Benedicto XVI invita a los jóvenes a hacerse amigos de Dios

Benedicto XVI ha dedicado parte de su segundo día en Reino Unido a la educación. Primero se ha reunido con profesores católicos en la capilla del St. Mary’s University College, de Twickenham (Londres). Después ha hablado ante unos 4.000 estudiantes en el campo de deportes de esa misma universidad, a los que se han sumado por televisión o Internet los alumnos de las demás escuelas y universidades católicas del Reino Unido.

“Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos. Él os ama mucho más de lo que jamás podríais imaginar y quiere lo mejor para vosotros. Y, sin duda, lo mejor para vosotros es que crezcáis en santidad”.

Como buen pedagogo, el Papa ha explicado a los jóvenes con un razonamiento sencillo en qué consiste esa llamada a ser santos. “Dios quiere vuestra amistad. Y cuando comenzáis a ser amigos de Dios, todo en la vida empieza a cambiar. A medida que lo vais conociendo mejor, percibís el deseo de reflejar algo de su infinita bondad en vuestra propia vida”.

De esta forma, la amistad con Dios va produciendo una transformación en cada uno. Se empiezan a ver “la avaricia y el egoísmo y tantos otros pecados como lo que realmente son, tendencias destructivas y peligrosas que causan profundo sufrimiento y un gran daño, y deseáis evitar caer en esas trampas”.

A la vez, ese contacto con Dios va haciendo que las virtudes se presenten amables y uno empieza a practicarlas. Y el Papa concluye su argumento: “Cuando todo esto comience a sucederos, estáis en camino hacia la santidad”.

Ciencia sin reduccionismos

Benedicto XVI ha animado a los jóvenes a estudiar las materias en un horizonte amplio. “El mundo necesita buenos científicos, pero una perspectiva científica se vuelve peligrosa si ignora la dimensión religiosa y ética de la vida, de la misma manera que la religión se convierte en limitada si rechaza la legítima contribución de la ciencia en nuestra comprensión del mundo”.

El Papa ha terminado dirigiéndose a los alumnos no católicos que estudian en esos centros. “Rezo para que también vosotros os sintáis movidos a la práctica de la virtud y crezcáis en el conocimiento y en la amistad con Dios junto a vuestros compañeros católicos”.

La búsqueda del sentido último de la vida

En el encuentro en St Mary’s University con los líderes de otras comunidades religiosas -judía, musulmana, hindú y sikh- Benedicto XVI se centró en lo que, por caminos diferentes, todas las religiones buscan: “Una respuesta al interrogante más importante: el relativo al sentido último de nuestra existencia humana”. Recordando a San Agustín (“Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”), subrayó que “la iniciativa no depende de nosotros, sino del Señor: no se trata tanto de que le buscamos a Él, sino que es Él quien nos busca a nosotros; más aún es quien ha puesto en nuestros corazones ese anhelo de Él.”

Lo que la ciencia no puede dar

Sin mencionar a los “nuevos ateos”, tan activos en Gran Bretaña con su pretensión de que la ciencia hace inútil el recurso a Dios, Benedicto XVI reconoció que “desde su propio ámbito, las ciencias humanas y naturales nos proporcionan unos conocimientos asombrosos sobre algunos aspectos de nuestra existencia y enriquecen nuestra comprensión sobre el funcionamiento del universo físico.” Pero advirtió que “aun así, estas disciplinas no dan, ni pueden dar, una respuesta a la pregunta fundamental, porque su campo de acción es otro. No pueden satisfacer los deseos más profundos del corazón del hombre; no pueden explicar plenamente nuestro origen y nuestro destino, por qué y para qué existimos; ni siquiera pueden darnos una respuesta exhaustiva a la pregunta: “¿Por qué existe algo en vez de nada?”

Con esta distinción de ámbitos y sin ánimo polémico, Benedicto XVI afirmó que “la búsqueda de lo sagrado no devalúa otros campos de investigación humana”. Más bien, “la genuina creencia religiosa nos sitúa más allá de la utilidad presente, hacia la trascendencia.”

Diálogo interreligioso con reciprocidad

Hizo también el elogio de la colaboración y el diálogo con los miembros de otras religiones. Pero, con franqueza, advirtió que “es necesario que haya reciprocidad en cuantos dialogan.” En concreto, dijo, “pienso en la situación de algunas partes del mundo donde la colaboración y el diálogo interreligioso necesita del respeto recíproco, la libertad para poder practicar la propia religión y participar en actos públicos de culto, así como la libertad de seguir la propia conciencia sin sufrir ostracismo o persecución, incluso después de la conversión de una religión a otra.” Una exigencia que el Papa viene repitiendo, y cuya necesidad es patente en países del mundo islámico y en los sitios de la India donde los cristianos son perseguidos por radicales hinduistas.

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