Una filosofía con relieve existencial

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Josef Pieper estudió Filosofía, Derecho y Sociología en la Universidades de Berlín y Münster. Era catedrático de Antropología filosófica en la Universidad de Münster y miembro de la Academia alemana de Lengua y Poesía (Darmstadt). Pocos filósofos han alcanzado tanto éxito editorial. Casi toda su fecunda obra filosófica ha sido traducida al castellano por las editoriales Rialp y Herder.

Sin duda, Josef Pieper es una de las figuras más preclaras del pensamiento católico alemán, junto a Guardini, Ratzinger y Spaemann. Su modo de hacer filosofía responde a una disposición vital comprometida, y está lejos de la jerga de los especialistas y del lenguaje sólo apto para iniciados.

Fue un escrito suyo el que me movió a estudiar filosofía y sigo creyendo que sus libros El ocio y la vida intelectual y Defensa de la Filosofía son la mejor introducción a este saber. En ellos emprende la apología de la teoría y de la sabiduría al preguntarse sobre la totalidad de cuanto existe (filosofía, arte y religión), frente a las demandas totalitarias del mundo del trabajo y sus perentorias exigencias utilitaristas. Denunciará con acierto y perspicacia las imitaciones fraudulentas del verdadero filosofar (por parte del sofista), del arte (en el bestseller) y de la religión (en la práctica mágica y sentimental).

Su método peculiar

La defensa de la actividad contemplativa y teorética le llevará a escribir un bellísimo ensayo –Una teoría de la fiesta en el que denuncia la dificultad del hombre contemporáneo para celebrar una verdadera fiesta. Sabemos montar espectáculos de alegrías prefabricadas y comercialmente programadas, pero se nos escapa el significado profundo de la fiesta. En ella se accede a algo distinto de lo cotidiano, y exige cierta capacidad contemplativa para ver los fundamentos metafísicos de la existencia. Nos lleva a ver que todo lo que existe es bueno, y es bueno que exista.

Hay al menos dos aspectos que separan a Pieper del común modo de hacer filosofía académica, y que explican tanto el éxito que ha tenido entre todo tipo de lectores, como la reticencia de algunos filósofos profesionales, que le tildan de “divulgador” o ensayista sugerente. El primero es su lenguaje, de diáfana belleza literaria –extraño al pesado estilo germánico de hacer filosofía– y sin tecnicismos filosóficos. Dice: “No sólo Laotsé, Platón y Agustín, sino también Aristóteles y Tomás, ignoran toda verdadera terminología especializada”. Muchos de sus escritos son densos, pero de una densidad sencilla y sugerente. Ya en una de sus primeras obras, Entusiasmo y delirio divino, analiza el diálogo platónico Fedro y tiene muy en cuenta la permanente tentación sofística del lenguaje filosófico.

Sin respetar las demarcaciones

El segundo aspecto que no le perdonan muchos de sus colegas es que se salte las tradicionales demarcaciones académicas. Como ocurre con dos libros –uno referido a la Escolástica medieval y otro a Tomás de Aquino–, reunidos en la traducción castellana con el título de Filosofía medieval y mundo moderno. Son un fascinante recorrido en el que mezcla estudios históricos, sociológicos, de filosofía de la cultura e impecables desarrollos metafísicos. Pieper conjuga diversas metodologías a la hora de estudiar períodos históricos y de abordar problemas sistemáticos de filosofía. Aunque siempre es consciente de que ante todo es filósofo, no tendrá reparo en echar mano de los mitos antiguos, de textos de la revelación cristiana, de novelistas, poetas y científicos, siempre que le sirva para esclarecer la realidad. Más que las consideraciones metódicas formales o la pureza metodológica de la pregunta filosófica, le interesan las respuestas, vengan de donde vengan (revelación, poesía, arte…), siempre con la criba adecuada del discernimiento racional.

Este método le lleva a separarse de lo que es habitual entre los filósofos tomistas, celosos de una demarcación entre filosofía y teología. Pregunta Pieper: “¿Forma parte del auténtico quehacer del que filosofa el incluir en su consideración informaciones sobre el mundo y la existencia, que no proceden de la experiencia y de argumentos de razón, sino de un sector que conviene designar con nombres tales como “revelación”, “sagrada tradición”, “fe”, “teología”? ¿Se pueden incluir legítimamente en el filosofar aserciones no demostrables empírica y racionalmente? Ahora bien, a esta pregunta respondo que no sólo es posible y legítimo, sino incluso necesario”. Aquí no está hablando de “la” filosofía sino del filosofar existencial y de la persona que filosofa.

Enfrentarse a las cuestiones radicales

Es este último aspecto el que Pieper enfatiza: una filosofía con relevancia existencial y vital. Todo induce a pensar que el hombre cuando trata de aclarar el sentido del mundo y de la existencia, inevitablemente recurre a informaciones que son “suprarracionales”, en el sentido de que no se pueden confirmar con la experiencia ni con argumentos de razón.

