simanski) que romperían las relaciones con la cabeza de la Iglesia ortodoxa en el extranjero, el metropolita Anastasios (…). Los representates de la Iglesia ortodoxa de Constantinopla, Rumania y Serbia se les unieron. El jefe de los ortodoxos búlgaros, Stefanos, declara ya en el verano de 1946 que él se orienta hacia “la grande, poderosa Unión Soviética y a la Iglesia rusa con su patriarca Alexis (…)”.

(…) En dos años se había hecho realidad una unión de las Iglesias ortodoxas europeas bajo la dirección de la rusa, es decir, del Consejo para asuntos de la Iglesia ortodoxa rusa. Al mismo tiempo, Karpov propuso a Stalin “fortalecer la influencia de los patriarcados del próximo Oriente que, aunque tienen pocos miembros, gozan de gran autoridad”.

(…) El segundo frente abierto por Stalin contra el Vaticano consistió en ataques directos a la Iglesia católica. También en este caso elaboró los planes Karpov, con ayuda de su lugarteniente Saizev, como él coronel de la Lubianka. El programa de la lucha contra el Vaticano se esbozó en un documento de cinco puntos: “a) Los uniatas de la URSS deben ser definitivamente eliminados. b) Deben tomarse medidas análogas en otros países (por ejemplo, Checoslovaquia y Yugoslavia). c) En el Consejo preparatorio del Sínodo de 1947 deberá hacerse un enjuiciamiento decisivo contra el papismo, desde el punto de vista del dogma. d) Hay que editar en el extranjero una gran cantidad de artículos contra el Vaticano. e) Hay que formar una alianza de las Iglesias cristianas, con la Iglesia ortodoxa rusa a la cabeza, en forma de movimiento internacional de lucha contra el Vaticano; se invitará a formar parte de él a otras confesiones”.

Estas instrucciones son más bien lacónicas; pero para llevarlas a cabo hicieron falta algunos esfuerzos. Sólo la “liquidación” de los uniatas de la URSS afectaba a 1.997 comunidades eclesiales en de Ucrania y a 399 en la zona de los Cárpatos, con un total de tres millones de miembros.

El artículo recuerda que en abril de 1945 se encarceló al metropolita de los uniatas, Josyf Slipyj, y a varios obispos, acusados de conspiración nacionalista y de colaboracionismo durante la ocupación alemana; se crearon, por encargo gubernamental, “grupos de iniciativa” de sacerdotes uniatas dispuestos a entrar en la Iglesia ortodoxa. En febrero de 1946, Stalin recibe una carta de Nikita Jrushchov,entonces jefe del PCUS de Ucrania, que le da cuenta del éxito de la creación de esos “grupos de inciativa”, que piden la entrada de los grecocatólicos en la Iglesia ortodoxa.

(…) En marzo de 1946 se reúne en Lvov el sínodo de la Iglesia uniata de Ucrania, un sínodo preparado por el sacerdote Harrylo Kostlenik y otros miembros del “grupo de iniciativa”. Se decidió disolver la unión y conducir a los grecocatólicos a la fe ortodoxa (…).

La Iglesia uniata de los Cárpatos aguantó algo más. Pero tampoco pudo resistirse a la unión con la Iglesia ortodoxa rusa, en agosto de 1949. Un año antes ocurre lo mismo con los uniatas de Rumania. Después, con los eslovacos. Karpov no consigue disolver a los uniatas checos, pero sí dividirlos y someterlos a una dura persecución.

(…) Faltaba la alianza antirromana con las otras confesiones. El Consejo para asuntos de la Iglesia ortodoxa rusa vio un posible aliado para ello en la Iglesia anglicana (…).

Los autores explican en su artículo que el gobierno de Stalin tenía tanto interés en la cuestión, que animó a la Iglesia ortodoxa rusa a invitar al Arzobispo de Canterbury a fin de que se prestase a la campaña común contra el Vaticano. Al mismo tiempo, Karpov planea que los representantes de la Iglesia ortodoxa rusa aclaren a los anglicanos la postura del gobierno soviético frente al movimiento ecuménico, una iniciativa internacional de la Iglesia anglicana que los comunistas tenían por antisoviética.

Los anglicanos se resistieron a dejarse presionar por Moscú. Las negativas no impidieron que el programa de acciones de Karpov continuara en marcha, pero los planes de la campaña antivaticana de Stalin ya habían pasado en 1948 su máximo de intensidad. Parece que el “padre de los pueblos” fue perdiendo el interés por su “Vaticano ortodoxo”.

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