Portugal se despide del bipartidismo

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Portugal se despide del bipartidismo
El nuevo primer ministro portugués, Luís Montenegro (izda.), con su predecesor, António Costa (Gerardo Santos / Europa Press)

Lisboa.— El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, ha tomado juramento al nuevo primer ministro, Luís Montenegro, ganador de las elecciones legislativas del 10 de marzo, que dieron la victoria a la Alianza Democrática (AD), coalición que incluye al PSD (centroderecha), al CDS (democristianos) y al PPM (monárquicos). Montenegro, del PSD, sucede a António Costa, que dimitió el día en que fue objeto de una investigación judicial, interrumpiendo así una secuencia de gobiernos socialistas iniciada en 2015.

El programa de gobierno se presentará la próxima semana, pero los retos a los que se enfrenta el Ejecutivo ya se pusieron de manifiesto la semana pasada. La geometría parlamentaria resultante de las elecciones convirtió una decisión habitualmente pacífica en un drama mediático, cuando el presidente de la Asamblea de la República propuesto por la nueva mayoría no consiguió los apoyos para ser elegido, ni del PS (socialistas) ni de Chega (populistas de derechas). Hubo que esperar hasta el día siguiente para encontrar una solución de rotación, habitual en el Parlamento Europeo pero desconocida en Portugal, en la que el diputado del partido del gobierno ocupa la presidencia los dos primeros años y el diputado propuesto por el PS los dos siguientes.

El acuerdo revela cómo al Gobierno le resultará más fácil dialogar con el PS, uno de los partidos fundadores del régimen democrático y perfectamente integrado en el funcionamiento de las instituciones, que con la derecha populista de Chega, un partido de protesta más centrado en el oportunismo político que en la coherencia programática. Y esto prefigura un gran problema: si Luís Montenegro quiere ser una alternativa al socialismo, haciendo las reformas que los portugueses reclaman en sanidad, educación, justicia y vivienda, tendrá que ganarse el apoyo de Chega en el Parlamento, ya que el PS siempre estará en contra de cualquier inclinación más liberal que el Gobierno quiera hacer valer.

Las elecciones del 10 de marzo

La convocatoria de elecciones anticipadas fue consecuencia de las sospechas que la Fiscalía lanzó sobre António Costa, pero lo cierto es que el Gobierno ya estaba envuelto en una serie de escándalos y en la dimisión sucesiva de más de una decena de miembros. Además de esta sacudida institucional, la sociedad portuguesa también estaba preocupada por el aumento del coste de la vida, las dificultades de acceso a la vivienda y la mala calidad de los servicios públicos de sanidad y educación prestados a la población. Cerca del 75% de los ciudadanos en edad de votar reconocían el peso político que caería sobre sus hombros el 10 de marzo.

La abstención bajó del 49% en las elecciones de 2022 al 40%, lo que refleja un aumento de un millón de votos, al que contribuyó la inesperada participación de los jóvenes. En términos relativos, los electores de entre 18 y 34 años votaron a los partidos que entraron más recientemente en el sistema: liberales (49%), verdes europeos (44%), animalistas (39%), extrema izquierda (33%) y populistas de derechas (32%). Al mismo tiempo, el voto juvenil a los partidos fundadores de la democracia portuguesa en 1974 fue el más reducido: socialistas (10%), comunistas (15%) y centro-derecha (22%).

Chega (populistas de derechas) fue el gran vencedor de las elecciones. En solo cinco años, el partido liderado por André Ventura ha conseguido pasar de un único diputado en 2019 a 12 en 2022, y ya suma 50 escaños en el Parlamento. Chega obtuvo diputados en 21 de las 22 circunscripciones (la excepción a la regla fue el distrito de Braganza), y logró incluso ganar las elecciones en el Algarve. Al ganarse la confianza de casi 1,2 millones de portugueses (18% del total de votos), Chega se inmiscuyó en el tradicional reparto de poder entre los socialistas y el centroderecha, transformando el panorama de los partidos portugueses.

La izquierda en su conjunto fue derrotada, al obtener uno de los peores resultados de la historia de la democracia portuguesa

El escaso 29% de los votos obtenidos por la coalición preelectoral formada por el PSD (centro-derecha), el CDS (democristianos) y el Partido Popular Monárquicos (PPM) no permitió celebrar con gran euforia la victoria en las elecciones. Como está claro que el CDS y el PPM aportaron poco o nada al resultado, toda la atención debe centrarse en el PSD de Montenegro. Comparando el resultado obtenido por la coalición el 10 de marzo y por el PSD en las elecciones de 2022, el resultado es el mismo 29% de los votos (aunque ahora con tres diputados electos más). La mayoría relativa obtenida por el ahora primer ministro de Portugal es la más pequeña de la historia de la democracia portuguesa.

