Beatificado el sacerdote y mártir polaco Jerzy Popieluszko

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Duración lectura: 3m. 19s.

Varsovia. El sacerdote y mártir polaco Jerzy Popieluszko fue beatificado el domingo por la mañana en Varsovia en una ceremonia presidida por monseñor Angelo Amato SDB, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, representante del Santo Padre. Asistieron 150.000 personas, que son las que caben en la plaza del Mariscal Józef Pilsudski.

Jerzy Popieluszko fue asesinado en 1984 por miembros de los servicios de seguridad de la Polonia comunista. El capellán de Solidaridad en la región de Mazovia, se convirtió en objeto de persecución por parte del aparato de seguridad cuando comenzó a celebrar Misas por la Patria poco después de que el general Jaruzelski decretara la ley marcial el 13 de diciembre de 1981 con objeto de ahogar a la naciente sindicato Solidaridad y mantener el régimen comunista.

Desde el momento en que ingresó en el seminario de Varsovia Popieluszko fue automáticamente objeto de la vigilancia de los servicios secretos, como todo candidato al sacerdocio. Llevó siempre con entereza las contradicciones que esto suponía, que no fueron pocas. Por ejemplo, experimentó las humillaciones y los calabozos durante los dos años de servicio militar, un tiempo en el que sus superiores trataron por todos los medios de que abandonara su vocación. No cedió su espíritu, pero su salud física salió mal parada de la larga y dura prueba y no acabó nunca de recuperarse.

Un sacerdote, no un activista político

Jerzy Popieluszko no es un mártir de la política; de hecho ni una sola vez aparece en sus homilías la palabra “comunismo”. Sólo quería devolver a sus ciudadanos la dignidad que les correspondía como hijos de Dios. Le preocupaba que el sistema imperante estuviera coartando sus conciencias, esclavizándoles y haciéndoles víctimas de la mentira y del miedo. Invitaba a todos a la paz y a evitar el revanchismo y el odio: su lema era “vence el mal con el bien”. En sus homilías abordaba temas religiosos y espirituales, pero también cuestiones de actualidad desde un punto de vista ético, conforme a los criterios de la Doctrina Social de la Iglesia.

Era una persona muy normal. Un sacerdote, ordenado en 1972, que un día se encontró en el ojo del ciclón y sencillamente siguió siendo fiel a lo que creía. Hasta aquel momento nunca había llamado la atención por nada en especial, excepto por ser una persona entregada a los demás, especialmente a los enfermos, y desde luego no fue él quien buscó una fama que fue agigantándose semana tras semana hasta que se hizo insoportable a los mandarines del régimen.

En su predicación usaba sobre todo textos del Evangelio, de Juan Pablo II y del primado Wyszynski. Tampoco se puede decir que fuera un gran orador. Fue únicamente fiel hasta el final a las misiones que se le iban encomendando, y eso era mucho, lo era todo.

Las autoridades comunistas reaccionaron contra la acción pastoral del sacerdote con una campaña de difamación, acusándolo de instigación a la rebelión y de actividades ilegales de carácter político. El 19 de octubre de 1984 fue secuestrado por funcionarios de los Servicios de Seguridad del régimen y asesinado.

El momento más conmovedor de la ceremonia de beatificación tuvo lugar cuando la madre del mártir, Marianna Popieluszko, dirigió el rezo de una decena del Rosario, al final de la cual los asistentes a la ceremonia rompieron en aplausos. El arzobispo de Varsovia, Kazimierz Nycz, también tuvo para ella unas palabras: “querida madre de Jerzy, gracias por tu hijo, sacerdote y mártir”. Luego continuó: “Dios le dio la gracia de que en 1984 estuviera en el entierro de su hijo y frente a su tumba como frente a la cruz, y hoy se alegra con la gloria de su elevación a los altares”.