Constituida la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales

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Duración lectura: 2m. 12s.

Con un “motu proprio” del pasado 1 de enero, Juan Pablo II instituyó la “Academia Pontificia de las Ciencias Sociales”. Con esta iniciativa, la Santa Sede pretende establecer un cauce que facilite la constante actualización de la doctrina social de la Iglesia ante los problemas de cada época.

La Academia tendrá una actividad autónoma. Es decir, sus estudios e informes, fruto de reuniones y simposios, no serán una especie de “respuesta católica”, sino informaciones científicas que se pondrán a disposición del magisterio de la Iglesia. La nueva Academia sigue el modelo de la Academia Pontificia de las Ciencias. Estará integrada por un máximo de cuarenta académicos de todo el mundo, “elegidos por su alto nivel de competencia en las diversas ciencias sociales, y sin distinción de confesión religiosa”, según precisó el cardenal Roger Etchegaray, presidente del Consejo Pontificio “Justicia y Paz”.

De momento, el Papa ha nombrado ya 31 miembros, procedentes de 24 países, entre los que figura el premio Nobel de economía Kenneth J. Arrow, de la Universidad Stanford (Estados Unidos); Hans Tietmeyer, presidente del Bundesbank; el ex presidente colombiano Belisario Betancur; el filósofo italiano Rocco Buttiglione, y la ex primera ministra polaca Hanna Suchocka.

El presidente es el economista francés Edmond Malinvaud, profesor del Collège de France y ex presidente de la Asociación Internacional de Ciencias Económicas. El sostenimiento económico de la Academia corre a cargo de un Consejo de Fundación, con sede en Viena, presidido por el profesor Herbert Batliner.

El Papa afirma también en el documento de institución que “tras la caída del socialismo real, el mundo no está ya dividido en dos bloques enemigos, y sin embargo se enfrenta a nuevas crisis económicas, sociales y políticas de dimensiones planetarias”.

Aunque la Iglesia no se atribuye la competencia de presentar respuestas técnicas adecuadas a todos estos problemas, añade el Pontífice, “se siente obligada, más que nunca, a ofrecer su propia aportación para la salvaguardia de la paz y para la construcción de una sociedad digna del hombre”. Para estar en condiciones de hacer esto, “necesita un contacto profundo y constante con las ciencias sociales modernas, con sus investigaciones y con sus resultados”: de ahí, concluye Juan Pablo II, la conveniencia de la nueva Academia, que será un ámbito privilegiado de diálogo interdisciplinar.

La Santa Sede cuenta en la actualidad con cinco academias pontificias. La más conocida es la Academia Pontificia de las Ciencias, integrada por ochenta miembros, dedicada a las ciencias naturales, físicas y matemáticas.

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