Charles Chaput, nuevo arzobispo de Filadelfia, no deja a nadie indiferente

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Duración lectura: 9m. 14s.

“La protección del niño no nacido y el servicio a los pobres derivan del mismo deber cristiano de trabajar por la justicia social”

Benedicto XVI ha nombrado como nuevo arzobispo de Filadelfia al hasta ahora arzobispo de Denver, Mons. Charles Chaput, una figura destacada por su ortodoxia doctrinal, su impulso evangelizador y su disposición a no eludir temas controvertidos. Sustituye al cardenal Justin Rigali, de 76 años, que había presentado su dimisión por motivos de edad.

Charles Chaput, de 66 años, religioso capuchino, ha emergido en los últimos años como una voz importante y clara en debates doctrinales con repercusiones en la vida pública. Pero además ha cumplido misiones delicadas para la Santa Sede. Formó parte del equipo de obispos encargados de hacer una revisión del estado de los Legionarios de Cristo, y también se le encargó hacer una visita apostólica de la diócesis de Toowoomba (Australia), cuyo obispo William Morris fue después destituido.

Se considera que el nombramiento de Chaput es fruto de una elección muy personal de Benedicto XVI. Con esta decisión, Benedicto XVI ha elegido ya a los obispos que están al frente de cinco de las diócesis más importantes de EE.UU.

Chaput pide coherencia a los católicos a la hora de intervenir en la política y que las Universidades u hospitales que llevan el nombre de católicos no renuncien a su identidad

La diócesis de Filadelfia cuenta con una población católica de casi 1,5 millones, 770 sacerdotes, 2.782 religiosas y 98 religiosos, 85.000 alumnos en escuelas católicas de primaria y secundaria, y 41.000 en colleges universitarios.

Creativos en la Nueva Evangelización

La figura de Chaput ha ido adquiriendo un relieve nacional en la Iglesia católica de EE.UU. por su acción y sus pronunciamientos, aunque no ha ocupado puestos destacados en la Conferencia Episcopal.

A los que le han puesto la etiqueta de “conservador”, Chaput responde –en una larga entrevista con John Allen, corresponsal del National Catholic Reporter (19-07-2011)– que como obispo “no tengo derecho a jugar con la tradición, que es la tradición apostólica de la Iglesia”, si bien quiere “aplicar esa enseñanza de un modo creativo y actual”. Haciendo suyas las palabras de San Francisco, dice que se trata de “abrazar el Evangelio completo, sin compromisos, en todo tiempo y circunstancia”.

Afirma que sus puntos de referencia son “la enseñanza y la tradición de la Iglesia, incluidas las enseñanzas del Vaticano II, que es la más clara e importante expresión de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia en lo que llevo de vida”, y la fidelidad al Santo Padre, lo cual exige también compartir con él experiencias y puntos de vista de un modo colegial. En la citada entrevista deja claro que no se puede predicar el Evangelio si no se vive el amor y la preocupación concreta por los pobres.

Como obispo, piensa que su deber es estimular a clérigos y laicos a “ser creativos en la Nueva Evangelización”. Ve necesario animar a los laicos para que se den cuenta que “también ellos están llamados a ser evangelizadores”.

Católicos coherentes en la vida pública

Esto es lo que le lleva también a pedir coherencia a los católicos a la hora de intervenir en la política. En 2008, Chaput publicó un libro titulado Render unto Caesar, en el que decía que “la gente que se toma a Dios en serio no debería silenciar su fe”.

En EE.UU. se ha planteado si se puede negar la comunión a políticos que respaldan políticas contradictorias con la enseñanza de la Iglesia sobre la moral natural, como ocurre en el caso de la legalización del aborto. Chaput explica que en tales casos esos políticos “deberían renunciar por sí mismos a recibir la comunión”, porque “no están en comunión con la Iglesia. Y, si no lo están, es hipócrita recibir la comunión”.

Si no lo hacen, habrá que hablar personalmente con ellos y “si comprenden la enseñanza de la Iglesia y siguen actuando en contra de ella, deberíamos pedirles que no comulgaran”. Y “si siguen haciéndolo de un modo que causa escándalo, lo que puede llevar a otros a cometer el mismo pecado, sería necesario que el obispo dijera algo públicamente”.

Chaput considera que “el aborto es la cuestión fundamental de derechos humanos de nuestra época”. Y que “la protección del niño no nacido y el servicio a los pobres no son cuestiones separadas; ambas derivan del mismo deber cristiano de trabajar por la justicia social”.

Otro tema controvertido sobre el que Chaput no ha dudado en hablar es el matrimonio gay, dejando claro que lo que hace la Iglesia es promover el sentido del matrimonio, no condenar a unas personas. La Iglesia entiende el matrimonio como “el amor fiel entre un iombre y una mujer, permanente, por el bien de los hijos”. La Iglesia cree que la sexualidad humana tiene que ver con el amor y la procreación. Y “la relación entre dos personas del mismo sexo no está de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia y del Evangelio”. Al mismo tiempo, recuerda que “debemos respetar también a personas que hacen cosas contrarias al Evangelio”.