Incluso el repudio de toda revelación, como es el caso de Sartre, que intenta llevar hasta las últimas consecuencias la no existencia de Dios, parte de un aserto de fe. Pues presupone la no existencia de Dios con mayor credulidad que la filosofía tradicional presupone el carácter creado del mundo. Sin embargo, la filosofía de Sartre, por partir de un aserto de fe -la no existencia de Dios-, tiene fuerza y relieve existencial, que es el distintivo de una filosofía practicada con seriedad. Esto contrasta con la sofística académica, cuyo imperativo de la discreción le lleva a dejar siempre en la penumbra las posturas decisivas y excluyentes; y a practicar un filosofar insulso y descomprometido en el que las cuestiones radicales van entre paréntesis o no se plantean, mientras se permanece confinado en un pensamiento químicamente puro de poco alcance vital.

Enfrentarse a los problemas y buscar respuestas vengan de donde vengan es lo que caracteriza el modo de filosofar de Pieper, ajeno a demarcaciones académicas consagradas. Las fronteras entre filosofía, sociología, psicología y teología son difusas y carecen de importancia en los temas cruciales. Así lo muestra en sus escritos Muerte e inmortalidad, El concepto de pecado, y –al tratar sobre la escatología y el sentido de la historia– en El fin del tiempo.

Las virtudes fundamentales

Junto a la amplitud temática, Pieper se caracterizó por dominar con maestría el método fenomenológico. Son brillantes, finas y llenas de aciertos las descripciones de las distintas virtudes que caracterizan el concepto cristiano del hombre. El método fenomenológico es el pórtico de entrada para la fundamentación plenamente metafísica. Sus acercamientos descriptivos a la realidad del amor, de la mano de diversos autores (Rilke, C.S. Lewis, Stendhal, etc.) no llegarán a puerto hasta hablar del “regalo esencial”, que es, como define Tomás de Aquino, el amor. Así sucede con el magnífico tratamiento de las virtudes, entre las que destacan, como verdaderas joyas de la literatura y el pensamiento, las relativas a la esperanza y la templanza.

Fue un acierto editorial reunir los siete libros sobre las virtudes teologales y cardinales en Las virtudes fundamentales. Este libro está llamado a perdurar y es el mejor exponente de una antropología a la luz de la ética, de la visión del hombre desde la perspectiva de la excelencia humana, pues la moral para Tomás de Aquino, el maestro de Pieper, trata “de la idea verdadera del hombre”.

Quizás la obra de mayor calado metafísico es El descubrimiento de la realidad. Reúne dos ensayos sobre las nociones de bien y verdad, y es una de las mejores fundamentaciones de la objetividad de estos términos. “Quien quiera conocer y hacer el bien debe dirigir su mirada al mundo objetivo del ser. No al propio ‘sentimiento’, no a la ‘conciencia’, no a los ‘valores’, no a los ‘ideales’ y ‘modelos’ arbitrariamente propuestos. Debe prescindir de su propio acto y mirar a la realidad”. Así comienza este decisivo libro que adopta como lema una frase de Goethe: “Todas las leyes y normas morales se pueden reducir a una: la verdad”. Lo decisivo para Pieper es descubrir la realidad, con la que al cabo siempre nos encontramos.

Jorge Peña Vial
Director del Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes
(Santiago de Chile)

 


 

Bibliografía de Josef Pieper en castellano

* Actualidad del tomismo (Rialp, 1952). Agotado.

* Catecismo del cristiano (Rialp, 1954). Agotado.

* Sobre el fin de los tiempos (Rialp, 1955). Agotado.

* Introducción a Tomás de Aquino. Doce lecciones (Rialp. 2005, 2012).

* El ocio y la vida intelectual (Rialp, 1962, 1998, 2003).

* Entusiasmo y delirio divino (Rialp, 1965). Agotado.

* Esperanza e historia (Sígueme, 1968). Agotado.

* Muerte e inmortalidad (Herder, 1970, 1982). Agotado.

* Defensa de la filosofía (Herder, 1970, 1989).

* El descubrimiento de la realidad (Rialp, 1974). Agotado.

* Una teoría de la fiesta (Rialp, 1974).

* Las virtudes fundamentales (Rialp, 1976, 1997, 2003).

* Filosofía medieval y mundo moderno (Rialp,1979). Agotado.

* La fe ante el reto de la cultura contemporánea (Rialp, 1980, 2000).

* Sobre los mitos platónicos (Herder, 1983).

* El fin del tiempo (Herder, 1984).

* Antología (Herder, 1984).

* El concepto de pecado (Herder, 1986).

* ¿Qué significa sagrado? (Rialp, 1990).

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Ver también: Fernando Inciarte, Josef Pieper: un filósofo de la excelencia humana.

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