Radicales islamizados, no musulmanes radicalizados

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Duración lectura: 2m. 22s.
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Los que cometen atentados terroristas incitados por la propaganda del Estado Islámico (EI), ¿responden a un impulso fanático de tipo religioso? El especialista italiano Roberto Rapaccini sostiene en su blog que, a la vista del caso del asesino de Niza, “las iniciativas yihadistas son el resultado de una ‘islamización del radicalismo’, no de una ‘radicalización del islamismo’”.

Esos terroristas parecen tener una frustración y una crisis anterior, y los mensajes del EI les ofrecen una salida. “En la sociedad occidental, que está pasando una fase de malestar –comenta Rapaccini–, ya no hay valores que sirvan de punto de referencia, y todo parece estar dominado por la falta de una ética común, por un vacío ideológico, por una visión relativista general en un contexto de extendido nihilismo. Este clima que existe en las zonas marginales, entre los jóvenes que tienen dificultades para orientarse, radicaliza la actitud crítica frente a la sociedad”. La propaganda del EI, con su invocación del islam, “proporciona un modelo que, aunque discutible, se basa en valores definidos y sólidos, y por lo tanto puede ejercer cierta seducción para aquellos que están en busca de una identidad definida y quieren bloquear la sensación de inseguridad”.

Algo semejante observa Guillaume Monod, consultor en un centro de reclusión para delincuentes juveniles en Francia. Los jóvenes “radicalizados” que ha conocido, cuenta en Le Monde, no se distinguen por su fervor religioso ni por su compromiso político. Uno, preso desde los 17 años, “planeaba matar a su tío, que lo maltrataba, y luego unirse al Estado Islámico y rehacer su vida”, pero “en una zona –precisa– que no estuviera en guerra”.

“Casi todos los menores y jóvenes detenidos que encuentro tienen una ignorancia completa del islam, y si decidieron hacer la yihad, es porque su adhesión no es de orden teológico o político, sino mitológico”. “Del islam no conocen más que los subproductos adulterados que difunden los vídeos de propaganda”, con escenas de gran crueldad, pero también “sembrados de fragmentos extraídos de Star Wars, de Matrix o de El señor de los anillos”. Un chico de 20 años, de padre francés y madre paquistaní, afirma que en los vídeos, los terroristas suicidas, que “marchaban a hacerse estallar”, “eran felices, querían de verdad ir”; “me devolvían la esperanza”.

Así, concluye Rapaccini, “la contestación radical de nuestra sociedad puede sufrir un proceso de islamización”. En tal caso, “la penetración de la cultura islámica fundamentalista no sería el resultado de una agresión externa, sino que resulta posible gracias a nuestra vacío ético”. En suma, “el poder del Estado Islámico encuentra su fundamento en nuestra inseguridad”.