Catolicismo en una sociedad secularizada: el atractivo de la firmeza

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El cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, desmiente en una entrevista publicada en El Mundo (17-08-2011) la idea de que la secularización sea un proceso irreversible, y analiza el papel de la religión católica en la cultura del “pensamiento débil”.

Gianfranco Ravasi es tenido por uno de los intelectuales más prominentes de la curia romana. Ha escrito más de un centenar de libros y colabora frecuentemente con diversos medios de comunicación italianos. Desde su puesto en el Consejo de la Cultura se ha ocupado de hacer dialogar al catolicismo con las ideas modernas, convencido como está del beneficio de esta relación tanto para la sociedad secular como para el desarrollo de la propia fe católica. El ejemplo más claro de este interés es el “Atrio de los gentiles”, un foro de diálogo entre creyentes, agnósticos y ateos en el que el cardenal Ravasi ha tenido mucho que ver.

Ravasi se muestra optimista con respecto a la deriva secularizadora en el mundo. Cita en este sentido a Harvey Cox, un teólogo que en los años 70 escribió un libro que anunciaba para el futuro una secularización irrefrenable, como si se tratara de una ley histórica. Ese mismo teólogo rectificó hace diez años: la tendencia que se podía observar, afirmó entonces, era más bien un renacer de lo sagrado.

Además, opina el cardenal Ravasi, las mediciones que se hacen de la secularización del mundo no suelen reflejar la realidad de las cosas, porque solo siguen un criterio cuantitativo: cuántos van a Misa, cuántas bodas se celebran por la Iglesia, etc. Sin embargo, la secularización, como cualquier otro fenómeno cultural, ha de ser medida cualitativamente: “Hay personas con una fuerte dimensión de búsqueda personal que, aunque no entren en una iglesia, se hacen preguntas”, afirma el cardenal.

Sin embargo el optimismo del cardenal Ravasi no desconoce la peligrosa naturaleza del secularismo moderno, que no es el mismo que el original. El secularismo moderno se ha contagiado del relativismo y del pensamiento débil propio de la postmodernidad. Ha perdido su capacidad propositiva y ha quedado reducido a un secularismo “por negación, por sustracción”.

En este sentido, el cardenal “echa de menos” el ateísmo de Marx o de Nietzsche: “cuando me encuentro en Italia con Odifreddi, en Francia con Onfray, en Inglaterra con Hitchens y en Estados Unidos con Dawkins, con esos que bromean e ironizan sobre la religión sin entrar en el meollo del problema, es mucho más difícil”.

Precisamente por esto defiende el papel de la Iglesia católica y del papa Benedicto. La Iglesia no puede atender la petición de relajar o relativizar sus principios si quiere permanecer como un faro moral y religioso para el hombre moderno. El Papa no puede dejar de hacer apología de la fe, aunque algunos lo confundan o quieran confundirlo con una actitud de ataque.

Ravasi teme menos al laicismo más aparente y violento, al que pretende eliminar cualquier elemento religioso del espacio público, que al laicismo cultural que lentamente va inoculando una visión inmanente de la vida, en la que no cabe la trascendencia, y que camina directamente hacia la frivolidad: “Con la secularización están dejando de plantearse las grandes preguntas y se permanece en un nivel superficial”.

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