Un problema de identidad

Al hablar de la actuación de los católicos en la vida pública advierte: “Demasiados católicos confunden sus opiniones personales con una verdadera conciencia cristiana. Demasiados viven su fe como si fuera una asunto privado, que no debe permitirse que se convierta en una molestia pública. Y demasiados, simplemente no creen”. Tenemos que preguntarnos, dice, hasta qué punto somos católicos, sin engañarnos con respuestas del tipo “más o menos” o “a mi manera”, porque “ya no hay sitio en la vida americana para una fe fácil o tibia”.

También ha subrayado la necesidad de que se mantenga la identidad católica de instituciones como Universidades u hospitales que llevan ese título en su nombre. Sobre las Universidades Católicas afirma: “Cuando instituciones católicas de enseñanza superior aflojan o diluyen sus vínculos con la Iglesia, o tratan las enseñanzas católicas como algo al margen de una vida intelectual seria, no son más progresistas o más relevantes. Están escogiendo ser más irrelevantes porque no tienen nada nuevo y seguro que decir al mundo que les rodea. Están traicionándose a sí mismas, a sus estudiantes y a la cultura que Jesucristo quiere que santifiquen”.

Por la misma razón, mantiene que las instituciones sanitarias católicas no se deben ver forzadas a actuar contra sus principios. Recuerda que la Iglesia defiende como un derecho el acceso a una asistencia sanitaria adecuada, por lo que apoya las acciones dirigidas a garantizar esa asistencia. Pero a la vez denuncia que ya en algunos estados “la Iglesia se enfrenta a los intentos del gobierno de forzar a hospitales, clínicas y otros servicios sociales católicos a violar sus principios religiosos”, al pretender que realicen abortos, esterilizaciones y otras intervenciones de este estilo.

También pide coherencia a los que quieren confiar a sus hijos a centros educativos católicos. Así, como obispo de Denver respaldó la decisión de un director de un colegio católico de no admitir al hijo de una pareja de lesbianas, y lo explicó así: “Se supone que nuestras escuelas comparten unas convicciones de fe con las familias. Si los padres no respetan las creencias de la Iglesia o viven de una manera que rechaza abiertamente esas creencias, entonces esa asociación con los padres se hace muy difícil, si no imposible. También crea un estrés injusto a los hijos, que se ven cogidos en medio, y a los profesores, que tienen la obligación de enseñar la auténtica fe de la Iglesia. (…) Muchos padres que envían a sus hijos a escuelas católicas quieren un ambiente en el que la fe católica íntegra sea enseñada y practicada. Esto no puede hacerse si los profesores tienen que estar preocupados por no herir los sentimientos de los alumnos o por no distanciar a los hijos de sus padres. Esto no es justo para nadie, incluida la comunidad escolar en su conjunto. Las personas que tienen una idea del matrimonio o de la vida familiar que contrasta claramente con las creencias de la Iglesia católica son a menudo personas sinceras y de buena voluntad. Pero tienen otras excelentes opciones educativas y deberían considerarlas como el mejor camino para sus hijos”.

Los abusos sexuales en Filadelfia

Charles Chaput llega a la archidiócesis de Filadelfia en un momento en que se encuentra agitada por las consecuencias aún no resueltas de la crisis de abusos sexuales. El pasado febrero, un informe de un gran jurado aseguró que 37 sacerdotes contra los que hay acusaciones creíbles de abusos sexuales estaban aún en el ministerio activo. El cardenal Rigali suspendió a 24 de esos sacerdotes, y encargó a un investigador independiente que valorara las acusaciones, investigación que aún no ha concluido.

Chaput no se pronuncia sobre este informe, que aún no conoce. Pero sí habla del origen de la crisis de abusos sexuales en general.

Recuerda que la revolución sexual de los años 60 y 70 fue un tiempo de desconcierto, en el que muchos obispos estuvieron confusos, como lo estaba la sociedad en general, y que algunos de ellos no actuaron correctamente. Pero también recuerda que muchas autoridades civiles actuaron del mismo modo, en casos producidos en los distritos escolares. Chaput piensa que “hay una tendencia a castigar a la Iglesia como si fuera la única involucrada. Pero es importante que los críticos de la Iglesia la vean en el contexto del conjunto de la sociedad”.

Para resolver la crisis, “hay que dar prioridad a las víctimas y en aquellos que han sido heridos, más que a proteger a la Iglesia”. En pocas palabras, “tenemos que hacer todo lo que podamos para asegurar que los niños están protegidos, para proteger también los derechos de los sacerdotes y para que los fieles tengan confianza en la jerarquía”. En el caso de Filadelfia, cuando se investiguen las acusaciones, aplicará las normas que fueron aprobadas por la Conferencia Episcopal.

Desde el punto de vista espiritual, Chaput piensa que “la crisis nos dice que hemos tenido muchas excusas para no ser fieles al Evangelio. Recuerdo haber oído a gente que argumentaba estas excusas, como la de encontrar ‘nuevos modos’ de ser castos. Solo hay un modo de ser casto, que es el que ha sido siempre. Todo eso eran discusiones estúpidas de los años 60 y 70”.