El gran perdedor de las elecciones fue el PS. El partido liderado por Pedro Nuno Santos bajó del 41%, que dio a António Costa la mayoría absoluta en el Parlamento en 2022, a un escaso 28% en las elecciones del mes pasado. El PS obtuvo cerca de la mitad de los votos de los pensionistas y sólo el 10% de los jóvenes, una desproporción que confirma las opiniones críticas sobre la impotencia del PS para liberar a Portugal del estancamiento social y económico y para reformar y renovar la sociedad portuguesa de cara al futuro.

La izquierda en su conjunto también fue derrotada, al obtener uno de los peores resultados de la historia de la democracia portuguesa. Además de la reducción a dos tercios de los diputados socialistas, el PCP (comunistas) también vio reducida su bancada parlamentaria en dos tercios, de seis a cuatro diputados, mientras que el Bloque de Izquierda (BE, extrema izquierda) consiguió mantener los cinco diputados que obtuvo en 2022. Los nueve escaños que BE y PCP tienen en el Parlamento están muy lejos de los 36 que tenían cuando el socialista Costa formó la famosa geringonça con la izquierda revolucionaria en 2015. En la izquierda, solo el partido Livre (Verdes Europeos) tuvo motivos para celebrar, al pasar del único diputado elegido en 2022 a cuatro, y poder formar ahora grupo parlamentario.

Las elecciones del 10 de marzo marcan una fase completamente nueva en la política portuguesa: donde antes predominaba el bipartidismo, ahora ha surgido Chega como tercer gran partido. PSD y Chega suman el 57% de los escaños de la Asamblea de la República (el mejor resultado de la derecha desde que hay elecciones democráticas en Portugal). Si se suman los diputados del PS a los del PSD y Chega, los tres partidos juntos suman el 90% de todo el Parlamento, relegando de hecho a todos los demás partidos – liberales, extrema izquierda, comunistas, verdes europeos y animalistas – a la irrelevancia parlamentaria.

El grave problema político asociado a la aparición de este nuevo tripartidismo reside en el hecho de que tanto el PSD como el PS y Chega tienen la ambición de ser el mayor partido de la democracia portuguesa. André Ventura ha sido claro al afirmar que Chega quiere ser la primera formación de derechas de Portugal (una ambición que nunca ha estado al alcance de los democristianos, que desde 1974 compiten con el PSD por el electorado más conservador en costumbres y liberal en economía). Esta competencia sin precedentes en la derecha hace muy difícil predecir si la actual mayoría absoluta del PSD y Chega en el Parlamento será capaz de llegar a acuerdos políticos.

La victoria pírrica del PSD el 10 de marzo obliga al nuevo gobierno a dialogar con la derecha populista o con los socialistas para gobernar con un mínimo de eficacia. La estrategia que parece estar elaborando el PSD pasa por negociar medida a medida cada una de las políticas del Gobierno. Sin embargo, para que haya una verdadera alternativa de derechas al socialismo que ha gobernado Portugal durante 20 de los últimos 27 años, Luís Montenegro y André Ventura tendrán que llegar a algún tipo de entendimiento.

Antes de las elecciones del 10 de marzo, Luís Montenegro trazó las famosas «líneas rojas» que separan al PSD de Chega: «No es no», dijo el ahora nuevo primer ministro, prometiendo que nunca habría acuerdo de gobierno entre la derecha moderada y la derecha populista. Hoy, conocida la composición de los ministros y en vísperas de la presentación del programa de gobierno, podemos decir que Luís Montenegro ha cumplido su palabra con los portugueses.

A partir de ahora, las únicas «líneas rojas» que limitan la acción política del Gobierno son las que rigieron la elaboración del programa electoral que AD (Alianza Democrática) sometió a votación el 10 de marzo. El futuro inmediato del nuevo Ejecutivo pasa por un entendimiento entre el PSD y Chega, siempre salvaguardando los principios del humanismo cristiano y los valores políticos de las democracias europeas. El resultado de la relación entre ambos –que parece que será mutuamente conflictiva– dictará cuál de los dos será hegemónico en la derecha en los próximos años o incluso décadas.

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