Canadá: rechazo popular a una propuesta de quitar a Dios de la Constitución

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Las referencias a Dios en la vida pública han sido objeto de polémica en Canadá el mes pasado. Dos sucesos han dado ocasión de comprobar que la mayoría de los ciudadanos -creyentes en un 80%- no quiere que se supriman. Primero hubo rechazo generalizado a una propuesta, presentada en el Parlamento, de borrar la mención a Dios que figura en el preámbulo de la Constitución. Después, las reacciones también negativas movieron al gobierno a abandonar su proyecto de que en los juicios los testigos no jurasen sobre la Biblia.

Svend Robinson, diputado del Nuevo Partido Demócrata (NPD), presentó en la Cámara de los Comunes una petición de la Asociación Humanista de Canadá que alegaba que el preámbulo de la Constitución es ofensivo y discriminatorio para los no creyentes. Se refería a la frase: «Canadá está fundada sobre principios que reconocen la supremacía de Dios y el imperio de la ley». Proponía sustituir «supremacía de Dios» por «supremacía de la libertad intelectual».

La petición, avalada por mil firmas de la Asociación, fue mal acogida en el Parlamento y en la calle. El mismo NPD desautorizó y reprendió a Robinson por presentar -con mucha publicidad, incluida una entrevista en televisión- una propuesta que está en contradicción con la postura del partido. Después, Robinson aclaró que sólo era el transmisor de una iniciativa que le habían hecho llegar unos electores de su circunscripción; pero también pidió disculpas a la líder del partido por la inoportunidad con que había actuado.

El caso dio lugar a numerosas reacciones en la prensa. Un editorial del National Post (10-VI-99) calificaba de peligroso quitar de la Constitución el «reconocimiento fundamental de que hay un ser superior al hombre y un legislador con más autoridad que cualquier político o juez». En el mismo diario, la comentarista Susan Martinuk respondía a la objeción de que la mención a Dios es incompatible con el pluralismo del país. La Constitución y las leyes, decía, han de basarse en unos principios determinados, y no pueden abrazar cualquiera, pues no todos son acordes con los derechos fundamentales. Así, «los principios que sostienen la democracia -como igualdad, libertad, verdad, bien común- tienen sus raíces en la tradición judeocristiana». Otros muchos comentarios y cartas de lectores mostraron que la mayoría de los canadienses creen lo mismo.

Poco después, el gobierno hizo saber que renunciaba al proyecto de sustituir el juramento sobre la Biblia que se toma a los testigos en los juicios por una simple promesa sin referencia a Dios. El plan tiene sus precedentes en 1995. Entonces, una comisión oficial, constituida para estudiar cuestiones multiculturales y raciales en el sistema judicial, recomendó que los jueces pidieran a los testigos una promesa de veracidad, sin exigirles -como dice la fórmula tradicional- «decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, con la ayuda de Dios». La comisión alegaba que «las creencias religiosas no se encuentran hoy tan extendidas como antes, y no se les puede suponer el mismo papel unificador que tenían en el pasado». Actualmente, las más veces se sigue usando el juramento sobre la Biblia, pero la ley autoriza a los jueces a admitir otras fórmulas.

El gobierno pretendía eliminar el juramento tradicional, pero ha llegado a la conclusión de que la medida provocaría mucho rechazo. Antes de tomarla, hizo consultas a jueces, representantes de los aborígenes y otras minorías, organizaciones religiosas y otros grupos ciudadanos, y se encontró con que la mitad de las respuestas eran contrarias al cambio. La portavoz del Ministerio de Justicia explicó que la oposición era demasiado fuerte para seguir adelante con el proyecto.

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